Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Marruecos, campeón con el corazón: una final épica para la historia
Marruecos escribió una de las páginas más gloriosas de su fútbol al conquistar la Copa Árabe tras una final inolvidable ante Jordania, resuelta con un vibrante 3-2 que desató el orgullo de todo un país. Fue una noche de carácter, talento y fe inquebrantable, de esas que forjan leyendas.

El partido no pudo empezar mejor para los Leones del Atlas. Oussama Tanane abrió el marcador en el minuto 4 con un gol fantástico: un disparo magistral enviado desde el mediocentro del campo que se coló como una obra de arte. Un tanto destinado a los resúmenes eternos, elegido por muchos como el mejor gol del torneo. Marruecos golpeaba pronto y marcaba el ritmo.

El encuentro, sin embargo, no estuvo exento de dificultades. En el minuto 16, el marroquí El Berkaoui tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión, dando paso a Achraf El Mehdioui. Pese al contratiempo, la selección mantuvo el orden y la personalidad. La primera mitad concluyó 1-0, con Marruecos sólido y convencido.

Tras el descanso, Jordania reaccionó con valentía. Ali Olwan empató en el 48’ y volvió a aparecer en el 68’, esta vez desde el punto de penalti, para poner el 2-1 y voltear el marcador. El desafío era máximo y el reloj apremiaba, pero Marruecos nunca dejó de creer.

Cuando el título parecía escaparse, emergió el instinto de campeón. A tres minutos del final, Abderrazak Hamdallah firmó el 2-2 que devolvió la esperanza y llevó la final a la prórroga, en medio de una tensión eléctrica.
El tiempo extra tuvo de todo. Jordania creyó encontrar el 3-2 en el primer minuto del extra time por medio de Abu Taha, pero el gol fue anulado por mano tras la revisión. El aviso no intimidó a Marruecos. Al contrario: fortaleció su determinación. En el minuto 100, Hamdallah volvió a aparecer, esta vez para siempre, y marcó el gol de la victoria que selló el 3-2 definitivo y coronó a Marruecos campeón de la Copa Árabe.

Fue un triunfo de identidad y orgullo, de una selección que supo levantarse, resistir y golpear en el momento justo. Marruecos no solo ganó un título: reafirmó su grandeza, encendió la ilusión de su gente y levantó la copa con el alma.
