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martes, mayo 28, 2024

De Alhucemas al Rincón: Un viaje desconocido por los rifeños

 

Rue20 Español/ Rabat 

 

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Hossain Bouzineb*

 

A menudo pasamos por lugares que nada nos evocan y nada nos significan; pero si nos detenemos un momento y preguntamos por quién debió pasar por aquel lugar, por quién vivió y por quién murió en él… estoy seguro de que cambiaría nuestra percepción del lugar donde nos detuvimos.

 

¡Cuántas veces, paseándome por la calle principal que cruza la ciudad del Rincón del Medik, en dirección a Tetuán o a Ceuta, desfilaron por mi mente viejos acontecimientos relatados por la historia!, siendo esta calle el único testigo que debió constatar el tránsito que transcurría entre estas dos ciudades; todos los demás caminos siempre ofrecieron dificultades, sobre todo por los pantanos que justo empezaban a la salida del Rincón. 

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Estoy seguro de que no había otra opción mejor para aquellos que querían trasladarse entre los dos lugares sin pasar por esta calle principal. Por esta calle, me imagino, debió pasar Tariq ibn Ziyad con su ejército, rumbo a Ceuta, para cruzar después a Al-Ándalus; por allí mismo pasaban los portugueses para ir a invadir Tetuán, en respuesta a los ataques que los combatientes marroquíes llevaban a cabo contra los cristianos ocupantes de Ceuta desde el siglo XV, como bien cuentan las crónicas portuguesas; por allí debieron pasar todos los moriscos expulsados o huidos de España, con destino a Tetuán; por allí pasó el Sultán Muley Al-Yazid al dirigirse a Ceuta para sitiarla, después de pernoctar en el Rincón, según nos cuenta Addu’ayyif Arribati; por allí pasaron los soldados españoles que se dirigieron a Tetuán para invadirla en 1860, tras encontrar en este mismo lugar una feroz resistencia, según confiesa Pedro Antonio de Alarcón en su Diario de un testigo de la guerra de África

 

Efectivamente, este camino ha de ser interpelado para que nos hable de todo lo que en silencio calla, y mucho es lo que sabe. No debemos desdeñar lo que alberga este testigo mudo como memorias y recuerdos que todos quisiéramos descubrir.

 

Ahora quiero hablar de una migración que partió de un lugar situado hacia las partes levantinas de Marruecos; quiero hablar de la migración de la tribu rifeña de Baqquya o Baqqiwa, llámese como se quiera, al Rincón del Medik; una migración que poquísimos rifeños conocen, e incluso poquísima gente antigua del propio Rincón conoce. 

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La migración de la que voy a hablar aquí va a cumplir su primer siglo dentro de dos años, por lo que aprovecho la circunstancia para exhortar a los descendientes de aquellos migrantes especiales a rememorar el acontecimiento. 

 

Los protagonistas de la migración no emprendieron los caminos terrestres por no existir entonces, por ello se dirigieron al mar, finalizando su trayecto en este punto contiguo a la costa.

 

El año de 1925 conoció salvajes ataques a la tribu de Baqqiwa por los españoles y la ayuda de los franceses, en los que utilizaron los gases tóxicos prohibidos. 

 

Los ataques de la aviación española gaseando a los rifeños, fueron dirigidos de modo especial a las zonas costeras adyacentes que luchaban por impedir el desembarco en Alhucemas, como Ezammuren, Hadd Al-Rwadi, Thafnassa… etc. 

 

El desembarco de Alhucemas se planeó como venganza por la derrota sufrida por los españoles en la batalla de Annual en 1921. El avance de los miles de soldados desembarcados en Alhucemas, se veía dificultado por la feroz resistencia de los bocoya que se enfrentaron con inquebrantable firmeza y determinación al enemigo, pero el efecto de las armas químicas, que les impedía arar sus tierras, llevar a pastar sus ganados y realizar sus actividades normales, les disuadió obligándolos a huir de aquel infierno que les imponían las fuerzas españolas apoyadas por los franceses y otros. 

 

En este ambiente infernal, el pueblo no tuvo otra alternativa sino huir por mar, única vía que permitía poner a salvo a los niños y mujeres. En ese contexto, mi madre, Dios la tenga en su piedad, todavía en el vientre de la suya, se subió a una de aquellas barcas, acompañada de un grupo de vecinos y familiares de su pueblo, con rumbo al este. 

 

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No sé si los que huían de esas aldeas tenían alguna idea del destino al que querían llegar, o si éste sucedió por casualidad. Todo lo que sabemos ahora es que el Rincón y sus alrededores se convirtieron en un refugio para la tribu Baqqiwa, que los acogió con los brazos abiertos, surgiendo luego un enlace humano entre los dos lugares mediterráneos marroquíes y un movimiento de idas y venidas entre ellos. 

 

En Rincón nacerá mi madre en 1926, y allí pasará parte de su infancia antes de mudarse a Tetuán, donde vivirá unos años antes de regresar finalmente a Ezammuren después de haberse cambiado la situación. 

 

Pero ella no regresó acompañada de sus hermanos y hermanas, ya que todos fallecieron de enfermedades de las que nada sabían, por lo que volvió sola con su madre. 

 

Cuando en 1958, por otras circunstancias en las que se planteó el traslado de mi padre, funcionario de Correos, en Alhucemas, mi madre no quiso cambiar esta ciudad por ninguno de los lugares que a mi padre le propusieron entonces; veía que sólo el Rincón, donde nació, podía aliviar el desgarro que presentía por tener que abandonar Alhucemas. Así fue, allí pudo reencontrarse con muchos de sus parientes que le acompañaron en el viaje de huida en 1925…

 

* Académico y traductor 

 

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