Rue20 Español/Rabat
El crecimiento económico de Marruecos se situó en el 4% durante el tercer trimestre de 2025, frente al 5% registrado en el mismo período del año anterior, en un contexto internacional marcado por fuertes incertidumbres.
Pese a esta ligera desaceleración, los fundamentos de la economía nacional confirman una trayectoria globalmente sólida, sostenida por la fortaleza de la demanda interna, el control de la inflación y la continuidad del esfuerzo inversor.
En los nueve primeros meses del año, el crecimiento medio alcanzó el 4,7%, uno de los niveles más elevados de los últimos años, excluyendo el período excepcional de recuperación posterior a la Covid-19. Esta evolución refleja la capacidad de la economía para mantener un ritmo elevado de actividad pese a un entorno externo menos favorable.
El análisis de los motores del crecimiento pone de relieve el papel central de la demanda interna, cuyo ritmo se aceleró hasta el 7,6%, frente al 5,9% del año anterior. Esta dinámica aportó 8,3 puntos al crecimiento global, evidenciando el impacto positivo de las políticas públicas orientadas al apoyo de la inversión, el empleo y el poder adquisitivo.
La inversión confirmó esta tendencia favorable con un incremento del 15%, tras el 11,8% registrado un año antes. Su contribución al crecimiento se elevó a 4,6 puntos, reflejando la confianza de los operadores económicos y la eficacia de los programas estructurantes destinados a las infraestructuras, la industria y las grandes obras nacionales.
Por su parte, el consumo final de los hogares creció un 3,9%, mientras que el de las administraciones públicas aumentó un 7,4%, consolidando el papel estabilizador y anticíclico de la acción pública en el sostenimiento de la actividad económica.
A nivel sectorial, el sector secundario experimentó una desaceleración de su crecimiento, que pasó del 6,9% al 3,8%, debido principalmente a la ralentización de la construcción y las obras públicas, así como de las industrias extractivas y de transformación. En contraste, las actividades de electricidad y agua registraron una mejora notable, con un crecimiento del 5,9%. El sector terciario también mostró una ligera desaceleración, especialmente en el transporte, el comercio y algunos servicios, sin poner en cuestión su peso estructural en la creación de valor.
Uno de los indicadores más positivos fue la evolución de los precios. La tasa de inflación se redujo significativamente hasta el 1,7%, frente al 3,7% del año anterior, lo que pone de manifiesto la eficacia de las políticas monetarias y presupuestarias aplicadas para preservar la estabilidad macroeconómica y el poder adquisitivo de los hogares.
En cuanto a los intercambios exteriores, estos ejercieron una contribución negativa al crecimiento, debido a un aumento de las importaciones del 15,3%, superior al de las exportaciones, que avanzaron un 8,2%. Esta situación generó una contribución negativa de 4,3 puntos, explicada en gran medida por la fortaleza de la demanda interna y la inversión, más que por un debilitamiento de la capacidad exportadora.
En conjunto, estos indicadores confirman la resiliencia de la economía nacional, su capacidad de adaptación frente a los choques externos y la pertinencia de las orientaciones estratégicas adoptadas en materia de gobernanza económica. La solidez de la demanda interna, el dinamismo de la inversión y la desinflación progresiva se perfilan como motores clave para consolidar el crecimiento y reforzar las bases de un desarrollo sostenible e inclusivo.
