Rue20 Español/Madrid
El reciente derbi andaluz entre el Real Betis y el Sevilla FC ha vuelto a colocar bajo la lupa la seguridad en los grandes eventos deportivos en España.
Lo que debería haber sido una fiesta del fútbol se convirtió en un escenario de tensión y violencia, con enfrentamientos entre ultras, intentos de asalto al Estadio de La Cartuja y la intervención policial que dejó un saldo de detenidos y escenas de caos.
La pasión que caracteriza a esta rivalidad histórica entre Sevilla y Betis no puede ser excusa para que la seguridad del público se vea comprometida.
Los incidentes previos al encuentro, sumados a la retórica bélica de ciertos grupos ultras como Biris Norte, evidencian que la gestión del orden público en partidos de alto riesgo aún enfrenta graves desafíos.
Desde pintadas y simbología provocadora hasta vídeos motivacionales que avivan la hostilidad, la línea entre el fervor deportivo y la violencia social se difumina peligrosamente.
La intervención policial, aunque necesaria, volvió a poner sobre la mesa un debate incómodo: ¿Están los sistemas españoles preparados para proteger a los aficionados sin recurrir al exceso de fuerza?
El contraste con experiencias recientes en Marruecos resulta inevitable. La Copa Africana de Naciones 2025, celebrada en nueve estadios y con una red de transporte interconectada, se desarrolló con un nivel de seguridad y profesionalidad que sorprendió al mundo.
Incluso ante disturbios provocados por la afición —de Senegal o Argelia, para poner un ejemplo—, las autoridades marroquíes priorizaron la protección de los espectadores y evitaron enfrentamientos directos, demostrando que una planificación meticulosa y una formación adecuada del personal de seguridad pueden garantizar una experiencia deportiva segura y celebratoria.
Lo ocurrido, hace semanas, en Pamplona tras la victoria del Osasuna frente al Real Madrid; y los incidentes en Sevilla son advertencias claras. Ni la historia de los estadios, ni la tradición deportiva, ni la infraestructura por sí solas aseguran un entorno seguro para los aficionados.
La FIFA evaluará estos factores al decidir sedes para el Mundial 2030, y España no puede permitirse pasar por alto la lección que estos episodios transmiten: la seguridad del público es tan decisiva como la calidad de los estadios o la conectividad entre ciudades.
Marruecos, con estadios modernos y protocolos de seguridad integrales, ofrece un ejemplo concreto de cómo planificar y ejecutar eventos de alto riesgo sin sacrificar la experiencia del público.
La futura “Joya de Benslimán” y las ciudades anfitrionas proyectadas como Casablanca, Rabat, Marrakech, Agadir y Tánger, reflejan un modelo en el que el fútbol puede celebrarse sin miedo a cargas policiales o incidentes evitables.
El derbi andaluz no es solo un partido; es un recordatorio de que la pasión no puede superar la prudencia, y de que la seguridad en el deporte debe ser prioritaria.
