Rue20 Español/Rabat
Argelia insiste en jugar la carta del Polisario como palanca geopolítica, y lo hace cada vez más de la mano de Irán. Lejos de limitarse a un apoyo diplomático, el régimen argelino permite que los campamentos de Tinduf se conviertan en un espacio donde se cruzan intereses ideológicos, agendas militares y ambiciones regionales. Así lo refleja una información publicada por el diario marroquí Al Ahdath Almaghribia, que denuncia el uso del pretexto “académico” para encubrir encuentros de alto contenido político entre dirigentes del Frente Polisario y responsables iraníes.
Según este rotativo, bajo la apariencia de actividad intelectual se teje una coordinación más profunda entre Argelia, Teherán y el movimiento separatista, con un objetivo claro; utilizar el Magreb como puerta de entrada del chiismo hacia el África noroccidental y dotar a Tinduf de un papel similar al que Hezbollah desempeñó en el Líbano. Para Marruecos, este enfoque no tiene nada de neutralidad ni de “solidaridad con los retenidos de los campamentos”: se trata, más bien, de construir un foco permanente de tensión en el flanco occidental del Magreb.
Los medios afines al Polisario han contribuido a exhibir esta aproximación al régimen iraní, difundiendo los nombres de los religiosos y responsables presentes en el encuentro, entre ellos Cheikh Hassam El Ali, Cheikh Moussa Erravi’i o Cheikh Khalev Darouich. Lejos de la discreción diplomática, la mediatización de la cita refuerza la idea de una alianza asumida y reivindicada, en la que Argelia aparece como anfitrión y protector de un movimiento que se abre a la influencia de Teherán.
El riesgo de esta estrategia no pasa desapercibido en el ámbito internacional. Un instituto estadounidense, citado por Al Ahdath, alerta de que el reforzamiento de los vínculos entre Irán y el Polisario podría derivar en la reproducción de modelos ya conocidos en Yemen o Líbano: milicias armadas empleadas como herramientas de política exterior, territorios convertidos en plataformas de confrontación indirecta y sociedades atrapadas en conflictos de larga duración. En este marco, el apoyo argelino a lo que Washington considera una “entidad fantoche” se interpreta como un intento deliberado de crear una nueva zona de inestabilidad en África y a las puertas de Europa.
Las advertencias se apoyan también en revelaciones anteriores, como las del diario alemán Die Welt, que publicó el contenido de una conversación telefónica entre Mustapha Mohamed Lemine, antiguo representante del Polisario en Siria, y un responsable del Hezbollah libanés. En esa comunicación, el dirigente expresaba su respaldo a la construcción de un “eje de resistencia iraní” que se extendería desde los Altos del Golán hasta el Sáhara, pasando por el sur del Líbano y la Franja de Gaza. Una visión que sitúa a las milicias de Tinduf en el mapa de las redes proiraníes y no en el de una supuesta lucha por la autodeterminación.
Según esas mismas fuentes, el representante del Polisario habría llegado a solicitar a Hezbollah un refuerzo de la ayuda militar con el objetivo de preparar un ataque contra la representación diplomática de Israel en Marruecos. Al Ahdath recuerda que no sería un caso aislado; distintos dirigentes del Polisario han lanzado llamamientos a acciones violentas contra ciudades e intereses marroquíes, alentados —siempre según el diario marroquí— por altos responsables argelinos. En este contexto se inscribe también la información sobre una petición argelina a Irán para dotar a las milicias de Tinduf de drones de fabricación iraní.
La inquietud no se limita al Magreb. El periódico marroquí asegura que los servicios de inteligencia españoles han expresado su preocupación ante el perfil de procedentes de los campamentos de Tinduf, algunos de ellos con experiencia en el Sahel y vínculos con nebulosas yihadistas de la región. En un escenario marcado por la presión migratoria y la amenaza terrorista, la combinación de radicalización ideológica, entrenamiento militar y movilidad hacia Europa es percibida como un elemento de riesgo para la seguridad de España y del conjunto del continente.
Con todos estos elementos sobre la mesa —aproximación estructural a Irán, contactos con Hezbollah, discurso de “resistencia” armada, amenazas contra intereses marroquíes y potencial desestabilizador en Europa—, Al Ahdath Almaghribia señala que en Estados Unidos ganan peso las voces que reclaman la inclusión del Polisario en las listas de organizaciones terroristas. Una decisión de este tipo tendría un fuerte impacto diplomático y dejaría en evidencia el papel de Argelia, cuyo discurso oficial de apoyo “humanitario” quedaría aún más lejos de la realidad de unos campamentos utilizados como instrumento de presión estratégica y plataforma para alianzas de alto riesgo.
