Rue20 Español/ Fez
Marruecos ha entrado en 2026 consolidado como uno de los destinos turísticos más dinámicos del mundo, tras registrar un récord histórico de 20 millones de visitantes internacionales en 2025, una cifra que supone un crecimiento del 14 % respecto al año anterior y confirma la creciente proyección internacional del país.
El Reino ha logrado capitalizar una combinación de factores que lo sitúan entre los destinos más atractivos para los viajeros: una amplia riqueza patrimonial, una oferta cultural diversa, paisajes que van desde el desierto hasta las montañas y las costas mediterráneas y atlánticas, además de unos costes de viaje relativamente competitivos en comparación con otros mercados turísticos de la región, según escribió el periódico americano El Universo.
La diversidad geográfica constituye uno de los principales activos de Marruecos. En un mismo país conviven las extensas dunas del Sáhara, las cumbres del Alto Atlas, ciudades históricas con siglos de antigüedad y kilómetros de litoral repartidos entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Esta variedad permite atraer tanto al turismo cultural como al de naturaleza, aventura o descanso.
Según el mismo medio, las ciudades imperiales continúan siendo uno de los grandes polos de atracción. Fez, Marrakech, Rabat y Meknés conservan un importante legado histórico que se refleja en sus medinas, palacios, mezquitas y mercados tradicionales. A ello se suma la creciente popularidad de localidades costeras como Essaouira, que combina patrimonio, oferta cultural y turismo de playa.
Entre los monumentos más emblemáticos destaca la Mezquita Hassan II de Casablanca, considerada una de las mayores mezquitas del mundo y una de las obras arquitectónicas más representativas del Marruecos contemporáneo. Asimismo, el ksar de Ait Ben Haddou, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, continúa siendo una de las imágenes más reconocibles del país y uno de los destinos preferidos por los visitantes que recorren el sur de Marruecos.
La riqueza cultural del Reino se sustenta en la convivencia de influencias amazighes, árabes, africanas y mediterráneas, una diversidad que se refleja tanto en las tradiciones como en la artesanía, la música y la gastronomía. Los zocos, los riads tradicionales y las celebraciones populares forman parte de una oferta cultural que mantiene un fuerte atractivo para el turismo internacional.
Para El Universo, la cocina marroquí constituye otro de los pilares de esta proyección exterior. Platos como el tajín, el cuscús, la tanjía o la sopa harira figuran entre las especialidades más apreciadas por los visitantes, mientras que el tradicional té a la menta sigue siendo uno de los símbolos más reconocidos de la hospitalidad marroquí.
El patrimonio cultural también desempeña un papel central en la estrategia turística del país. Marruecos cuenta con nueve sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y seis elementos reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial. Entre ellos destacan la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech, el Moussem de Tan-Tan, una de las principales reuniones de tribus nómadas del Sáhara, y las tradiciones vinculadas a la producción artesanal del aceite de argán, mencionó El Universo.
A este conjunto de atractivos se suma un factor cada vez más valorado por los viajeros: la relación entre calidad y precio. Diversas estimaciones sitúan el coste de una estancia de dos semanas entre 700 y 2.000 dólares por persona, sin incluir el transporte aéreo, mientras que los viajeros con presupuestos más ajustados pueden recorrer el país con gastos diarios moderados gracias a una amplia oferta de alojamiento, restauración y transporte.
Con una infraestructura turística en expansión, una creciente conectividad aérea y una oferta capaz de satisfacer perfiles muy diversos de visitantes, Marruecos afronta 2026 con el objetivo de mantener la tendencia de crecimiento que lo ha convertido en uno de los principales destinos emergentes del panorama turístico internacional.
