Rue20 Español/Alhucemas
Fikri SOUSSAN*
Marruecos ha construido una relación sólida con las monarquías del Golfo, basada en intereses estratégicos, económicos y geopolíticos compartidos. Este vínculo refuerza su posición en el mundo árabe y lo convierte en un actor clave para otras regiones, como América Latina y el Caribe, interesadas en diversificar sus socios comerciales y estratégicos.
Para muchos latinoamericanos, la relación de Marruecos con las monarquías del Golfo árabe puede parecer un vínculo meramente diplomático o comercial. Sin embargo, estos lazos son mucho más profundos y responden a factores históricos, religiosos y estratégicos que han consolidado una alianza que trasciende los intereses coyunturales.
Desde la década de los setenta, Marruecos ha mantenido una relación privilegiada con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y, en menor medida, con el resto de los países del Golfo. Esta afinidad se basa en una visión compartida del islam sunita, la estabilidad política y la estructura monárquica de sus regímenes. En un contexto de fuertes presiones geopolíticas y el auge de movimientos insurgentes y separatistas en el mundo árabe, Rabat y las monarquías del Golfo han desarrollado un bloque de cooperación frente a amenazas comunes.
Uno de los pilares de esta relación es el respaldo inequívoco de las monarquías del Golfo a la marroquinidad del Sáhara. Desde la organización de la Marcha Verde en 1975, los países del Golfo han sido aliados clave en la defensa de la integridad territorial de Marruecos. En todas las cumbres del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), el apoyo a la posición marroquí ha sido una constante, alineándose con el reconocimiento internacional que ha ganado el plan de autonomía propuesto por Rabat en 2007.
El factor geopolítico también ha sido determinante. La relación entre Marruecos y los Estados del Golfo se intensificó después de la Primavera Árabe de 2011. Ante el desmoronamiento de varios regímenes republicanos en el mundo árabe, el Golfo buscó reforzar alianzas con las monarquías existentes, considerando a Marruecos un socio confiable y estable. De hecho, en 2011 se propuso la adhesión de Marruecos y Jordania al CCG, lo que, aunque no se concretó, marcó un punto de inflexión en la política exterior del bloque.
El respaldo mutuo también se ha manifestado en el ámbito militar. En 2015, Marruecos envió tropas a la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen, reafirmando su compromiso con la seguridad del Golfo. A cambio, el Golfo ha apoyado financieramente proyectos clave en Marruecos, incluyendo el desarrollo del puerto Tánger Med y la modernización de las Fuerzas Armadas Reales.
En el aspecto económico, los países del Golfo han sido una fuente importante de inversión para Marruecos, especialmente en sectores como el inmobiliario, la energía y las infraestructuras. En 2016, Arabia Saudita anunció una inversión de 22 mil millones de dólares en Marruecos, consolidando el país como un socio prioritario en el Magreb. Además, las monarquías del Golfo han proporcionado ayuda financiera en momentos críticos, como los 5 mil millones de dólares transferidos entre 2012 y 2017 para proyectos de desarrollo.
América Latina y el Caribe: Una oportunidad para la cooperación con el Golfo
Para América Latina, la relación Marruecos-Golfo puede verse como un modelo de diplomacia pragmática y de integración basada en intereses estratégicos comunes. Mientras algunos países de la región han optado por un acercamiento al Golfo motivado exclusivamente por intereses comerciales, Marruecos ha tejido una alianza que abarca lo político, lo militar y lo económico, logrando consolidarse como un socio indispensable para las monarquías árabes. En un mundo cada vez más polarizado, este tipo de asociaciones resultan clave para la estabilidad y el desarrollo regional.
En este sentido, los países de América Latina y el Caribe han comenzado a fortalecer sus lazos con las monarquías del Golfo, aunque este proceso aún tiene mucho margen de crecimiento. En 2018, el comercio bilateral entre ambas regiones alcanzó los 16.300 millones de dólares, con Brasil y Argentina como principales actores. Países como Colombia han identificado oportunidades para dinamizar las relaciones comerciales y de inversión con el CCG, especialmente en sectores como infraestructura, agricultura y minería. Paraguay, por su parte, ha profundizado su cooperación con la región a través de su embajada en Catar, encargada de gestionar las relaciones con todos los países del Golfo, incluyendo Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Baréin. Desde 2002, Paraguay y Catar han mantenido relaciones diplomáticas, y en 2023 Asunción designó un nuevo embajador en Doha para impulsar aún más estos vínculos.
Panamá también ha reconocido el potencial de cooperación con el Golfo Pérsico. En 2019, Ciudad de Panamá fue sede de la tercera edición del Global Business Forum Latin America, organizado por la Cámara de Comercio e Industria de Dubái, marcando un esfuerzo sin precedentes por estrechar los lazos comerciales entre ambas regiones. Este foro, realizado por primera vez fuera de los Emiratos Árabes Unidos, subrayó la importancia de la integración económica y las oportunidades de inversión. La política exterior panameña ha identificado a los países del Golfo como socios estratégicos, con un énfasis en el comercio, la inversión y el desarrollo económico.
Chile, por su parte, ha dado pasos concretos para fortalecer sus relaciones con el Golfo. En 2023, anunció la reapertura de su embajada en Arabia Saudita, cerrada desde 1996, con el objetivo de estrechar lazos diplomáticos y comerciales con la región. Esta iniciativa refleja el interés chileno en consolidar su presencia en los mercados del Golfo y ampliar sus oportunidades comerciales.
Argentina también ha buscado fortalecer sus vínculos con la región, aunque con un enfoque más limitado en comparación con otros países latinoamericanos. Su participación en iniciativas de cooperación e inversión con las naciones del Golfo sugiere una voluntad de explorar nuevas oportunidades en áreas clave como comercio, energía e infraestructura.
Un ejemplo de este acercamiento es la visita del expresidente brasileño Jair Bolsonaro a Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos, en busca de fortalecer los lazos económicos y políticos. Asimismo, las monarquías del Golfo han emergido como actores significativos en la cooperación internacional al desarrollo, ofreciendo ayuda y estableciendo programas en diversas regiones, incluyendo América Latina.
Marruecos como puente entre ambas regiones
En este contexto, Marruecos se perfila como un puente idóneo para fortalecer los lazos entre América Latina y los países del Golfo. Su posición geopolítica y su sólida relación con las monarquías árabes le permiten ser un facilitador clave en la creación de nuevas oportunidades comerciales, inversiones y alianzas estratégicas. A lo largo de las últimas décadas, Marruecos ha consolidado una política exterior flexible y diversificada que lo posiciona como un interlocutor privilegiado tanto en el mundo árabe como en otros mercados emergentes.
Este papel de mediador entre ambas regiones se ve favorecido por varios factores. En primer lugar, Marruecos cuenta con tratados de libre comercio y acuerdos de cooperación con varios países latinoamericanos, lo que lo convierte en una puerta de entrada natural para las empresas y gobiernos del Golfo que buscan expandirse en el continente americano. En segundo lugar, su pertenencia a la Liga Árabe y a la Unión Africana le otorga una posición estratégica dentro de la diplomacia regional, lo que le permite actuar como un puente diplomático entre América Latina y los Estados del Golfo.
Además, Marruecos ha logrado atraer importantes inversiones de las monarquías del Golfo en sectores clave como infraestructura, energías renovables, turismo y tecnología. Este mismo modelo de cooperación podría replicarse con los países latinoamericanos interesados en diversificar sus mercados y acceder a financiamiento proveniente del Golfo. Empresas latinoamericanas del sector agrícola, minero, energético y de manufactura podrían beneficiarse de un mayor acceso a capital e inversiones estratégicas a través de Marruecos.
Otro aspecto relevante es el fortalecimiento del comercio interregional. Actualmente, los flujos comerciales entre América Latina y el Golfo aún son limitados en comparación con otras regiones. Marruecos, con su experiencia en la facilitación del comercio con el mundo árabe, podría jugar un papel clave en la logística y distribución de productos latinoamericanos en mercados del Golfo, y viceversa. Su infraestructura portuaria, especialmente con proyectos de envergadura como el puerto de Tánger Med, lo convierte en un centro de redistribución de mercancías con conexiones eficientes tanto hacia América Latina como hacia el Golfo.
El aprovechamiento de este vínculo podría generar beneficios significativos para ambas regiones, diversificando sus socios comerciales y ampliando sus horizontes en un escenario global en constante transformación. Si América Latina y el Caribe logran consolidar su presencia en el Golfo con una estrategia estructurada, Marruecos podría desempeñar un papel crucial como mediador, aprovechando su experiencia y su cercanía con ambas partes. Además, este proceso fortalecería los lazos económicos y, al mismo tiempo, fomentaría intercambios culturales y educativos, promoviendo un mayor entendimiento entre ambas regiones.
En definitiva, Marruecos se encuentra en una posición única para conectar a América Latina con el mundo árabe, fomentando alianzas estratégicas que trasciendan lo comercial y se expandan hacia la cooperación en innovación, tecnología y desarrollo sostenible. El futuro de esta relación dependerá de la capacidad de los gobiernos y actores económicos de ambas regiones para identificar oportunidades y fortalecer sus vínculos con una visión a largo plazo.
*Hispanista marroquí.
