Rue20 Español/Rabat
El Gobierno de Marruecos, en colaboración con el Banco Mundial, anunció el lanzamiento de un proyecto piloto destinado a acelerar la adopción de la agricultura de conservación en la región de Rabat-Salé-Kénitra (RSK).
La iniciativa, que se enmarca dentro del programa nacional Filaha (2025-2029), busca acompañar a 1.200 agricultores en 20.000 hectáreas hacia prácticas agrícolas más resilientes al clima y mejor conectadas a los mercados.
El proyecto se desplegará mediante un enfoque integrado que combina bonos electrónicos, agregación de la producción y desarrollo de un ecosistema de servicios, priorizando la inclusión de mujeres y jóvenes emprendedores. Los bonos electrónicos permitirán ofrecer incentivos en especie a los agricultores que adopten técnicas de agricultura de conservación, como la siembra directa y el uso de semillas resistentes al clima, reduciendo así los costes de producción.
“Este proyecto piloto permitirá estabilizar los rendimientos, mejorar la gestión del suelo y del agua, y reducir la exposición a los choques climáticos”, indicó un portavoz del Ministerio de Agricultura. Además, se promoverá un modelo de agregación inteligente de la producción, que facilitará el acceso a mercados remuneradores y la financiación de las explotaciones interesadas en la transición hacia prácticas sostenibles.
La región de RSK fue seleccionada por su alto potencial agrícola y su vulnerabilidad a riesgos climáticos, como sequías recurrentes e irregularidad pluviométrica. La iniciativa también contempla reforzar un ecosistema de proveedores de servicios agrícolas, fortaleciendo la sostenibilidad de la oferta de mecanización y asesoramiento.
La gestión del proyecto estará a cargo de la Dirección Regional de Agricultura de RSK junto al Banco Mundial, garantizando la eficiencia y el seguimiento de los objetivos planteados.
Este proyecto piloto se enmarca dentro de un contexto más amplio de transformación de los sistemas agroalimentarios marroquíes, que representa el 16% del PIB del país y el 19% de sus exportaciones, generando empleo para el 67% de la población rural. La iniciativa busca consolidar la resiliencia climática, la competitividad y la sostenibilidad del sector agrícola, asegurando una transición progresiva hacia modelos de producción más inteligentes y sostenibles para 2029.
