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lunes, junio 22, 2026

España–Marruecos: Una cumbre estratégica en un momento decisivo

 

Rue20 Español/Rabat

Abdelhamid Beyuki*

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La Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos, que se celebra los días 3 y 4 de diciembre en Madrid, llega en un momento especialmente delicado y definitorio para las relaciones bilaterales. No es una cumbre más. Se desarrolla tras un giro histórico de la diplomacia española respecto al Sáhara marroquí, la aprobación de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU y con el horizonte inmediato de la organización conjunta del Mundial 2030. Todo ello convierte este encuentro en un examen de madurez para una relación que, a lo largo de los últimos años, ha oscilado entre la colaboración estratégica y tensiones recurrentes.

Para comprender la importancia de la cita de Madrid conviene recordar el punto de inflexión que marcó la última RAN celebrada en Rabat, en febrero de 2023. Aquella reunión, que reactivó la cooperación tras meses de crisis abierta, fue posible gracias al cambio de posición del Gobierno español en marzo de 2022, cuando expresó su apoyo al Plan de Autonomía marroquí como “la base más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto del Sáhara Marroquí. Este giro —aplaudido en Rabat, sorprendente para parte de la clase política española y criticado por Argelia— transformó por completo el marco de las relaciones Hispano-Marroquíes.

Desde entonces, Marruecos y España han reconstruido canales políticos, diplomáticos y económicos con una intensidad inédita en décadas. El comercio bilateral alcanzó cuotas históricas, la cooperación migratoria se articuló con nuevos mecanismos operativos y sectores como la energía, el transporte y la inversión experimentaron un notable dinamismo. Pero el avance no ha borrado todos los desacuerdos, las cuestiones de delimitación marítima, el espacio aéreo del Sáhara marroquí y la gestión política del giro diplomático siguen siendo frentes sensibles.

La reciente resolución 2797 del Consejo de Seguridad añade una capa de complejidad diplomática y, al mismo tiempo, brinda una oportunidad. Al renovar el mandato de la MINURSO, introduce elementos interpretados por Rabat como una confirmación de la centralidad de su propuesta autonómica. España, que ya había dado un paso adelante en esta dirección, acude a la cumbre con la necesidad de armonizar su política exterior con el nuevo contexto internacional y con las sensibilidades internas, especialmente en territorios como Canarias, donde los asuntos marítimos y del espacio aéreo generan preocupación.

La RAN constituye así el primer foro político de alto nivel en el que ambos gobiernos pueden ajustar la lectura compartida de la resolución y definir cómo se traslada a la relación bilateral sin erosionar su estabilidad.

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A este escenario se suma un factor de enorme peso simbólico y práctico, la organización conjunta del Mundial 2030 entre España, Marruecos y Portugal. El torneo no solo es un escaparate global de capacidades logísticas y diplomáticas, sino también un motor para inversiones en infraestructuras, transporte, seguridad y conectividad. La proximidad de los plazos obliga a tomar decisiones operativas, desde la coordinación del calendario de obras, interconexiones aéreas y marítimas, seguridad compartida, visados y aduanas, hasta la gestión del reparto de partidos clave.

La cumbre de Madrid es, por tanto, un espacio ideal para desbloquear cuestiones técnicas y consolidar compromisos financieros que den forma definitiva al dispositivo conjunto del Mundial.

Uno de los pilares de esta RAN será la cooperación económica, especialmente en sectores estratégicos. Marruecos atraviesa un proceso de transformación energética ambicioso, renovación de su matriz energética, proyectos de hidrógeno verde, desarrollo masivo de renovables y un esfuerzo sin precedentes en desalación para combatir el estrés hídrico. España es un socio natural en todas estas áreas, tiene tecnología, experiencia, inversión y proximidad.

Todo indica que la cumbre dejará una cosecha de memorandos de entendimiento y acuerdos marco en energía, agua e infraestructuras. Entre las posibilidades destacan proyectos conjuntos de plantas de desalación alimentadas por energía renovable, colaboraciones en hidrógeno verde y nuevos mecanismos para facilitar la entrada de capital español en cadenas de valor industrial marroquíes.

La migración y la seguridad seguirán ocupando un lugar central. En los últimos años la coordinación entre ambos países redujo significativamente las llegadas irregulares a Canarias, pero Marruecos mantiene en este ámbito una capacidad de presión que España no ignora. La cumbre buscará consolidar acuerdos operativos que permitan gestionar flujos con previsibilidad, reforzar la lucha contra el crimen organizado y mejorar la vigilancia fronteriza. Al mismo tiempo, los temas delicados —delimitación marítima, gestión del espacio aéreo y cuestiones soberanas vinculadas al Sáhara marroquí— previsiblemente quedarán en manos de comisiones técnicas para evitar tensiones políticas inmediatas.

¿Qué esperar de la cumbre?

Todo apunta a que la RAN se saldará con tres grandes resultados:

1. Una batería de acuerdos económicos y energéticos, con especial atención al agua, las renovables y la inversión.

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2. Mecanismos reforzados de cooperación migratoria y de seguridad, con protocolos actualizados y financiación asociada.

3. La creación o ampliación de comités técnicos para abordar temas sensibles como la delimitación marítima, la coordinación para el Mundial 2030 o el espacio aéreo.

Difícilmente habrá anuncios importantes en materia territorial o diplomática, ambos gobiernos buscan estabilidad, no sobresaltos.

En conclusión, y a la espera de cómo acaba la Cumbre, creo que ambos gobiernos llegan a esta RAN con intereses convergentes, pero también con agendas internas complejas. La relación bilateral atraviesa un momento de pragmatismo calculado. se impulsa aquello que ofrece beneficios tangibles —inversiones, energía, seguridad, Mundial 2030— mientras se concede tiempo a los temas que requieren cautela diplomática. La cumbre del 4 de diciembre no hará desaparecer los desacuerdos, pero sí puede consolidar un marco de cooperación más maduro, previsible y estructurado. En un contexto global inestable, la cumbre ya es un avance significativo.

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Abdelhamid Beyuki

*Escritor y especialista en las relaciones hispano-marroquíes.

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