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domingo, junio 21, 2026

Marruecos y Argelia en los tuits de Albares

 

Rue20 Español/Madrid

Mohamed Benabdelkader*

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La calificación de los actores estatales en relaciones internacionales designa una operación intelectual y jurídica clave para categorizar a estos actores y definir la distancia política o normativa que de ello resulta. Este enfoque influye directamente en los tratamientos aplicables, como el reconocimiento, la cooperación, la alianza o la hostilidad. De hecho, la calificación de los «otros Estados» en el lenguaje diplomático no se reduce a una simple operación intelectual, más bien, se trata de una construcción discursiva que no consiste solo en clasificar racionalmente a un actor estatal en una categoría jurídica o analítica, sino en moldearlo simbólicamente a través de narrativas, categorías de pensamiento, terminologías y jerarquías normativas (amigo, socio, aliado estratégico, enemigo, Estado canalla …), que se inscriben en una construcción discursiva en lugar de un mero ejercicio cognitivo.

En otras palabras, la calificación es producida por el discurso (diplomático, mediático, académico, jurídico) y nunca es neutral; opera una categorización normativa inmediata, atribuyendo al Estado en cuestión una identidad funcional y un régimen de tratamiento (cooperación, sanción, reconocimiento). Es operacional y precisa, en la medida en que categoriza para construir una identidad relacional, califica para actuar, traza la distancia para legitimar el tratamiento.

A la luz de este recordatorio conceptual sobre la calificación del «otro» en relaciones internacionales, un caso reciente podría ilustrar perfectamente el rol estratégico de esta calificación en la diplomacia contemporánea: España, por la voz de su ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares, ha sido bastante clara y precisa al calificar de manera diferente sus relaciones con sus dos vecinos magrebíes, Argelia y Marruecos.

Al margen de la reunión a puerta cerrada que tuvo lugar en la sede de la embajada estadounidense en Madrid, el domingo 8 de febrero de 2026, Albares había recibido sucesivamente a sus homólogos argelino Ahmed Attaf y marroquí Nasser Bourita. Poco después, publicó en su cuenta de X comentarios reveladores para cada recepción: un hilo conciso de dos posts para Attaf, destacando una relación «política y amistosa fuertemente consolidada» con Argelia, seguido de un hilo más desarrollado de tres posts para Bourita, exaltando unos lazos «entre los más sólidos del mundo» con Marruecos. En esta crónica, deseamos examinar cómo esta calificación discursiva oficial traduce una diferenciación estratégica, distante y utilitaria hacia Argel, fusional y proyectiva hacia Rabat.

El ministro argelino Ahmed Attaf:

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Albares califica a Argelia de manera positiva y estratégica, posicionándola como un socio privilegiado y fiable.

1/ Feliz de recibir en Madrid al ministro argelino de Asuntos Exteriores Ahmed Attaf. Tenemos relaciones políticas de amistad fuertemente consolidadas. Somos amigos, socios y vecinos. Argelia es nuestro principal proveedor de gas, un socio estratégico fiable y constante.

2/ Nuestras relaciones comerciales viven un período extraordinario: nuestras exportaciones crecieron un 190% en 2025 y un 141% en 2024. España y Argelia seguimos avanzando juntos.

Esta calificación discursiva, a través de un léxico moderado, cuantitativo e inclusivo: «amigos, socios y vecinos», «relaciones políticas de amistad fuertemente consolidadas», borra la distancia geopolítica, contrarrestando las tensiones pasadas (crisis del Sáhara marroquí 2022). Argelia es calificada como «principal proveedor de gas, un socio estratégico fiable y constante», con cifras concretas sobre el crecimiento de las exportaciones «del 190% en 2025 y del 141% en 2024». Estos marcadores normativos (fiable, constante, excepcional) elevan a este país magrebí al rango de actor vital para España, justificando así un tratamiento de continuidad. La recepción «Feliz de recibir» y la orientación prospectiva «seguimos avanzando juntos» refuerzan una identidad relacional simétrica y pragmática.

Mi buen amigo Nasser Bourita:

A Marruecos Albares lo califica de manera más cálida y personalizada que a Argelia, utilizando un hilo más largo (3 posts frente a 2) para amplificar una proximidad histórica y proyectiva, contrarrestando las tensiones regionales:

1/ La relación bilateral entre España y Marruecos es una de las más potentes del mundo. Nuestra amistad y cooperación viven su mejor momento histórico..

Hoy en Madrid, con mi buen amigo Nasser Bourita, constato nuestras relaciones sólidas, estratégicas y llenas de futuro

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2/ Nuestro comercio bilateral es excepcional con 21 mil millones de € en 2025. La cooperación migratoria y policial redunda en la seguridad y estabilidad de nuestros ciudadanos. Tenemos la red más densa de instituciones públicas y Instituto Cervantes en el mundo.

3/ Impulsamos los acuerdos firmados en la RAN España-Marruecos del pasado diciembre. Caminamos juntos hacia el Mundial 2030, que coorganizamos.

Esta estrategia discursiva del ministro Albares personifica aún más a su homólogo Bourita «Con mi buen amigo Nasser Bourita», personificando al interlocutor como un par íntimo, a diferencia del ministro argelino calificado funcionalmente «el ministro argelino Ahmed Attaf».

Esta categorización léxica puntual de la relación amistosa entre los dos responsables diplomáticos trasciende el rol institucional, creando una identidad relacional fusional. Las relaciones bilaterales de amistad y cooperación entre los dos países van más allá de una simple relación consolidada —como con Argelia— para alcanzar un pico histórico, ya que «viven su mejor momento histórico» en la actualidad.

Si Marruecos se beneficia en el post del jefe de la diplomacia española de una hipérbole universal «una de las más potentes del mundo», ausente en Argelia simplemente calificada de «fuertemente consolidadas», es porque Marruecos no se reduce al rango de «proveedor de gas» para España; es un socio excepcional comprometido en una cooperación rica y diversificada, especialmente migratoria y policial, que contribuye a “la seguridad y estabilidad de nuestros ciudadanos”. A la inversa, la cooperación con Argelia parece valorizada por Albares en una sola dimensión comercial, mientras que la cooperación cultural con Marruecos suscita un orgullo ostensible en el ministro español: «Tenemos la red más densa de instituciones públicas y Instituto Cervantes en el mundo». Albares añade a ello la proyección de un futuro compartido a través de marcadores tangibles: Reunión de Alto Nivel (diciembre), Mundial 2030 coorganizado con Portugal, lo que concreta para Marruecos la calificación en acciones bilaterales, frente a las cifras puramente económicas para Argelia.

Entre proveedor funcional y socio fusional

Además, el análisis de los tuits de José Manuel Albares revela una diferencia llamativa en el uso del pronombre personal «nosotros/nuestro», marcador de identificación y pertenencia relacional. En el mensaje dedicado a Argelia, este pronombre aparece solo 4 veces: «Tenemos relaciones / Somos amigos / Nuestras relaciones comerciales / nuestras exportaciones», destacando más una acción común factual y una reciprocidad distante, casi protocolaria, que una verdadera identidad relacional fusional.

En contraste, su tuit sobre Marruecos despliega 8 ocurrencias del pronombre «nuestro/nuestra»: «Nuestra amistad / nuestra cooperación / nuestra relación / Nuestro comercio bilateral / nuestros ciudadanos / tenemos / Impulsamos / caminamos / coorganizamos», construyendo una identificación mucho más fusional y orgánica. Este doble empleo léxico traduce una intimidad estratégica entre los dos Reinos; el pronombre «nuestra», repetido con insistencia, fusiona a ambos países en una comunidad de destino sólidamente anclada en una profundidad histórica. La amistad no es coyuntural sino constitutiva de una solidaridad activa y prospectiva: «caminamos / coorganizamos» proyectan una dinámica compartida hacia el futuro.

Respecto a las perspectivas de futuro de las relaciones de España con sus dos vecinos magrebíes, los tuits de José Manuel Albares revelan una graduación discursiva, una continuidad factual y pragmática con Argelia, frente a una proyección confiada y multidimensional con Marruecos. «España y Argelia seguimos avanzando juntos» adopta un tono descriptivo y continuista, centrado en un presente económico (gas, comercio +190%). Esta calificación prospectiva permanece neutra y sin adjetivos hiperbólicos, señalando un partenariado estable pero no trascendente, un «avanzar» técnico sin visión estratégica ampliada. En cambio, la enunciación relativa a Marruecos «, constato nuestras relaciones sólidas, estratégicas y llenas de futuro» despliega un tríptico normativo (sólidas, estratégicas, prometedoras), personal («constato» y fusional «nuestras relaciones”. Esta hipérbole prospectiva se apoya en realizaciones comunes (RHN, intercambios bilaterales excepcionales, migración, seguridad, cultura) para entrelazar pasado, presente y futuro (Mundial 2030), erigiendo a Marruecos como aliado orgánico e insustituible.

Albares prevé explícitamente un futuro prometedor para las relaciones de su país con Marruecos: «relaciones…llenas de futuro», mientras que para Argelia se contenta con un «seguimos avanzando juntos», desprovisto de toda visibilidad prospectiva exaltada o de horizonte estratégico calificado. Esta formulación sobre Argelia permanece en presente continuo «seguimos», descriptivo y factual, sin adjetivo que valore el futuro. Proyecta una inercia positiva (económica, gasística) pero no una visión compartida ni un compromiso futural fuerte.

Los tuits del jefe de la diplomacia española sobre sus encuentros en Madrid con los ministros de Asuntos Exteriores marroquí y argelino revelan claramente la especificidad del lenguaje diplomático, un arte sutil donde cada palabra es medida con precisión para transmitir ideas, señalar preocupaciones o prodigar ánimos, evitando avivar tensiones innecesarias. Esta economía discursiva —parquedad con Argel, profusión con Rabat— ilustra perfectamente cómo un ministro puede, en pocas palabras, revelar jerarquías geopolíticas implícitas, no solo por el dosaje de los pronombres posesivos o el calibrado discursivo de las identidades relacionales, sino también por el dominio de una distinción léxica que, reflejando la realpolitik española, proyecta a Argelia como proveedor periférico y socio funcional, y a Marruecos como aliado fusional y co-constructor de un horizonte común.

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Mohamed Benabdelkader, exministro de Justicia, Doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación

*Mohamed Benabdelkader, exministro de Justicia, Doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación.

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