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jueves, mayo 30, 2024

Sergio Barce a Rue20: Marruecos tiene la obligación de potenciar su presencia cultural en España

 

Rue20 Español/ Fez

Entrevistado por Meryem Ghoua

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Inseparables. Así son los lazos que unen el escritor español, Sergio Barce Gallardo*, y la ciudad marroquí, Larache. Marruecos y en especial Larache, ciudad de su infancia, ha sido y es una fuente inagotable de historias para Barce.

El escritor consiguió que se le considerara un vecino más de Larache y en numerosas entrevistas se proclamaba hijo de esta ciudad que le regaló tanta paz y que él le ofreció un amor incondicional. Un cariño correspondido y único que es igual a una limosna que intercambiaron la ciudad y el escritor sin ser pedida.

Barce ha sido siempre un símbolo de la cultura, del pensamiento, de la creatividad, así como una de las voces internacionales defensoras del diálogo y de la unión de civilizaciones y culturas.

En una entrevista concedida a Rue20 Español, Sergio Barce habló sobre el motivo que le empujó a hablar de Marruecos en casi todas sus obras, del fortalecimiento de las relaciones hispano-marroquíes, el papel que desempeña la sociedad civil y la diplomacia cultural para reforzar aún más estas relaciones y dio su opinión sobre el Mundial 2030 que albergará el país norteafricano junto con España y Portugal.

—Su libro «Una puerta pintada de azul» evoca con nostalgia sus recuerdos de infancia en Larache. ¿Cuáles son las motivaciones que lo llevaron a plasmar esas memorias en esta obra literaria?

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«Una puerta pintada de azul» no sólo es un libro de relatos que plasman mis recuerdos de infancia en Larache, sino que convierte a la ciudad en un personaje más, en la protagonista principal. Es un libro que habla de la gente de Larache, la de antes y la de ahora, y la gran mayoría de los personajes son marroquíes larachenses que existen de verdad.

Tal vez mi libro «Paseando por el zoco chico. Larachensemente» sea el que se centre más en mi etapa de niño en Larache, el más nostálgico. Pero los dos se complementan y plasman todo lo que Larache significa para mí. Es mi paraíso perdido, el lugar donde viví hasta los trece años, donde aprendí a convivir con gente de diferentes culturas y creencias, donde están mis raíces. Cuando regresé a Larache, después de muchos años de ausencia, comprendí que era mi Macondo, el lugar donde se hallaban todas las historias que quería relatar. Mis experiencias de niño, la vida de mis padres, de mis abuelos y las de nuestros amigos. Larache es una fuente inagotable de creación para mí, quizá llenas de nostalgia, pero también de frustración.

—Larache, por historia, tiene un lugar especial para los españoles. Desde la sociedad civil o instituciones públicas, ¿qué más se puede hacer para impulsar lo que es diplomacia de ciudades y así reforzar el diálogo y entendimiento entre los pueblos de ambas orillas del Mediterráneo?

Larache, Alcazarquivir, Tetuán, Chauen, Tánger, Nador… Hay numerosas ciudades marroquíes muy vinculadas a españoles que nacieron y vivieron en ellas, y que, en su mayor parte, nunca han dejado de añorar. No se trata de añoranza colonialista, ni de una vinculación política, sino de una relación afectiva y sentimental. Por la razón que sea, llevamos esos lugares en nuestro corazón. Nos han marcado profundamente.

Siempre he creído que ha existido una política errónea con relación a esos españoles que deseaban seguir en Marruecos. La marroquinización en los años setenta, expulsando a estos europeos que creían pertenecer a Marruecos, que habían seguido sus vidas trabajando o manteniendo sus negocios después de la independencia del país, pero se les privó de muchos derechos hasta que debieron marcharse en contra de sus deseos. Hablo por experiencia propia de mi familia y de otras muchas familias. Dejar Marruecos fue muy traumático, porque era nuestro hogar.

Pero esto ya es el pasado, y acercar a ambas orillas es una labor complicada. Con el paso de los años, he comprendido que la sociedad civil y la política se mueven en direcciones opuestas. Los ciudadanos de ambas orillas aspiramos al entendimiento, que surge de manera espontánea, porque la gente sólo quiere vivir en paz y en armonía. Pero los políticos y los intereses económicos y estratégicos van creando obstáculos a veces irracionales que crean conflictos artificiales y falsos. Sólo se necesita voluntad para avanzar.

—La relación bilateral entre Marruecos y España está alcanzando un nivel sin precedentes de cooperación. ¿En su opinión, esta mejora puede tener un impacto positivo en el intercambio cultural y el enriquecimiento mutuo de ambas sociedades?

Por supuesto. Esta cooperación jamás debió quebrarse y hay que fortalecerla día a día. Los españoles y los marroquíes no podemos vivir de espaldas unos a otros, porque es absurdo. Tenemos una historia común y unos intereses también comunes. Cimentar nuestros lazos nos hará a ambos países más fuertes y seguros. Y culturalmente es fundamental hacerlo. Basta con asistir a un coloquio o a un congreso entre artistas, escritores o creadores españoles y marroquíes para comprobar todo lo que nos une y lo poco que nos distancia, que deseamos saber y aprender unos de otros, que crecemos más si nos apoyarnos.

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—La diplomacia cultural puede ser una herramienta poderosa para fomentar la comprensión y el respeto entre naciones. ¿Qué mecanismos se pueden activar para llegar a tal fin? 

En este aspecto hay mucho por hacer. Pero los Institutos Cervantes y los colegios e institutos españoles ya asentados en gran parte de Marruecos desde hace años, tienen un papel fundamental. Marruecos, por su parte, tiene también la obligación de potenciar su presencia cultural en España.

Los convenios entre ambos países deben ser impulsados con mayores inversiones para desarrollar el hispanismo marroquí, el arabismo en las Universidades españolas, el intercambio permanente de estudiantes, la creación de centros de formación profesional para estudiantes de ambos países, fomentar el estudio del español en los centros escolares marroquíes y del árabe en los españoles, financiar becas para intercambios culturales (de artes plásticas, de diseño, de creación audiovisual, de literatura, de música y danza…) Hay numerosos campos culturales en los que trabajar y que, con la orientación adecuada, serían un motor no sólo de desarrollo cultural en ambas direcciones sino también una manera de crear riqueza económica a través de la cultura.

—¿Cómo ve el futuro de las relaciones hispano-marroquíes teniendo en cuenta los megaproyectos conjuntos que coorganizan los dos países como el Mundial 2030?

Como decía antes, el futuro es nuestro. Siempre he creído que, si España y Marruecos colaboran de verdad, dejando a un lado estrategias vacuas, pensando sólo en sus ciudadanos, pueden hacer grandes cosas juntos. El Mundial 2030 puede ser una primera meta en esta larga carrera que nos queda por delante.

 

*Sergio Barce (1961) es licenciado en Derecho. Toda su infancia transcurrió en Larache (Marruecos), y desde 1973 vive en Málaga. Barce desarrolla su actividad profesional compaginándola con su labor literaria. Es Miembro de Honor de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española.

Ha publicado los libros de relatos Últimas noticias de Larache y otros cuentos (Aljaima, Málaga, 2004) y Paseando por el Zoco Chico (Ediciones del Genal, Málaga, 2015). Y ha participado en varios libros colectivos también de relatos: Sesión continua (2013), Animales en su tinta (2013), Último encuentro en BiblioCafé (2014) y Por amor al arte (2014), todos ellos publicados por Jam Ediciones/Generación BiblioCafé, de Valencia; El Protectorado español en Marruecos: la historia trascendida (Iberdrola, Bilbao, 2013) y La narrativa tenía un precio (Ed. Playa de Ákaba, Almería, 2016).

Barce es autor de varias novelas, entre ellas: Sombras en sepia (Pre-Textos, Valencia, 2006), que fue galardonada con el Primer Premio de Novela Tres Culturas de Murcia; Una sirena se ahogó en Larache (Círculo Rojo, Almería, 2011), con la que fue finalista del Premio de la Crítica de Novela de Andalucía 2012, o La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal, Málaga, 2015), novela finalista tanto del Premio Vargas Llosa 2012, como del Premio de la Crítica de Novela de Andalucía 2016. Es autor también de Una puerta pintada de azul (2020) y El mirador de los perezosos (2022). Colabora igualmente en revistas culturales y literarias tanto de España como de Marruecos y es activo en redes sociales y también posee un blog bastante actualizado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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