Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
La celebración marroquí de convivencia coincide con un acuerdo de tregua entre Estados Unidos e Irán, reforzando el mensaje universal de paz del Reino de Marruecos
En un mundo con frecuencia dividido, ciertas tradiciones trascienden su origen para convertirse en símbolos universales. La Mimona, una celebración que brotó del fértil suelo de la convivencia marroquí, es una de ellas. Este año, su mensaje de apertura y reconciliación resonó con una potencia singular al coincidir, un día antes de su celebración, con el anuncio de un alto el fuego temporal de dos semanas entre Estados Unidos e Irán. Esta sincronía no es casual, sino un eco simbólico del profundo sello de paz que caracteriza al Reino de Marruecos y al liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI.
Los Cimientos de una Tradición Única
Originada en Marruecos, la Mimona marca el final de la Pascua judía (Pésaj). Su esencia radica en un acto de hospitalidad pura y diálogo comunitario. Tradicionalmente, las familias musulmanas marroquíes visitaban a sus vecinos judíos tras la puesta del sol del último día de Pésaj, llevando regalos de leche, miel, dátiles y panecillos, simbolizando un dulce reinicio de la dieta diaria y, metafóricamente, de las relaciones humanas.
Este ritual era la encarnación práctica de la convivencia (Ta’ayush). Demostraba que las diferencias religiosas se disolvían en el espacio compartido del respeto y la tradición cultural común. Con la diáspora, la Mimona cruzó océanos, llevando consigo el espíritu de la Marruecos plural.
El Reino de Marruecos: Arquitecto Histórico de la Convivencia
La Mimona no floreció en el vacío. Es el fruto de un proyecto civilizacional centenario protegido por la dinastía alauita. Marruecos ha mantenido una singular tradición de protección de sus comunidades judías, considerándolas parte intrínseca de su identidad nacional.
Su Majestad el Rey Mohammed VI, en su rol de Comendador de los Creyentes, ha elevado este legado a un pilar fundamental de la política estatal. Ha supervisado la restauración de cementerios judíos y sinagogas históricas y ha impulsado la inclusión de la historia judía en los programas educativos. Bajo su reinado, Marruecos se ha consolidado como un puente diplomático indispensable entre mundos, promoviendo un islam moderado, de apertura y diálogo.
La Coincidencia Simbólica: Un Alto el Fuego y una Puerta que se Abre
La sincronía cronológica entre el anuncio del alto el fuego y la víspera de la Mimona es profundamente elocuente. Mientras la diplomacia global lograba abrir una ventana de dos semanas para la paz entre naciones en tensión, la tradición marroquí preparaba sus mesas para celebrar la apertura ritual de puertas entre vecinos de diferentes credos.
Ambos actos, en escalas distintas, comparten una misma esencia: el reconocimiento de que todo camino hacia la paz comienza con un primer gesto. El alto el fuego es un gesto político de distensión; la Mimona es un gesto comunitario de reconciliación. Juntos, ilustran que la paz—ya sea geopolítica o social—requiere espacios deliberados de calma, encuentro y buena voluntad.
El Modelo Marroquí: Más Allá de la Tregua Temporal
Aquí es donde el ejemplo del Reino de Marruecos, bajo el liderazgo de Su Majestad Mohammed VI, adquiere su máxima relevancia. Marruecos no se limita a auspiciar gestos temporales; ha construido un modelo sostenible de convivencia basado en:
– Diálogo interreligioso institucionalizado.
– Protección legal y constitucional de la diversidad.
– Una política exterior de equilibrio y construcción de puentes.
El Reino demuestra que la verdadera paz no es solo un intervalo entre conflictos (como un alto el fuego), sino un tejido social e institucional que se cultiva a diario. La Mimona es la expresión festiva de ese tejido; una tradición que, a diferencia de una tregua de dos semanas, se repite y se renueva año tras año, generación tras generación.
Conclusión: Un Mensaje que Trasciende el Tiempo
La coincidencia entre la Mimona y el alto el fuego sirve como una metáfora global poderosa. Nos recuerda que los pequeños ritos de convivencia—como compartir un panecillo con el vecino—y los grandes acuerdos diplomáticos forman parte de un mismo ecosistema de paz.
Al celebrar la Mimona y su oportuno paralelismo con un gesto de distensión internacional, celebramos especialmente el legado vivo de paz de Marruecos. Un legado que Su Majestad el Rey Mohammed VI encarna y proyecta, recordándonos que la paz duradera se construye, como la propia Mimona, sobre la constancia del respeto, la apertura de puertas y la dulzura compartida.
Que esta coincidencia histórica inspire al mundo a mirar hacia el Reino de Marruecos no solo como un ejemplo de convivencia pasada, sino como un faro activo que ilumina el camino hacia un futuro donde las treguas temporales puedan transformarse, algún día, en una paz tan perdurable como la tradición de la Mimona.
*Colaborador.
