Rue20 Español/Rabat
La narrativa argelina sobre el Sáhara marroquí vuelve a quedar en entredicho. Durante años, Argel ha insistido en presentarse como un mero “observador” en este diferendo regional, cultivando una imagen de neutralidad que hoy se ve erosionada por los propios hechos diplomáticos.
Las recientes conversaciones celebradas en Madrid, así como las declaraciones del enviado estadounidense Massad Boulos, apuntan en sentido contrario.
En declaraciones públicas, Boulos —principal consejero del presidente estadounidense Donald Trump para asuntos árabes y africanos— confirmó la implicación directa de Argelia en las discusiones mantenidas en la embajada de Estados Unidos en España.
Un dato significativo, ya que durante años las autoridades argelinas han rechazado cualquier caracterización que las sitúe como parte activa del proceso. Más relevante aún: según el responsable estadounidense, Argel reconoció el plan de autonomía propuesto por Rabat como base central de las negociaciones, en consonancia con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en octubre de 2025.
El giro no es menor. Tras haber cuestionado reiteradamente la iniciativa marroquí, Argelia aparece ahora alineada con el marco definido por Naciones Unidas, que identifica claramente a Marruecos, el Polisario, Argelia y Mauritania como partes implicadas.
Para Washington, esta definición no deja espacio a ambigüedades. El conflicto, que se prolonga desde hace cinco décadas, entra así en una fase en la que la responsabilidad de cada actor queda formalmente delimitada.
Boulos fue explícito al señalar que Argelia “se comporta como un excelente socio”, aunque reconoció que hasta hace poco se oponía al plan de autonomía.
El mensaje implícito es claro: la etapa de la ambivalencia estratégica parece agotada. La diplomacia estadounidense apuesta por acelerar el proceso sobre la base de una solución considerada realista y pragmática, evitando prolongaciones que perpetúen la situación en los campamentos de Tinduf y bloqueen una salida política.
La cuestión fue retomada por el propio Boulos el 15 de febrero de 2026 en una entrevista concedida a la cadena alemana Deutsche Welle, al margen de la Conferencia de Seguridad de Múnich.
Allí reiteró que el expediente del Sáhara marroquí es seguido directamente al más alto nivel por el presidente estadounidense y que la resolución 2797 constituye el marco de referencia inequívoco para avanzar.
En ese contexto, subrayó que la propuesta marroquí de autonomía es, a juicio de Washington, la única base creíble para una solución duradera.
En este nuevo escenario, la tesis del “observador” pierde consistencia. La dinámica diplomática actual sitúa a Argelia como actor plenamente implicado, llamado a asumir su responsabilidad en un proceso que se encamina hacia una redefinición decisiva.
Mientras Marruecos consolida apoyos en torno a su iniciativa, la presión internacional parece orientada a cerrar definitivamente la etapa de las ambigüedades y a avanzar hacia un desenlace político bajo parámetros claramente establecidos.
