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miércoles, junio 10, 2026

Argelia pasa de la dureza con España-Francia a la blandura ante EEUU por el Sáhara marroquí

 

Rue20 Español/Rabat

A diferencia de las virulentas reacciones que siguieron al apoyo de España al plan de autonomía marroquí y al respaldo francés a la marroquinidad del Sáhara, la respuesta de Argelia a la confirmación por parte de Washington de la soberanía de Marruecos sobre sus provincias del Sur ha sido sorprendentemente tenue.

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Las habituales condenas, denuncias, bravuconadas y amenazas de represalias han sido sustituidas por un silencio casi pusilánime. Ante la administración Trump, el régimen argelino parece haberse doblegado de manera patética.

El comunicado oficial de Argelia revela la inconsistencia e incoherencia del régimen en su gestión del conflicto del Sahara. Mientras que en el pasado Argel lanzaba verdaderos manifiestos contra las potencias que apoyaban la posición de Marruecos, en esta ocasión se ha limitado a acusar recibo y a «lamentar» tímidamente la decisión estadounidense. La diferencia radica en el interlocutor: los Estados Unidos de América.

Argel ha «tomado conocimiento» de la confirmación de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, expresada por el secretario de Estado Marco Rubio durante su encuentro con su homólogo Nasser Bourita.

En un lacónico comunicado, donde cada palabra parece cuidadosamente sopesada, la diplomacia argelina se limita a «lamentar» este apoyo renovado. Incluso intenta minimizar la posición estadounidense, presentándola como un simple apoyo al plan de autonomía como «única solución al conflicto», obviando que Washington reconoce explícitamente la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental.

Más allá de este «detalle», la reacción argelina contrasta con sus habituales arrebatos. El tono es mesurado, circunspecto. Argelia «lamenta la confirmación de esta posición por parte de un miembro permanente del Consejo de Seguridad del que se espera normalmente que dé muestras de respeto a la legalidad internacional en general y a las resoluciones del Consejo de Seguridad en particular».

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Con un lenguaje pretendidamente onusiano, «precisa» que «el Sáhara sigue siendo un territorio no autónomo» e «inscribirse fuera de este marco no sirve a la causa de la solución de este conflicto».

¿Dónde están las amenazas?

Las amenazas de cortar el suministro de recursos y la llamada a consultas del embajador, habituales en situaciones similares, brillan por su ausencia. No hay ruptura de relaciones comerciales ni de la cooperación en materia de seguridad, acciones que sí se tomaron tras el apoyo de España y Francia a la posición marroquí. Frente a Estados Unidos, Argelia se lamenta en voz baja.

La tibieza de la respuesta argelina contrasta con la ruptura de 19 meses decretada tras el apoyo español a la marroquinidad del Sáhara, cuando Argel llamó a consultas a su embajador.

También difiere de la reacción ante el supuesto cambio de postura de Francia, que incluyó la retirada del embajador, la movilización de la diáspora, la detención del escritor Boualem Sansal, chantajes y restricciones a operadores económicos franceses.

En esta ocasión, Argelia se limita a una indignada murmuración, probablemente consciente de que la administración Trump no se anda con rodeos. Ni siquiera ha llamado a consultas a su embajador en Washington, Sabri Boukadoum.

Esta pusilanimidad da munición a Madrid y París, demostrando que el «orgullo» argelino se desvanece ante la posibilidad de una respuesta contundente. Este hecho podría animar a otros países a reconocer plenamente la marroquinidad del Sáhara, sin temor a las represalias de un régimen argelino ahora desprestigiado.

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