Rue20 Español/Melilla
Mohamed Ahmed Moh*
El mes de Ramadán constituye un tiempo sagrado de recogimiento, espiritualidad y reflexión profunda para los musulmanes. Es un periodo destinado al fortalecimiento de la fe, al perfeccionamiento moral y al crecimiento interior, en el que el ayuno simboliza no solo abstinencia física, sino también disciplina espiritual, generosidad y compromiso con el bien común. En Melilla, ciudad ejemplo histórico de convivencia entre culturas y religiones, esta etapa adquiere además un significado social que invita a reforzar la armonía y el respeto mutuo. Aunque sabemos con certeza que la convivencia con las demás comunidades en muchas ocasiones resulta artificial, nosotros seguimos luchando y trabajando para que en un futuro sea real, porque esa es la verdadera riqueza que algún día necesitaremos demostrar. La convivencia auténtica no se impone ni se compra: con dinero no se puede adquirir; solo se construye con voluntad, respeto y compromiso sincero.
En este contexto, consideramos importante trasladar un mensaje claro y constructivo a las instituciones públicas, y muy especialmente a la Ciudad de Melilla. El Ramadán no es un periodo festivo en el sentido lúdico o folklórico del término. No es un tiempo destinado a espectáculos, juegos o celebraciones superficiales. Es, ante todo, un mes de unión espiritual, de respeto, de reflexión y de aprendizaje. Históricamente y conforme a su esencia, es también un periodo dedicado a encuentros formativos, conferencias y espacios de conocimiento impartidos por personas de reconocida sabiduría, cuyo propósito es ilustrar, educar y acercar a la sociedad a una comprensión más profunda del islam y de sus valores universales.
Por ello, si las instituciones desean colaborar y participar durante este mes, su contribución será siempre bienvenida cuando se oriente en esa dirección: promoviendo iniciativas culturales, educativas y formativas que fomenten el entendimiento, el diálogo interreligioso y el conocimiento mutuo. Ese enfoque no solo respeta la naturaleza espiritual del Ramadán, sino que fortalece la convivencia y la cohesión social.
El espíritu de este mes bendecido nos recuerda que el respeto no debe ser temporal ni limitado a una fecha concreta. Los valores que se intensifican durante el Ramadán —la tolerancia, la solidaridad, la fraternidad y la convivencia pacífica— deben ser permanentes y formar parte del comportamiento colectivo durante todo el año. Solo así se construye una sociedad verdaderamente justa, cohesionada y respetuosa con su diversidad.
Ese es el mensaje que hoy reafirmamos: el Ramadán no es un acontecimiento estacional, sino una escuela espiritual cuyos principios deben proyectarse de manera constante en la vida pública y social. Y en ese camino, la colaboración sincera entre ciudadanía e instituciones resulta esencial para consolidar una convivencia auténtica y duradera.

*Presidente de la Comunidad Comunidad Musulmana de Melilla
