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miércoles, julio 24, 2024

El español, una lengua arraigada, no colonial y necesaria en Marruecos

 

Rue20 Español/ Agadir

 

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Mohamed Abrighach*

 

 

Si bien el español está muy solicitado por una minoría social de gran poder adquisitivo en los Institutos Cervantes y los colegios españoles afincados en Marruecos, se ha notado en los últimos años su creciente degradación en la mayoritaria enseñanza pública tanto secundaria como superior, lo cual se debe, entre muchos factores, al arrasador dominio del inglés y a la falta de una política lingüística clara en cuestión de las lenguas extranjeras en nuestro país. El español posee, por consecuencia, un estatus de lengua periférica, de tercera lengua extranjera según la agenda 2030 del Ministerio de Educación, que no corresponde a su innegable trascendencia histórica, cultural y lingüística en nuestro país por varias razones de las que hablé en varias ocasiones e intentaré exponer de modo sinóptico en el presente artículo.

 

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Una lengua casi doméstica y no colonial

 

Tenía razón Rodolfo Gil Grimau cuando hizo constar sin vacilación, aunque haciéndolo extensivo a todo el Magreb, que el español no es una lengua importada, sino un idioma vernáculo con siglos de penetración e implantación en la zona, y por ello, su diferenciada evolución en Marruecos le dio un estatus de lengua doméstica desde épocas lejanas. Suscribo en tanto que marroquí esta última afirmación del ínclito arabista y la hago mía aportando más datos y matizando o criticando otros.

 

Empiezo subrayando, y supongo sin riesgo a equivocarme, que el español romance y luego el español, propiamente dicho, es el primer idioma que no fuera darīỹa, amazigh o árabe clásico, que empezaron a utilizar los marroquíes en España desde 711 hasta 1492. Digo marroquíes porque eran mayoritarios tanto en la fase de ocupación de al-Ándalus como después en el tiempo de los califatos. Durante siglosfueron dominantes real y políticamente hablando, sobre todo en época de los reinos de Taifas y después en la de los Almorávides y Almohades. El castellano era, por supuesto, el conducto con que se comunicaban a escala oficial los andalusíes con los cristianos; se hablaba, asimismo, igual que darīỹa y amazigh, no podía ser de otra manera, en las zonas fronterizas por imperativos comerciales, bélicos y de convivencia. Lo utilizaban también los mudéjares en las morerías o aljamas en que vivían en tierras cristianas, en paralelo a los mozárabes que lo hacían a la inversa. No tengo suficiente espacio para ofrecer aquí datos reales que justifiquen mis asertos, pero sí, un ejemplo ilustrativo de naturaleza literaria: la novela Sidi de Arturo Pérez Reverte, en la que ficcionaliza la vida de la figura mítica del Mío Cid narrando sus correrías en suelo español luchando a favor y en contra de musulmanes y cristianos a la par. En muchos de los diálogos, el autor, que es académico numerario de la Real Academia Española, hace hablar a los musulmanes en darīỹa marroquí y no en árabe clásico lo cual es normal porque lo impone la verosimilitud narrativa y, sobre todo, el realismo histórico. El mismo título, Sidi, es también un marroquismo del que procede el Cid castellano.

 

La expulsión definitiva de los musulmanes y de los judíos en 1492 no supuso ruptura absoluta, siguió habiendo flujos y reflujos consecuentes de todo tipo entre las dos orillas, originados por las situaciones de paz y guerra, convivencia y confrontación entre los reinos marroquíes y los ibéricos en el Mediterráneo hasta tal punto, según afirma el mismo Gil Grimau, de que parte de las tropas de los meriníes y de sus sucesores eran mercenarios castellanos que se establecieron sobre todo en Fez. Después del mismo siglo, el sino del castellano se expande más a escala social y política con la existencia de cuerpos minoritarios en la sociedad marroquí en las principales ciudades de importancia e imperiales del país, cual los renegados y los cautivos de origen español, por un lado, y otras comunidades como la de los comerciantes, corsarios y espías, por otro. Lo mismo ocurriría después de la otra expulsión, la de los moriscos en 1609.

 

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Tal vez fueran los judíos y moriscos expulsados de la Península los que mantuvieron más vivo el español. Lo hacían por nostalgia, pero también como signo de apego a su identidad andalusí, habida cuenta de la discriminación con que se les trataba in situ a la sazón. Los testimonios de Germain Moüette de 1683 revelan que no pocos de los habitantes de Rabat, Fez, Marrakech y Tetuán tenían conocimiento del castellano con el cual se comunicaban con los extranjeros. El autor francés reproduce en su Relation de la captivité dans les royaumes de Fez et de Maroc trozos textuales hablados por judíos, renegados y moriscos en lengua española. En su estancia como cautivo en Salé, se le acerca un tal hebreo quien, al verle angustiado, le expresa la tristeza sentida con respecto a su situación de cautiverio y le anima a pedir libertad pagando un precio moderado para su rescate:Sennormyo, buen animo; Dios es poderoso y grande. El os à de façarde los trabajos, an que abeis caydo, por los peligros y la fortuna de la mar. […] Que tenia lestima de my juventud, que si yo querie corter me con el, el haría que mis otros patrones abian de dar me libertad, por un precio muy moderado”. Palabras que el autor francés no entendía y que un intérprete renegado le traducía simultáneamente. Hechos como estos comprueban que el francés no se hablaba en Marruecos contrariamente al castellano que, aunque arcaico y transformado en no pocos aspectos, era usual en la comunicación social entre los marroquíes y entre estos y los extranjeros. Esta situación debió de ser igual en las zonas rurales, particularmente en la costa mediterránea en cuyos poblados se asentaron en gran cantidad los andalusíes de origen modesto.

 

Se debe mencionar asimismo que, en el norte de Marruecos, esencialmente en las zonas fronterizas con los enclaves ocupados por España a lo largo de la costa mediterránea (Ceuta, Peñón de Vélez, Islote de Alhucemas, Islas Chafarinas y Melilla) se establecían por necesidad económica y social contactos y las dos partes se las ingeniaban para comunicarse entre sí con sus propias lenguas, el español, el amazigh y el árabe dialectal. No hay constancia de documentos locales que dan fe de ello, pero los escritos españoles testifican que, por lo menos a partir del siglo XIX, vivían en Melilla familias de sefardíes marroquíes y también se trasladaban a ella los fronterizos de Farkhana y Mezzuja. Por no ir muy lejos, en sus memorias tituladas: Empezando la vida. Memorias de una infancia en Marruecos (1955) en que recuerda su estancia melillense transcurrida entre 1914 y 1920, Carmen Conde afirmaba que el muelle solía estar lleno de marroquíes y en el famoso barrio de El Mantelete había muchos negocios de moros y judíos. De igual modo y con un lenguaje idealizador, casi orientalista, se acordaba de dos de sus vecinas marroquíes que, a veces, denomina “marroquíes-españolas”; eran niñas que se llamaban Freha y Javiva, amén de “la morilla de los palmitos”, otra chica que vendía los palmitos cerca del cementerio en la calle Lerchundi hablando en un castellano oscuro, medio español, medio bereber. En un capítulo hace referencia a un notable muy conocido apodado “El Gato” que, aparte de que se hablaba de él en El Telegrama de Melilla, tenía “babuchas amarillas bordados de hilillos dorados, y el rostro ambiguo e impersonal de intermediario entre los militares y los cabileños moros”.

 

Lo mismo debió de imperar en Ceuta y también, como lo hacen constar López Bragados y Martínez Millán en Culturas del litoral (2010), en el sur sahariano entre los nómadas y los canarios habida cuenta de la presencia de factorías españolas en la zona y de los correspondientes intercambios comerciales y, por ende, culturales entre las dos orillas, africana y atlántica. Una relación arraigada que se remonta a épocas antiguas con la presencia de los moriscos en la zona y el prehispánico sustrato amazigh o guanche en las islas.    

 

Hasta el siglo XIX, el español es, según afirma Ibn Azzuz Hakim en El uso del idioma español en la cancillería marroquí (1979), la lengua internacional de la cancillería marroquí durante casi la edad moderna en sus relaciones políticas y comerciales con las potencias europeas. Esta realidad da lugar en esta época a una rica literatura epistolar que podría considerarse la más clara y antigua manifestación textual de la escritura en español en Marruecos. En el tomo dos, dedicado a los documentos españoles, del famoso libro, Sources inédites de l’histoire du Maroc (1956), Robert Ricardy Chantal de la Véronne recogen no pocos, casi una docena, de las cartas manuscritas que reyes y responsables marroquíes mandaban en castellano a España, principalmente a Reyes o a gobernadores de ciudades. Continuando esta labor, tres historiadores españoles llegaron a presentar en Cartas marruecas. Documentos de Marruecos en archivos españoles(2002), otros documentos conservados en varios archivos españoles, particularmente en el de Simancas, la correspondencia marroquí de la época sa’di con España entre 1590 y 1640. Según García Arenal, Rodríguez Mediano y El Hour Amor, los tres autores del mencionado libro, unas de las cuestiones más interesantes de dichos documentos son, aparte del nombre de los traductores o intérpretes, en su mayoría, judíos, moriscos, renegados o cautivos, la naturaleza de estas correspondencias oficiales que la diplomacia marroquí enviaba a España. Había dos tipos. El primero correspondía a cartas escritas por los intérpretes que “venían a España ya escritas en castellano con un par de renglones de certificación y validación en árabe, además de las firmas y de la ‘alama”, mientras que las de la segunda categoría consistían en que, al lado de la carta oficial redactada en árabe, se ponía una traducción al castellano, realizada en Marruecos, que la acompañaba. Un fenómeno nuevo que llamaba a la sazón la atención de los españoles que las recibían porque lo veían como novedad y se sentían por ello extrañados. Más todavía, insisten los tres historiadores, “estas traducciones castellanas no acompañaban únicamente a las cartas enviadas a España, sino también a la correspondencia con Holanda y Francia”.  El conjunto de estas cartas tiene un indiscutible valor histórico para las relaciones hispano-marroquíes, pero también una fuente que refleja este español marroquí de la época que, dadas sus características estilísticas, ortográficas, léxicas, sintácticas, etc. merece un estudio aparte en clave lingüística.  

 

Otro dato histórico a tener en cuenta también. Los primeros órganos de prensa moderna en Marruecos son españoles: El Eco de Tetuán (1860) y El noticiero de Tetuán(1860-1862). El primero es considerado como el primer periódico marroquí en español. Fue creado por el escritor Pedro Antonio de Alarcón para dar parte de la odisea heroica del ejército español en la famosa Guerra de África y tuvo solamente dos números. Sin embargo, el segundo que imprimió en su propia imprenta el famoso editor ceutí Manuel García de la Torre y Blanco llegó a tener 89 números y algunos suplementos dando parte de la situación política y social de la zona durante los dos años de presencia española en Tetuán. El mismo editor creará en 1883 en Ceuta otro periódico: El Eco de Ceuta. Periódico de noticias, literatura e intereses generales, que tuvo una sección en árabe que se tituló Solo Dios es vencedor, traducción literal de “Wa-lāGālib illā Allāh. El periódico se distribuía gratuitamente no solamente en Ceuta, sino en la zona norte de Marruecos y llegó incluso a ser repartido en Safi por un agente consular.

 

En una palabra, el español no es un idioma extraño en territorio marroquí, si bien no tan ancestral, pero con raíces de siglos con todos los visos de ser una lengua autóctona o cuasi autóctona, no colonial y muy anclada en el acervo lingüístico marroquí. El francés, que es actualmente casi lengua oficialpero no declarada, empezó a poner pie en el país con la implantación del Protectorado en 1912, otra fórmula jurídica de expansionista colonial e imperialista. Hecho que a menudo se suele ignorar con supina indiferencia por nuestros acérrimos francófilos, tan instalados en los círculos cercanos al poder político, administrativo y financiero.

 

Fuerte interacción entre el español y las lenguas marroquíes

 

No quiero insistir por obviedad en la archiconocida influencia del árabe en el español, casi un total de cinco mil arabismos, pero sí vuelvo a recalcar la idea de una lingüista mexicana y miembro del Colegio de México, Concepción Company Company, con que afirmó en septiembre de 2022 que el árabe es el segundo ADN cultural del español y de sus correspondientes hablantes. Añadiría, sin embargo, enconcepto de matización, que de entre estos cinco mil arabismos existe una proporción significativa de marroquismos que la Real Academia Española rubrica como originarios del árabe marroquí. Una buena cantidad de ellos tendría a buen seguro su origen en la lengua amazigh, habida cuenta de la profunda interacción entre estas dos lenguas en suelo marroquí. Este acervo arábigo y supuestamente amazighen el español que, por cierto, requiere afinados estudios, es un claro reflejo de la natural migración y trasvase que se desarrolló durante ocho siglos entre las culturas, la marroquí y la española, en el al-Ándalus.

 

Este trasvase continuaría a partir del siglo XV y hasta la actualidad en suelo marroquí, pero esta vez a la inversa, entre el español como lengua de poder y las lenguas locales, particularmente el árabe dialectal, el amazigh y la hasanía del Sáhara, amén de la haquitía. De esta última dejó fiel reflejo la famosa y gran novela tangerina Vida perra de juanita Narboni Narboni de Ángel Vázquez. Una reciente investigación baraja la existencia de más de miles préstamos del español en la lengua rifeña, sin omitir, por supuesto, los existentes en la tachelhit del sur, la hasanía del Sahara y la darīỹa, el dialecto arábigo marroquí, amén de un sociolecto profesional como el de la pesca. En zonas como Melilla, Ceuta y, en menor medida, en algunas zonas del norte de Marruecos se da lugar a una criollización entre el español, la darīỹa y el amazigh que supera lo meramente léxico para abarcar aspectos de semántica y sintaxis, generando en consecuencia un idioma especial distinto y propiamente local. Supongo que a eso hacía referencia Gil Grimau al hablar de la magrebización del español que, en mi opinión, solo se da en las zonas a las que he hecho referencia atrás y no es para nada extensivo a todo el Magreb. Es un fenómeno, en todo caso, indudablemente similar al que se registra en Estados Unidos, esta vez entre el mismo español y le inglés, otro ejemplo de cuán son transfronterizas las lenguas y su capacidad innata y natural a emparentar las culturas creando matrias, como diría mi gran amigo el poeta José Sarria, superando las diferencias y abjurando los esencialismos y la exclusión.

 

Una injusticia histórica

 

En vísperas de su independencia en 1956, Marruecos no desarrolló una política lingüística clara, igualitaria y bien concebida desde el principio. El país tuvo seguramente otras prioridades y relegó, pese a su importancia vital, a papel segundario todo lo que fuera cultura, artes y lenguas.

 

La política que se llevó a cabo se hizo al antojo de los ministros de educación que se sucedieron en el cargo y estuvo muy marcada por la ideología: erigió el árabe en lengua oficial a efectos de unificación y a remolque del panarabismo, muy imperante en la lucha por la descolonización en países del Magreb y del Oriente Medio. Sin embargo y de modo oficioso, impuso el francés, una lengua puramente colonial y sin previa historia en el país antes de 1912, inducida por el mencionado omnipresente lobby francófono. Realidad que se contrapone con la constitución porque nunca se reconoce como lengua oficial o nacional en ninguna de las constituciones aprobadas, incluida la de 2011. Lo cual indica que no es marroquí y no tiene tanto arraigo histórico como para ser tan importante y crucial. Este doble proceso originó en el caso del español una verdadera injusticia histórica que agravó el mismo sistema franquista al no implementar después de su abandono de Marruecos ninguna política cultural de apoyo o, al menos, de acompañamiento a la lengua y cultura españolas en la zona.

 

Dicho, en otros términos, el abandono español y particularmente la vorágine francófona chingaron al españolen las zonas que estaban bajo la influencia de España en la época colonial, el norte y sur del país. Fue un golpe mortal para la élite hispanófona de ambas zonas el haber convertido, sin previa preparación, casi de la noche a la mañana, el francés en lengua vehicular en la administración y, sobre todo, en la enseñanza, en muchas de las asignaturas científicas y de ciencias sociales. Fue sin lugar a duda una siniestra medida que creó desequilibrios, marginaciones, incluso traumas, aparte de infinitos efectos segundarios que los protagonistas, seguro, vivieron mal y en su propia carne. Entre las reivindicaciones culturales de los acontecimientos del 58 en el Rif figuraban, entre otras, el respeto a las lenguas habladas en la zona, incluida el español, sobre todo que los nuevos funcionarios y altos cargos procedían del sur y no hablaban ni la lengua local ni el español. Muchos de los que utilizaban el castellano tuvieron que acogerse por obligación a la nueva realidad. Les supuso más trabajo cambiar así de morada lingüística, pero los estragos eran más hondos en la educación, una parte no pudo aguantar y acabó abandonado los estudios, otros se agarraron, pero a buen seguro difícilmente, con resultados no óptimos y con dificultades en los estudios de grado en la universidad de Rabat, la única que había a la sazón.  

 

Después de la Marcha Verde, desapareció casi de improviso del Sahara la impartición del español en la enseñanza pública, siendo la única institución que ladispensaba el colegio español La Paz de Laâyoune que dependía, y lo sigue siendo, de España.  Esta indiferencia al español en la zona fue supuestamente una decisión política que se tomó para contrarrestar en clave defensiva la ofensiva del independentismo saharaui que transmitía en español por radio desde los campamentos de Tindouf, haciendo de lo hispánico además una seña de identidad con que hizo buena prensa de sí mismo en todo el continente hispanoamericano.  Una realidad como la anteriormente descrita es, en mi dictamen, incoherente a la vez que poco realista política y lingüísticamente hablando por la obvia y simple razón de que la lengua española es el único idioma europeo de más arraigo histórico en el Sahara cuya cultura, incluida su lengua, la hasanía, no se puede entender si no se considera el componente hispánico que la conforma y configura. La noticia de la creación de una antena del Instituto Cervantes es una buena noticia, pero las autoridades marroquíes competentes en temas de educación deben, por no decir tienen, que reconsiderar la actual situación periférica de la lengua de Cervantes en la zona.

 

Estamos entonces ante una situación que, si bien refleja lo complejo que es el mercado lingüístico marroquí y lo arraigado que está el ideario tanto francófono como panarabista, es indicativa de la ausencia de otra contra-opinión como la que pudiera provenir de una élite hispanófona hasta el momento casi inexistente dado que, históricamente, se tuvo que rendir a la evidencia, adaptándose a los nuevos tiempos, una vez conseguida la independencia. A ello se agrega, asimismo, la exigua proyección social y política del hispanismo marroquí, un simple gremio marginado y apartadizo, todavía sin suficiente espesor intelectual y aura social como para incidir positivamente en la realidad del país.

 

Una lengua necesaria

 

No como el francés, el español constituye una lengua necesaria en y para Marruecos. Lo es de doble manera, desde el punto de vista de la historia y de la lingüística. Marruecos está en clave geográfica rodeado, y por eso condicionando, por España por todos los lados, en el Mediterráneo, el Estrecho y el Atlántico. Con ella ha tenido y sigue teniendo relaciones conflictivas y a veces graves; Es tan así que nuestro destino depende en parte –no sé en qué proporción, pero allí está– de ella. Un fatum digamos, en definitiva. Someter este fatum a ostracismo o tratarlo con indiferencia y desde el rechazo, por contingencias de índole religiosa, política, intereses puntuales ideológicos del momento o por lo que sea, es contraproducente en clave histórica, acaso un golpe atentatorio contra la identidad cultural de Marruecos como nación. Es imposible entender en su complejidad y de forma completa y sistemática la historia nacional y su proyección tanto africana y atlántica si no se toma seriamente en cuenta nuestra relación multidimensional con España. El uso y el manejo del idioma español es, en este sentido, tan primordial porque sin ella no podríamos, por un lado, tener conocimiento exacto de España, país prioritario para nuestra policía exterior, y por otro, tener acceso a miles de documentos, sean libros, manuscritos y de toda otra índole, sobre la historia de Marruecos, su presencia en el al Ándalus y el Mediterráneo. Por eso mismo, lamento que tengamos solo historiadores francófonos mientras que los hispanófonos son escasos y no superan cuatro o cinco. El español debe ser una lengua casi obligatoria en los departamentos de historia en nuestras instituciones universitarias. La existencia de casi dos millones de migrantes marroquíes en España es otro dato más que impone imperativamente la consideración del español en nuestro país. El componente hispánico puede convertir a Marruecos en un país privilegiado y el único en África a actuar de real puente entre América Latina, el Magreb y el Mundo Árabe, aparte de África, propiamente dicha.

 

En lo atinente a la cuestión lingüística, nuestras lenguas nacionales en todas sus variedades: darīỹa, amazigh, hasanía y también jaquetía, tienen, como se ha dicho líneas atrás, un verdadero sustrato hispánico que constituye, queramos o no, el ser marroquí, nuestra tamagrabit o nuestro ADN cultural parafraseando a la lingüista mexicana citada al principio de este artículo. Es otro ejemplo de la diversidad de nuestra cultura y de nuestra apertura histórica hacia la alteridad.  En suma, el español no debe ser, como lo es ahora, una simple y mera tercera lengua extranjera, sino una lengua esencial cuyo estudio y aprendizaje debería ser una asignatura fundamental por no decir obligatoria en toda nuestra enseñanza.

 

Conclusión

 

En un reciente artículo de opinión en la revista histórica Zamane, el exhistoriador del reino de Marruecos Hassan Aourid, afirma, por un lado, que el español era la lengua de la vida, refiriéndose al pasado colonial, con posibilidad de volverlo a serlo otra vez, y, por otro, que los dos países deben hacer, cada uno por su parte, una especie de cura histórica que, según él, pasa entre otros aspectos, por volver a reconsiderar el estatus de la lengua española en Marruecos. Lo que afirma Aourid es ejemplo de pragmatismo intelectual, pero también un proyecto en perspectiva sobre el cual hay que trabajar, sobre todo por parte del hispanismo marroquí y los ministerios de educación. Suscribo lo dicho por Aourid, pero afirmaría más e iré lejos.  

 

Reparada la injusticia histórica cometida con respecto al amazigh reconociéndolo como lengua oficial en su última constitución, le queda pendiente a nuestro país hacer otro tanto con el español, una lengua nada colonial que debería constituir, por tanto, no una lengua oficial pero sí de preferencia con respecto a los otros idiomas europeos con miras a que forme indudablemente parte de su identidad histórica, un lugar intersticial que refleja la larga memoria común que Marruecos y España, y por extensión el Mundo Hispánico, comparten. Supongo que el último reconocimiento en el preámbulo de su última constitución de la cultura andalusí y judía es un paso más, casi una prueba indirecta de que el español es una lengua casi oficial en nuestro país con más arraigo y raigambre que el francés, lengua colonial por excelencia.

 

Por estas razones, supongo que es más que oportuno para los dos países crear una academia marroquí de la lengua española al igual que la existente en Guinea Ecuatorial y en otro país no tan cercano como Filipinas. El hecho de que no tenga lugar en Marruecos es una inconsistencia dada su necesidad para actuar de interfaz con las diferentes academias hispánicas de la lengua española en temas atingentes con los miles de arabismos y marroquismos utilizados en la lengua española tanto en el mundo hispánico como en el mismo Marruecos, sobre todo que este último tiene una considerable y desarrollada literatura en español y con un uso peculiar y magrebizado de este último.

 

*Escritor e hispanista

 

 

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