Rue20 Español/Rabat
Treinta años después de la firma, el 26 de febrero de 1996, del acuerdo de asociación entre Marruecos y la Unión Europea, el Reino y Bruselas conmemoran una relación que ha trascendido el marco jurídico para convertirse en un pilar de estabilidad regional.
La conmemoración coincide con la adopción de la resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de la ONU, relativa al Sáhara marroquí, un hito diplomático que refuerza la proyección política de Marruecos en su vecindario.
Para Dimiter Tzantchev, embajador de la UE en Marruecos, “más allá de un texto legal, el acuerdo sentó las bases de una asociación estratégica que hoy constituye un modelo en el vecindario meridional”.
El diplomático destacó que la cooperación bilateral ha sido “mutuamente beneficiosa, acumulando logros concretos en gobernanza, desarrollo sostenible, transición energética y seguridad regional”.
Bruselas y Rabat han consolidado una agenda compartida que abarca retos globales y regionales, incluyendo cambio climático, seguridad energética, migración y estabilidad en el Norte de África y el Sahel.
La UE apoya al Reino a través de programas de financiación, cooperación técnica y proyectos de agricultura sostenible, educación, movilidad y seguridad, reforzando una influencia tangible sobre la estabilidad mediterránea.
Consejo de Asociación y respaldo internacional
El reciente Consejo de Asociación, celebrado en enero en Bruselas, reafirmó que Marruecos sigue siendo “un socio estratégico de primer orden en nuestro vecindario meridional”.
La Unión Europea también valoró la resolución 2797 (2025), que respalda “una solución justa, duradera y mutuamente aceptable del conflicto, basada en el plan de autonomía propuesto por Marruecos”, subrayando la viabilidad y realismo de esta vía política.
Un comercio en expansión y un Mediterráneo interconectado
En el ámbito económico, la UE mantiene su posición como primer socio comercial de Marruecos, con intercambios de bienes que superaron los 649.000 millones de dirhams en 2024, multiplicándose por cinco desde 2000.
Este dinamismo ha generado empleo, crecimiento y estabilidad en ambos lados del Mediterráneo, consolidando una “comunidad de destino” que se ha formado a lo largo de tres décadas de cooperación.
El nuevo pacto para el Mediterráneo inaugura una etapa más ambiciosa de colaboración, en la que Marruecos asume un papel central como actor regional y socio estratégico.
La agenda incluye transición energética, energías renovables, revoluciones digitales, movilidad y estabilidad euro-mediterránea.
Según Tzantchev, “la asociación estratégica se sustenta en los valores que la impulsan, la confianza que la anima y la ambición compartida de construir una región de paz, estabilidad y prosperidad duradera”.
Más que un marco legal, el acuerdo se ha convertido en un instrumento activo de proyección e influencia, consolidando a Marruecos como un socio esencial en un Mediterráneo en constante transformación.
