Kalashnikov de Bregovic enciende al público del jazz de Tánger

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María Traspaderne

 

 

Cuatro años después de subirse a un escenario marroquí, un incombustible Goran Bregovic ha hecho botar al público de Tánger con los ritmos balcánicos que le llevaron a la fama, el broche incontestable al segundo día del festival Tanjazz.

 

 

El serbobosnio famoso por componer las bandas sonoras de Emir Kusturika suma ya 72 años a sus espaldas, pero conserva energía de sobra para dirigir y cantar con su Banda de Bodas y Funerales, que en Tánger se ha limitado a un formato reducido de ocho miembros, lejos de las decenas de otros conciertos.

 

 

La estrella del rock de la antigua Yugoslavia en los años 70, reorientada en adalid de la música balcánica tradicional, salió al escenario principal del icónico Palacio de las Instituciones Italianas dispuesto a repasar el repertorio que le llevó a la fama.

 

 

«Vamos a mezclar temas antiguos y modernos», prometió a un público entregado, y fue cantando a lo largo de la hora y media de concierto las canciones de sus álbumes más conocidos de la década de 2000, como «Underground» y «Canciones de bodas y funerales», pero también algunos de discos más recientes como «Champán para gitanos».

 

 

Vestido con su impoluto y constante traje blanco, Bregovic salió, se sentó y desde su silla, ukelele acústico en mano, se erigió en el centro de todos. A su lado otro cantante y percusionista, dos coristas, dos trompistas, otros dos trompetistas y un saxofonista.

 

Cantaron en algunos momentos en árabe, en español y en italiano, aparte del serbio, demostrando que dos décadas después de alcanzar el pico de su fama aún sigue despertando pasiones con «Mesecina», «Gas, gas, gas», «Maki, maki» o «Hop, hop, hop».

 

Enfrente, el espectacular patio principal del palacio del siglo XIX que acoge el Tanjazz, de acústica contestable, saltaba al unísono al ritmo de los vientos ignorando los problemas técnicos que Bregovic tuvo que sortear en algunos momentos de la actuación.

 

Hijo de padre croata y madre serbia, Bregovic fue objeto de polémica y del veto ucraniano tras dar un concierto en el puerto crimeano de Sebastopol en 2015, un año después de que fuera ocupado y anexionado por Rusia.

 

 

En Tánger, acabó su concierto con dos temas que, recordó el cantante al público, aluden a las dos guerras mundiales: «Artilleria» y «Kalashnikov».

 

Este último desató la locura en el patio y le sirvió para despedirse, desplegando sonrisas y demostrando que las canas no le impiden seguir el ritmo de los vientos de los Balcanes. EFE

 

 

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