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El grupo paramilitar ruso Wagner anunció el viernes su salida de Malí, tras una presencia en el país saheliano desde 2021. La noticia, recibida con júbilo en Argelia, marca un punto de inflexión en la dinámica regional, aunque la realidad sobre el terreno es más compleja que una simple retirada. Mientras Argel celebra una «victoria diplomática», Moscú consolida su influencia a través de una nueva estructura, Africa Corps.
Wagner, contratado por el gobierno maliense para combatir a grupos terroristas y rebeldes del Azawad, justifica su salida tras cuatro años de operaciones alegando el cumplimiento de su misión. Sin embargo, la situación de seguridad en Malí sigue siendo precaria.
Ataques recientes, incluyendo uno reivindicado por el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), afiliado a Al Qaeda, en Boulkessi (región de Mopti), así como asaltos al aeropuerto de Tombuctú y a un puesto militar en Mahou, evidencian la persistente amenaza.
La prensa argelina ha interpretado la retirada de Wagner como un triunfo de su diplomacia. Medios como TSA, citando al fundador de Mena défense, sugieren que la presión ejercida por Argel, incluyendo presiones fronterizas y apoyo político al Frente de Liberación del Azawad, forzó la decisión de Moscú.
Algérie Patriotique, por su parte, califica la retirada como una «victoria sin trofeo» y un ejemplo de la influencia de la diplomacia regional. El medio, cercano al régimen argelino, subraya la «injerencia opaca, la depredación económica y la brutalidad» que, según afirma, caracterizaron la presencia de Wagner.
No obstante, la narrativa de una retirada completa de la influencia rusa es cuestionable. Diversas fuentes indican que los mercenarios de Wagner no regresarán a Moscú, sino que se integrarán a Africa Corps, una nueva formación paramilitar bajo el control directo del Ministerio de Defensa ruso. Compuesta por aproximadamente 1.500 hombres, Africa Corps cuenta con un 80% de ex-miembros de Wagner y ya ha iniciado su despliegue en Malí desde diciembre de 2024, coincidiendo con la retirada progresiva de Wagner.
Este cambio estratégico parece responder a la necesidad de Moscú de centralizar el control de las operaciones en Malí, en contraste con la mayor autonomía que disfrutaba Wagner. Aunque el grupo paramilitar ruso declara haber cumplido su misión con éxito, la realidad en Malí dista mucho de la estabilidad.
La amenaza terrorista y la inestabilidad generada por los separatistas tuareg del Azawad persisten. A pesar de los resultados ambiguos de la intervención de Wagner, Bamako mantiene su alianza con Rusia en materia de seguridad, con la esperanza de estabilizar el país y contener la amenaza terrorista.
