Rue20 Español/Rabat
La reciente escalada de tensiones comerciales con Estados Unidos, marcada por la imposición de aranceles por parte de la administración Trump, ha obligado a Canadá a reevaluar sus estrategias económicas y buscar la diversificación de sus socios comerciales.
En este contexto, Marruecos emerge como un aliado estratégico clave para Ottawa, ofreciendo estabilidad, acceso a nuevos mercados y oportunidades de cooperación en sectores de futuro.
La dependencia de Canadá del mercado estadounidense se ha convertido en una vulnerabilidad ante las políticas proteccionistas de Washington.
Para mitigar este riesgo, el Gobierno canadiense debe explorar nuevos horizontes comerciales, particularmente en África.
Marruecos, reconocido por su estabilidad política y económica, se presenta como la puerta de entrada ideal a este continente. Su ubicación geoestratégica, junto con una extensa red de acuerdos comerciales, lo convierte en un socio invaluable para Canadá en su búsqueda de diversificación.
«Ante el auge del proteccionismo, Ottawa debe asegurar sus exportaciones y garantizar el acceso fluido a nuevos mercados», afirma Rafik Lahlou, presidente del Consejo de Negocios Marruecos-Canadá, afiliado a la CGEM.
«Marruecos ofrece un acceso privilegiado no solo a África, sino también a Europa, Oriente Medio y las principales potencias económicas mundiales», asegura.
Lahlou destaca las oportunidades de cooperación en sectores clave para Canadá, como los fosfatos, los productos agrícolas y las energías renovables.
Marruecos, un importante productor de fosfatos y con un sector agrícola en desarrollo, puede convertirse en un proveedor confiable para Canadá.
Además, la experiencia marroquí en energías renovables y su creciente presencia en África Occidental representan una oportunidad para la colaboración y la expansión de las empresas canadienses en la región.
«Si Canadá reconoce la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara, esto podría facilitar la firma de un acuerdo de libre comercio, abriendo así el camino a una asociación mutuamente beneficiosa», añade Lahlou.
Un acuerdo de este tipo permitiría a las empresas canadienses acceder al mercado marroquí con mayor facilidad, al tiempo que se benefician de la conexión con los mercados de África Occidental.
Marruecos también se perfila como una plataforma atractiva para la inversión canadiense, especialmente en sectores de alto crecimiento como la aeronáutica y la fabricación de baterías para vehículos eléctricos. La industria aeronáutica marroquí, con más de 140 empresas y 20.000 empleados, ofrece oportunidades para compañías como Bombardier, que ya tiene presencia en el país. Asimismo, los recursos de cobalto de Marruecos y su apuesta por las energías renovables crean un entorno propicio para el desarrollo de la industria de baterías, un sector crucial para el futuro del automóvil.
La diversificación de las relaciones comerciales y la búsqueda de nuevos socios estratégicos son imperativos para Canadá en el actual contexto geopolítico. Un acercamiento a Marruecos no solo representa una oportunidad económica, sino también una apuesta por la estabilidad y la cooperación a largo plazo. Ignorar este potencial sería un error estratégico para Ottawa, privándola de un acceso privilegiado a un continente en pleno crecimiento y a un socio clave en un mundo en constante transformación.
