Rue20 Español/ Fez
El reciente desarrollo dentro de la Unión Africana confirma la consolidación del enfoque diplomático marroquí en el continente. Marruecos ha logrado, una vez más, evitar que el expediente del Sáhara sea incluido en la agenda de la cumbre de la organización, a pesar de los intentos recurrentes de quienes persisten en mantener debates estériles alejados del contexto legítimo del Consejo de Seguridad de la ONU.
Más allá de ser un triunfo puntual, este episodio es una prueba palpable del declive del apoyo a las tesis separatistas dentro de la Unión Africana. Desde su retorno a la organización en 2017, Rabat ha trabajado meticulosamente en una estrategia que combina diplomacia activa y cooperación económica, garantizando que las discusiones en el seno de la institución se enfoquen en cuestiones clave para el desarrollo del continente, en lugar de servir como plataforma para conflictos artificiales.
El cambio en las dinámicas del organismo no es casualidad. La política marroquí ha erosionado el antiguo escenario en el que ciertos Estados instrumentalizaban la Unión Africana para desafiar la integridad territorial del Reino. Hoy, el consenso regional apunta en otra dirección: el Sáhara es un expediente que pertenece exclusivamente a la ONU y no tiene cabida en foros donde el pragmatismo y la integración económica han tomado el relevo.
Para Argelia y sus aliados, este giro representa un revés estratégico. Se confirma que la Unión Africana no es un escenario alternativo para sus maniobras, y que la narrativa separatista ha perdido peso frente a una mayoría de países africanos que apuestan por el desarrollo y la estabilidad. La ecuación es sencilla: Marruecos se presenta como un socio fiable, con inversiones concretas y una visión integradora, mientras que el discurso de la división sigue anclado en esquemas de la Guerra Fría que ya no encuentran eco en la nueva África.
La evolución de esta cuestión dentro de la Unión Africana refleja una tendencia más amplia. Cada vez más países reconocen el plan de autonomía marroquí como la única solución realista y viable al conflicto, alineándose con la postura mayoritaria en la comunidad internacional. Esto confirma el éxito de la diplomacia marroquí, poniendo en evidencia el aislamiento progresivo de aquellos que siguen apostando por la confrontación.
Marruecos ha entendido que su presencia en la Unión Africana no debía limitarse a ocupar un asiento, sino a reconfigurar el debate y consolidar alianzas estratégicas. Los frutos de esta estrategia son evidentes: la cuestión del Sáhara ya no monopoliza las reuniones de la
