Rue20 Español/ Bouzenika
En medio de la rivalidad entre Trípoli y Bengasi, Libia conmemora el 14.º aniversario de la Revolución del 17 de febrero, que derrocó a Muamar el Gadafi, el líder que gobernó el país magrebí con mano de hierro durante décadas.
Con motivo de esta ocasión, es importante destacar el papel de Marruecos en este conflicto, donde ha desempeñado una función clave en la mediación entre las facciones libias al ser un país neutral en la crisis.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos ha organizado y facilitado varias rondas de diálogo político, incluidos los Acuerdos de Sjirat (2015) y las conversaciones de Bouznika (2020 y 2024), dos hitos fundamentales en la búsqueda de una solución definitiva para la crisis libia.
En declaraciones al periódico digital Hespress, Idris Ahmid, analista político libio, señaló que la intervención de la OTAN en Libia favoreció intereses extranjeros en lugar de contribuir a la estabilidad del país.
«Las elecciones de 2012 fueron dominadas por el islam político, lo que generó conflictos y desembocó en la guerra de 2014 en Trípoli», afirmó el analista, antes de destacar el papel de Marruecos como un mediador imparcial y su compromiso con la estabilidad sin imponer decisiones externas.
Por otro lado, el profesor de relaciones internacionales Mohamed Atif menciona que el régimen de Gadafi debilitó las instituciones del país y favoreció el tribalismo. Bajo su mandato, «Libia sufrió una fuerte polarización ideológica y la proliferación de grupos armados», explicó.
«Marruecos fue uno de los primeros países en reconocer al Consejo Nacional de Transición libio y ha trabajado en coordinación con la ONU, la Unión Africana y la Liga Árabe para impulsar soluciones políticas», subrayó el profesor.
Marruecos, en general, ha priorizado el diálogo político sobre las intervenciones militares, manteniendo una postura neutral y equilibrada, lo que le ha permitido ganarse la confianza de los actores libios e internacionales. Sin embargo, su mediación enfrenta diversos obstáculos, entre ellos la influencia de países vecinos que aún persiguen sus propios intereses, contribuyendo así a una Libia dividida e inestable.
