Rue 20 Español / Rabat
En un encuentro clave el 8 de abril de 2025, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reafirmó el compromiso de su país con la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Esta postura, mantenida desde los últimos días del primer mandato de Donald Trump, subraya el firme respaldo de Washington a la integridad territorial de Marruecos.
Rubio destacó la Propuesta de Autonomía de Marruecos como la única base viable para una solución duradera al conflicto, ratificando la visión estadounidense de un futuro pacífico que preserve la soberanía de Marruecos y contemple una autonomía significativa para las regiones en disputa. Este respaldo, lejos de ser un gesto simbólico, marca un cambio estratégico en las relaciones internacionales, consolidando a Marruecos como un actor clave en la región. Al reconocer la soberanía marroquí, Estados Unidos ha fortalecido aún más su relación con Rabat, subrayando la importancia de este país en la estabilidad y seguridad regional. Este paso coloca a Estados Unidos en una posición privilegiada, reforzando su influencia sobre los actores clave en el Magreb.
La postura estadounidense, que califica la propuesta de autonomía marroquí como “seria, creíble y realista”, ha eliminado cualquier ambigüedad sobre la solución política al conflicto. Washington ha sido tajante al reiterar que no existen alternativas viables fuera del marco planteado por Marruecos, pese a las objeciones de actores internacionales que defienden enfoques diferentes, como el llamado “derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui”.
Para aquellos que aún se aferran a la idea de un “referéndum de autodeterminación”, el apoyo estadounidense supone un golpe contundente a sus expectativas. El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara no se limita a un respaldo político: es también una afirmación de la realidad histórica y geográfica de la región. En este nuevo escenario, el entorno diplomático se transforma, y quienes no comparten la visión de Washington se ven cada vez más relegados.
En este clima de reafirmación sólida e inequívoca de la soberanía marroquí, no debe de reinar precisamente la calma en los salones del palacio de El Mouradia. El reciente respaldo renovado de Washington, lejos de ser una sorpresa, parece haber provocado una suerte de incomodidad estratégica en Argel, que durante décadas ha invertido capital político, diplomático y económico en un proyecto que hoy enfrenta el desgaste de los hechos. La apuesta de Argelia por un enfoque de confrontación, apoyando abiertamente al Frente Polisario, se ve cada vez más desfasada ante la consolidación de una visión internacional centrada en la propuesta marroquí de autonomía. La firmeza estadounidense ha alterado el equilibrio, empujando a Argelia a reconsiderar sus antiguas certezas. Quizá aún no haya pánico, pero la necesidad de revisar el guión ya no puede ocultarse —ni siquiera detrás de comunicados solemnes o de silencios prolongados que buscan disimular la evidente incomodidad.
El desafío para Argelia es tan diplomático como ideológico. La insistencia en una solución basada en la “autodeterminación” choca con la realidad impuesta por las potencias mundiales, entre ellas Estados Unidos, que han decidido priorizar la estabilidad regional y el reconocimiento de las fronteras existentes. Los próximos pasos de Argelia, por tanto, estarán bajo el escrutinio internacional, con cada movimiento calculado para mantener su influencia en el Magreb sin antagonizar a sus socios internacionales.
La claridad en la postura de Estados Unidos también resalta la importancia de la soberanía marroquí en la región, tanto como principio geopolítico como como realidad irrefutable que no puede ser alterada por las dinámicas del pasado.
La postura de Estados Unidos es una reafirmación del apoyo a Marruecos y refleja los intereses geopolíticos de las grandes potencias. Este respaldo a la soberanía marroquí, que se ha consolidado bajo el liderazgo de Trump, coloca a Marruecos en una posición sólida en el escenario internacional. Frente a los pocos que aún defienden soluciones alternativas, Estados Unidos ha demostrado, una vez más, que la estabilidad regional y el respeto a las fronteras existentes son la base para una paz duradera en el Magreb y más allá.
