Rue20 Español/Rabat
Marruecos está emprendiendo una transformación histórica de su gestión del agua; combinando presas, plantas de desalación, transferencias intercuencas y reutilización de aguas residuales en un modelo integrado que busca garantizar la seguridad hídrica frente a la creciente variabilidad climática.
Según explicó Nizar Baraka, ministro de Equipamiento y Agua, durante un ftour-debate organizado por la Alianza de Ingenieros Istiqlalianos en Rabat, el país cuenta actualmente con 156 grandes presas y una capacidad total de almacenamiento de 20.800 millones de metros cúbicos.
Desde 2022 se han inaugurado siete nuevas grandes presas, mientras que otras 14 grandes y cinco medianas se encuentran en construcción, con un volumen estimado de 5.000 millones de metros cúbicos adicionales. Con estos proyectos, la capacidad nacional podría alcanzar los 25.800 millones de metros cúbicos.
A este esfuerzo se suman 150 presas pequeñas y medianas y las llamadas presas colinares, con un programa que prevé 155 nuevas infraestructuras de pequeño tamaño antes de 2027, distribuidas por todo el territorio.
Baraka destacó que «la capacidad de almacenamiento del país ha pasado de prácticamente cero en 1956 a más de 20.000 millones de metros cúbicos en la actualidad», reflejando décadas de inversión sostenida en infraestructura hidráulica.
La desalación: Un pilar en expansión
La prolongada sequía entre 2018 y 2025 evidenció los límites de un sistema basado casi exclusivamente en presas, lo que ha llevado a Marruecos a acelerar la desalación de agua de mar.
La producción anual nacional ha pasado de 40 millones de metros cúbicos en 2021 a 350 millones actualmente, gracias a 17 plantas en operación.
El objetivo a 2030 es producir 1.700 millones de metros cúbicos anuales, suficientes para cubrir cerca del 60% de la demanda de agua potable del país. Además de abastecer a grandes ciudades como Casablanca, Rabat, Tánger o Agadir, la desalación apoyará al sector agrícola, con 500 millones de metros cúbicos destinados al riego de unas 100.000 hectáreas, incluyendo superficies recuperadas en Souss y Dajla. Próximamente, la planta de Nador entrará en funcionamiento para ampliar la oferta en el noreste del país.
Autopistas del agua y transferencias entre cuencas
Marruecos también avanza en la interconexión de sus cuencas hidrográficas. La primera infraestructura, que conecta Sebou y Bouregreg, permitió transferir cerca de 953 millones de metros cúbicos entre 2023 y 2025, garantizando el suministro en el eje Rabat-Casablanca.
La inversión de 6.000 millones de dirhams y un caudal de 15 metros cúbicos por segundo constituyen la primera etapa de un ambicioso proyecto conocido como la «autopista del agua».
La segunda fase, prevista para finales de 2026, conectará Sebou con Oum Er-Rbia mediante 210 kilómetros de canal, con un caudal estimado entre 30 y 45 metros cúbicos por segundo, para transferir alrededor de 1.200 millones de metros cúbicos anuales.
Una tercera fase, en planificación, prevé conectar Laou-Loukkos-Sebou, fortaleciendo el suministro en el norte y central del país y asegurando riego y abastecimiento para numerosas regiones agrícolas.
Reutilización y gestión integral
La reutilización de aguas residuales también forma parte de la estrategia. Para finales de 2025, 14 ciudades disponían de estaciones de depuración con capacidad de 52 millones de metros cúbicos al año, cifra que se prevé elevar a 100 millones en 2027.
En conjunto con presas, desalación y recogida de aguas pluviales, el país busca movilizar recursos hídricos de manera equilibrada en todas las cuencas: Oum Er-Rbia, Tensift, Souss-Massa y Moulouya, garantizando suministro seguro para la población y sostenibilidad agrícola.
Baraka subrayó que Marruecos está transitando hacia un «mix hídrico robusto y resiliente», que combina soluciones convencionales e innovadoras para enfrentar la sequía, la presión urbana y el cambio climático. «Este enfoque multidimensional asegura que ninguna región quede vulnerable, y que el desarrollo económico y agrícola pueda continuar de manera sostenible», concluyó.
