Rue20 Español/ Fez
La adopción por parte de la Asamblea Nacional francesa de una resolución denunciando el histórico acuerdo migratorio de 1968 con Argelia ha provocado una reacción ambigua por parte del régimen argelino, que asegura no sentirse afectado mientras multiplica los gestos de descontento.
El texto, aprobado por un estrecho margen de un voto, no tiene carácter vinculante, pero su simbolismo político es fuerte. Impulsado por el partido de extrema derecha Rassemblement National (RN) y apoyado por formaciones como Horizons, liderada por el ex primer ministro Édouard Philippe, y Les Républicains, el documento denuncia los privilegios concedidos a los argelinos en materia de visados y reunificación familiar, herencia de un acuerdo firmado hace más de medio siglo.
Desde Argel, el ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, reaccionó a través de una entrevista en el canal local AL24, medio que el régimen suele utilizar para emitir mensajes sin recurrir a comunicados oficiales. En sus declaraciones, Attaf calificó la resolución de “asunto franco-francés”, intentando minimizar su alcance. Sin embargo, la propia existencia de la entrevista refleja una inquietud evidente dentro del gobierno argelino.
El jefe de la diplomacia argelina lamentó que “un país tan grande como Francia convierta la historia de un Estado soberano en un tema de competencia electoral anticipada”, acusando a los partidos franceses de utilizar a Argelia como herramienta política. Aun así, no pudo disimular el tono de sorpresa y molestia ante una decisión que, en realidad, no tiene efecto inmediato sobre el acuerdo bilateral.
Esta reacción contradictoria no es nueva. En el pasado, el propio presidente Abdelmadjid Tebboune había intervenido personalmente para rechazar la posibilidad de abrogar el acuerdo, interpretando cualquier revisión como una provocación. Ahora, el ministro Attaf insiste en que Argelia “no responderá mientras no se convierta en una cuestión gubernamental”, aunque el simple hecho de dedicarle un discurso público desmiente esa pretendida indiferencia.
La crisis diplomática entre Argel y París, abierta desde 2024 tras el apoyo francés al plan de autonomía marroquí para el Sáhara, sigue ampliándose con cada nuevo episodio. La dirigencia argelina parece atrapada entre el deseo de mostrarse firme ante Francia y la necesidad de mantener abiertos los canales de cooperación. Esta doble postura, marcada por el orgullo y la contradicción, refuerza la imagen de un régimen que reacciona más por reflejo político que por una estrategia diplomática coherente.
