Rue20 Español/Rabat
Las autoridades del noreste de Libia anunciaron el descubrimiento de una fosa común con 21 cadáveres de migrantes procedentes de distintos países del África subsahariana, según informaron medios locales citando fuentes gubernamentales de la región oriental del país.
La Agencia de Seguridad Interior (ASI) de Ajdabiya confirmó el hallazgo, ocurrido en una zona rural, y precisó que las víctimas eran migrantes en situación irregular. De acuerdo con la cadena libia Al-Masar, las fuerzas de seguridad lograron identificar y detener a un sospechoso, un ciudadano libio con antecedentes penales, arrestado durante un operativo en una granja utilizada como centro de detención clandestino.
Durante la intervención, las autoridades rescataron a varios migrantes en estado crítico, quienes fueron trasladados a centros hospitalarios. Estos supervivientes habrían indicado a las fuerzas de seguridad la ubicación del enterramiento, lo que permitió la exhumación de los cuerpos. Imágenes y vídeos del hallazgo circularon ampliamente en redes sociales y medios locales, aunque no han sido verificados de manera independiente.
Este suceso se inscribe en un contexto de profunda inestabilidad política y de seguridad que afecta a Libia desde la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011. Según Naciones Unidas y organizaciones internacionales, el vacío institucional ha favorecido la trata de personas y graves violaciones de derechos humanos, incluidos casos de extorsión, trabajos forzados y esclavitud contra migrantes.
Aunque la mayoría de las rutas migratorias parten desde la costa occidental de Libia con destino a Italia, miles de personas también salen desde el este, una zona bajo control del mariscal Jalifa Haftar y sus fuerzas, con el objetivo de alcanzar Europa a través de Grecia, principalmente la isla de Creta.
Las autoridades rivales del este y del oeste del país llevan a cabo redadas periódicas en zonas con alta concentración de migrantes, como los alrededores de Trípoli o la región de Tobruk, cercana a la frontera con Egipto, en un intento por frenar redes de tráfico que operan en un entorno marcado por la fragmentación del poder y la impunidad.
