Rue20 Español/Rabat
Marruecos se consolida como un actor clave en la estrategia africana de Rusia, atrayendo una atención significativa de Moscú en vísperas de la próxima cumbre Rusia-África prevista para 2026.
Un estudio reciente de María Laura Fernández Pinola, publicado por la Universidad de la Defensa Nacional de Argentina, destaca el creciente papel de Marruecos en el tablero geopolítico africano, evidenciado por el fortalecimiento de los lazos energéticos, diplomáticos y militares entre Rabat y Moscú.
El análisis de Fernández Pinola subraya un cambio de postura de Rusia respecto al Sáhara marroquí, mostrando un acercamiento a la posición de Rabat en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Además, el interés de Marruecos en adquirir un submarino ruso en 2022, sumado a la creciente frecuencia de encuentros diplomáticos de alto nivel entre ambos países desde 2023, confirma la profundización de esta relación estratégica.
El estudio contextualiza este acercamiento dentro de una expansión más amplia de la influencia rusa en África. Fernández Pinola recuerda las cumbres Rusia-África celebradas en Sochi (2019) y San Petersburgo (2023), así como las conferencias ministeriales en Sochi (2023) y la prevista en El Cairo (2025), como hitos de esta creciente cooperación.
La autora destaca la firma de acuerdos de cooperación técnica y militar entre Rusia y cuarenta países africanos desde 2005, mencionando la presencia del grupo Wagner y el Africa Corps como ejemplos de la implicación militar rusa en el continente.
El análisis de Fernández Pinola explora las diversas formas de cooperación bilateral entre Rusia y varios países africanos, desde Argelia hasta Zambia. Señala la cooperación militar y energética con Argelia, incluyendo ejercicios conjuntos como «Desert Shield», y la dependencia argelina del armamento ruso. En el caso de Egipto, se menciona la cancelación de la compra de aviones Su-35 por deficiencias técnicas, mientras que la cooperación energética continúa con la construcción de la central nuclear de Dabaa por Rosatom.
El estudio también documenta la presencia militar rusa en Libia, la cooperación nuclear y militar con Túnez, la construcción de una base rusa en Sudán, el suministro de armas a Nigeria, el interés de Rosatom en construir una central nuclear en Ghana, la formación de marineros etíopes por parte de Rusia, el apoyo ruso a la defensa de Burundi, la cooperación en inteligencia y seguridad con Tanzania, y la histórica asistencia militar rusa a Zambia.
Fernández Pinola concluye que la retirada de las tropas francesas de varios países africanos abre espacio para una mayor influencia rusa, y que el apoyo popular a la cooperación con Moscú refuerza esta tendencia.
La autora sugiere que el futuro de estas relaciones dependerá en parte del resultado de la guerra en Ucrania, pero que, en general, la visión de un mundo multipolar promovida por Vladimir Putin está ganando terreno en África, con Marruecos en una posición central.
