Rue20 Español/Rabat
En Argelia, las palabras pueden costar la libertad. Boualem Sansal, escritor franco-argelino y una de las voces críticas más reconocidas del país, se enfrenta a una posible condena de diez años de prisión. Su delito: haber expresado opiniones que incomodan al régimen. Un juicio que deja en evidencia, una vez más, la intolerancia de las autoridades argelinas ante cualquier pensamiento disidente.
La fiscalía de Argel le acusa de «atentar contra la integridad territorial» y de «prácticas que afectan la economía nacional». Sin embargo, detrás de estos cargos rimbombantes, el caso de Sansal parece más bien una vendetta política. Sus declaraciones en las que señaló que el territorio argelino se configuró a costa de Marruecos han desatado la furia del régimen, que no tolera que se cuestione su narrativa oficial. Y es que en la Argelia de hoy, la historia no se debate, se impone.
El juicio de Sansal no es únicamente el enjuiciamiento de un intelectual; es un mensaje claro para todo aquel que ose desafiar al poder. En un país donde la censura es norma y la represión se ejerce sin disimulo, su caso pone en evidencia la fragilidad de las libertades fundamentales en Argelia. Que un escritor de renombre internacional pueda ser encarcelado por sus ideas ilustra la deriva autoritaria de un régimen que cada vez se siente más acorralado.
Mientras en Francia y en otros rincones del mundo se alzan voces en su defensa, en Argelia la maquinaria represiva sigue su curso. El 27 de marzo se dictará sentencia, pero el veredicto real ya está escrito: el pensamiento libre sigue siendo un crimen en Argelia. Y eso, más que cualquier discurso oficial, dice mucho sobre el estado del país.
