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Marruecos se posiciona como alternativa atractiva para la industria automovilística, aprovechando las dificultades que enfrenta España en este sector.
La caída de España del octavo al noveno puesto mundial en producción de automóviles, junto con una disminución superior al 15% en lo que va de año, ha abierto una ventana de oportunidad para el Reino.
El reciente caso de la fabricación del Citroën C4, transferida de una planta española a Marruecos, ilustra esta tendencia. Si bien la planta española de Villaverde continuará produciendo otros modelos, el incidente revela la creciente competitividad de Marruecos en el sector.
Esta competitividad se basa en costes laborales significativamente más bajos: un operario marroquí percibe menos de 600 euros mensuales, una cifra muy inferior a la de sus homólogos europeos.
A pesar de que la reconversión de la industria española hacia vehículos eléctricos podría explicar parte de la caída en la producción, el crecimiento de la producción automovilística marroquí, superior al 12% anual, y su reciente logro de superar el medio millón de unidades producidas en 2024, consolidan su posición como principal productor de automóviles en África. Esta expansión se da en un contexto donde la producción en Europa se ve afectada por altos costes laborales, energía y una legislación medioambiental más restrictiva.
Marruecos, con sus costes de producción más bajos y una legislación medioambiental menos exigente, se presenta como un destino atractivo para fabricantes que buscan reducir costes.
El potencial de crecimiento de Marruecos en este sector es considerable, con ambiciones de convertir Tanger Med en uno de los mayores intercambiadores de coches del mundo. La situación actual sugiere que Marruecos está bien posicionado para seguir captando una parte significativa de la producción automovilística que antes se concentraba en España.
