Rue20 Español/Melilla
Mohamed Ahmed Moh*
En el mundo contemporáneo, el diálogo entre religión y sistemas políticos se ha convertido en una cuestión de gran relevancia. Con frecuencia surge una pregunta recurrente: ¿son compatibles el islam y la democracia? Desde la experiencia y la reflexión de la comunidad musulmana de Melilla, creemos que esta cuestión merece una respuesta serena, fundamentada y basada en los valores esenciales del islam y en los principios que rigen las sociedades democráticas.
El islam, desde sus orígenes, ha promovido valores que hoy reconocemos como fundamentales para cualquier sociedad democrática: la justicia, la consulta, la responsabilidad y la dignidad humana. El Corán subraya la importancia de la justicia como pilar de la vida social, recordando a los creyentes que deben actuar con equidad incluso cuando ello suponga ir en contra de sus propios intereses. Una sociedad justa, donde se respeten los derechos de todas las personas, es también uno de los objetivos centrales de la democracia.
Uno de los conceptos clave en la tradición islámica es el de shura, es decir, la consulta. En el Corán se describe a los creyentes como aquellos que “resuelven sus asuntos mediante consulta mutua”. Este principio refleja la idea de que las decisiones que afectan a la comunidad deben tomarse de forma participativa, escuchando diferentes voces y buscando siempre el bien común. Aunque las instituciones democráticas modernas no existían en los primeros siglos del islam, el espíritu de la consulta, la deliberación y la participación comunitaria guarda una clara afinidad con el pensamiento democrático.
Asimismo, el islam reconoce la responsabilidad moral del ser humano. Cada persona es considerada responsable ante Dios de sus actos y de su conducta en la sociedad. Este sentido de responsabilidad individual favorece una cultura cívica en la que los ciudadanos se implican en la construcción de una sociedad más justa, participando activamente en la vida pública y contribuyendo al bienestar colectivo.
La democracia, además, no tiene sentido si antes no existe un respeto transversal, igualitario y libre de cualquier tipo de discriminación. Este principio está claramente recogido tanto en la Constitución como en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La democracia, en esencia, representa el respeto a la diversidad cultural, social y confesional, situando a todas las personas en un mismo plano de igualdad y de responsabilidad con la sociedad, tanto en deberes como en derechos.
En contextos como el de Melilla, donde conviven diferentes culturas, religiones e identidades, estos principios adquieren una especial importancia. La democracia no es únicamente un sistema de gobierno, sino también una forma de convivencia basada en el respeto mutuo, la pluralidad y la protección de los derechos de todos. Los musulmanes que vivimos en sociedades democráticas participamos plenamente en ellas como ciudadanos, aportando a la vida común nuestros valores éticos y espirituales.
Sin embargo, también es necesario reconocer que en los tiempos actuales observamos con preocupación cómo, en algunos ámbitos, se está debilitando esta esencia democrática. En ocasiones se toman decisiones al margen de los parlamentos y del propio ordenamiento jurídico internacional, debilitando los principios que deberían garantizar la justicia y la paz entre los pueblos.
Cuando el poder de la fuerza —que solo poseen unos pocos— se impone sobre el poder de la razón —que debería beneficiar al conjunto de la humanidad— se corre el riesgo de erosionar los fundamentos mismos de la convivencia democrática. Los conflictos que afectan a pueblos enteros, como el palestino, así como las tensiones y amenazas que recaen sobre países como Irán, nos recuerdan la importancia de defender siempre el derecho internacional, el diálogo y la búsqueda de soluciones justas y pacíficas.
La democracia, para ser auténtica, debe basarse en el respeto a la vida humana, en la legalidad internacional y en la defensa de la dignidad de todos los pueblos sin excepción. Ningún pueblo debería ser objeto de violencia, ocupación o imposición por la fuerza cuando existen los caminos del diálogo, la justicia y la cooperación entre las naciones.
También es importante rechazar las interpretaciones que presentan al islam como incompatible con la democracia. Tales afirmaciones suelen basarse en simplificaciones o en lecturas politizadas de la religión. A lo largo de la historia, las sociedades musulmanas han desarrollado diversas formas de organización política y pensamiento jurídico. Hoy, numerosos pensadores musulmanes subrayan que los valores de justicia, consulta, responsabilidad, libertad y bien común pueden dialogar de manera constructiva con las instituciones democráticas.
La experiencia de la comunidad musulmana en Europa, y particularmente en ciudades como Melilla, demuestra que es posible vivir la fe islámica en plena armonía con los principios democráticos. De hecho, la democracia ofrece un marco que garantiza la libertad religiosa, el respeto a la diversidad y la participación ciudadana en igualdad de condiciones.
En definitiva, más que una relación de oposición, el islam y la democracia pueden encontrarse en un terreno común: la búsqueda de una sociedad más justa, más participativa y más respetuosa con la dignidad de cada ser humano. Desde la comunidad musulmana de Melilla reafirmamos nuestro compromiso con estos valores, convencidos de que el diálogo, el conocimiento mutuo, el respeto a la diversidad y la participación cívica son caminos imprescindibles para construir un futuro compartido basado en la justicia, la paz y la convivencia.

*Presidente de la Comunidad Comunidad Musulmana de Melilla
