Rue20 Español/Rabat
Argelia, el país más extenso de África, se enfrenta a crecientes acusaciones de fomentar la inestabilidad en la región del Sahel.
Informes de institutos, periodistas especializados, expertos geopolíticos y países vecinos apuntan a una compleja estrategia argelina de apoyo y manipulación de grupos yihadistas para consolidar sus ambiciones regionales y desestabilizar a sus vecinos.
Mientras Argelia refuerza la vigilancia en sus extensas fronteras sahelo-saharianas para contener la amenaza yihadista, se la acusa de permitir el paso a líderes extremistas que buscan refugio en su territorio.
Esta aparente contradicción alimenta la desconfianza de sus vecinos, especialmente Níger y Malí, quienes han denunciado públicamente el rol desestabilizador de Argelia y su supuesto apoyo a grupos terroristas.
El caso de Malí ilustra la complejidad de la situación. Argelia es acusada de ofrecer refugio a líderes yihadistas que huyen del norte del país. Un ejemplo emblemático es Iyad Ag Ghali, líder del grupo Ansar Dine, buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad. Ag Ghali, figura clave en la fusión de varios grupos vinculados a Al Qaeda en la región, mantiene supuestos vínculos con los servicios de inteligencia argelinos, según diversos informes. Su trayectoria, desde sus inicios como rebelde tuareg hasta su conversión al islamismo radical, lo ha llevado a liderar ataques que resultaron en la toma de ciudades como Tombuctú y Kidal en 2012.
La influencia de Ag Ghali se extiende más allá de Malí, llegando a Burkina Faso. El Wall Street Journal ha documentado su transformación, desde músico del grupo Tinariwen hasta líder terrorista. Miles de combatientes tuaregs, muchos de ellos entrenados en Libia, se unieron a su grupo tras la caída de Gadafi, contribuyendo a la inestabilidad regional.
Las acusaciones contra Argelia no se limitan a Malí. Níger también denuncia los vínculos de Argelia con movimientos separatistas tuaregs y grupos armados como Jama’at Nusrat Al Islam wa al-Muslimin, así como con figuras políticas radicales.
En abril de 2024, la consultora Menas Associates reveló que Rusia, a través de su viceministro de Asuntos Exteriores, Mikhail Bogdanov, habría advertido a Argelia sobre su comportamiento «imperialista» y «paternalista» en el Sahel.
Según fuentes rusas citadas por Menas Associates, Rusia habría instado a Argelia a detener su juego desestabilizador, bajo amenaza de ser incluida en la lista negra de países con los que se suspenderían las relaciones diplomáticas.
La política exterior de Argelia ha sido objeto de controversia durante décadas. Su apoyo al Frente Polisario en la cuestión del Sáhara marroquí y las recientes tensiones con Mauritania, que busca distanciarse de la influencia argelina, contribuyen a la percepción de Argelia como un actor desestabilizador en la región.
Analistas señalan que esta postura se remonta a la Década Negra, cuando los servicios de inteligencia argelinos utilizaron a organizaciones terroristas para combatir a la oposición islámica.
La situación en el Sahel sigue siendo compleja y volátil. Las acusaciones contra Argelia plantean serias interrogantes sobre su rol en la región. La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de los acontecimientos y las posibles consecuencias de la inestabilidad en el Sahel.
