Rue20 Español/Rabat
Hoy, jueves 8 de mayo, el Príncipe Heredero Moulay El Hassan cumple 22 años. Desde su infancia, su presencia en actos oficiales ha sido discreta pero constante, como si la monarquía marroquí cultivara en él, con paciencia, la sobriedad de los tiempos largos.
A diferencia de otras casas reales que exponen a sus herederos en exceso, Marruecos ha optado por formar al joven príncipe en silencio, lejos del ruido y el culto a la imagen.
Hijo primogénito del rey Mohamed VI y de la princesa Lalla Salma, Moulay El Hassan nació en Rabat el 8 de mayo de 2003. Recibió su educación en el Colegio Real y actualmente prosigue estudios en Gobernanza y Ciencias Sociales en la Universidad Politécnica Mohammed VI. Su formación combina el estudio académico con el aprendizaje institucional: escuchar, representar al país con compostura y asimilar los matices del protocolo. Todo ello forma parte del proceso que prepara al heredero para sostener, en el futuro, una institución cargada de historia y depositaria de muchas expectativas.
En estos últimos años, su papel se ha vuelto más visible. Ha representado al Reino en cumbres internacionales, recibido mandatarios extranjeros y presidido ceremonias oficiales. En algunos de estos actos, su imagen ha suscitado comentarios por un gesto particular: rechazar que le besen la mano. Un detalle que, más que irreverencia, muestra una sensibilidad hacia los códigos de una nueva generación. El mismo gesto ya fue adoptado por su bisabuelo, Mohamed V.
Su figura refleja una cierta evolución en la percepción del poder real: menos teatralidad, más cercanía. No se trata de romper con la tradición, sino de habitarla con naturalidad. Sin proclamas. Su compostura transmite naturalidad, fruto del ejemplo directo de su padre y de una formación forjada en la escuela silenciosa de las responsabilidades asumidas con mesura.
En un momento en que Marruecos refuerza su proyección internacional y su papel regional, la preparación del príncipe representa mucho más que un rito dinástico. Es una inversión pensada en clave de estabilidad. El Reino forma a un heredero con perfil reflexivo, atento a los desafíos globales y preparado para expresarse con el lenguaje de su tiempo, desde la profundidad de su historia.
A los 22 años, Moulay El Hassan habla con su presencia: mesurada, discreta, elocuente. Representa una forma serena de acompañar la evolución del país desde una institución en transformación, arraigada en la historia. Su juventud encarna una expectativa paciente, una promesa que se perfila con firmeza, sin urgencias ni estridencias.
