José F. García: Marrakech, una huida o la hermandad hispano- marroquí

José Carlos Fajardo por sus repetidos viajes a Marruecos y su profundo conocimiento de la cultura sufí  era la persona idónea más indicada posible para escribir sobre el país vecino resaltando la fraternidad hispano- marroquí

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Rue20 Español/ FEZ

 

Mustafa Akalay Nasser

 

En una de sus reseñas de libros sobre Marruecos, en el Suplemento Babelia, Miguel Angel Bastenier, subdirector de EL País y consumado analista político, escribía lo que sigue:

 

“Hay dos países en el mundo que han influido en que esa cosa que llamamos España exista tal como hoy la conocemos. Uno de ellos está razonablemente reconocido en esa función de guía y referencia casi siempre malquerida, y es Francia; el otro, medio secreto, deliberadamente maltratado y como de mucho menos postín, es Marruecos, puede haber un tercero, que es Portugal, pero ahí más que de influencia quizá cabría hablar de paralelismo y proximidad de identidades.

 

Pero, Marruecos es, básicamente, lo que la gran mayoría de los españoles no quieren ser aquello con lo que no se identifican hasta el punto de la ofensa, y, sin embargo, hay extraordinarias probabilidades de que corra más sangre bereber, árabe, norteafricana, marroquí, por nuestras venas, que, de ninguna otra nación o colectividad, pueblo existente en el mapa contemporáneo”.

 

Allá y a comienzos de este siglo, el gran escritor canario D. Benito Perez Galdós, escribía en su Aita Tettauen lo que sigue:

 

«Otra cosa les digo, para que se pongan en lo cierto a entender de guerras africanas, y es que el moro y el español son más hermanos de lo que parece». Así se expresa el personaje de Ansúrez en la épica novela de Pérez Galdós que tiene Tetuán como escenario, Aita Tettauen. La referencia a la fraternidad entre españoles y marroquíes en los textos precoloniales y en época del Protectorado es recurrente, y es uno de los principales tópicos retóricos entre los utilizados para justificar la colonización española en el Norte de África. 

 

Foto de María A. Trujillo

 

“… y es que el moro y el español son más hermanos de lo que parece. Quiten un poco de religión, quiten otro poco de lengua, y el parentesco y aire de familia saltan a los ojos. ¿Qué es el moro más que un español mahometano? ¿Y cuántos españoles vemos que son moros con disfraz de cristianos?”. (Dixit Galdos).

 

Y puede también que nadie haya hecho más que el profesor universitario y periodista José Carlos García Fajardo por reconocer prácticamente esta realidad en su libro: Marrakech, una huida publicado por Anthropos. Libro de vivencias de un viaje donde su autor mezcla un conjunto de relatos que tienen una raíz en común: el viaje de huida, o, mejor dicho, el viaje iniciático a Oriente (Marruecos). El viaje es el motivo axial del libro, lo que vertebra todos sus capítulos, que son 20 en total. Aunque a la cohesión narrativa contribuye también el tránsito de las vivencias del autor, de una u otra historia como en un continuo fluir. 

 

Foto de María A. Trujillo

 

A lo largo del libro, el autor nos hace descubrir el Sur que también existe y se desborda, nos hace descubrir para adentrarnos en nuevos horizontes y nuevas sensaciones tales como los valles presaharianos, los oasis, aldeas representativas del Marruecos rural, donde los conocimientos ancestrales se conservan todavía hoy y permiten a sus pobladores sacar partido a una topografía frecuentemente accidental.

 

Según Fajardo, nuestro vecino Marruecos, como país norteafricano, constituye a las puertas de Europa, uno de los lugares más relevantes de la arquitectura del tapial, como atestiguan sus ciudades denominadas “imperiales”, sus pueblos fortificados o kasbahs que son verdaderas obras de arte y de un valor patrimonial indiscutible que mujeres y hombres anónimos han ido erigiendo a lo largo de la historia. En el Marruecos presahariano, la arquitectura de tierra resultado y fruto de la sabiduría popular colectiva forma parte esencial de un sistema integral donde los modos de vida y el cultivo del oasis completan la definición de un modelo de vivienda tradicional de indudable interés sociocultural.

 

En la actualidad, todavía se conservan gran parte de las costumbres ancestrales que dieron sentido a este modo de ocupación del territorio. No obstante, las necesarias transformaciones que se están produciendo en el entorno del pueblo bereber, están ocasionando el abandono paulatino de los poblados y de las técnicas constructivas con tierra, lo que supone una pérdida irreparable de este importante legado arquitectónico, etnológico y ambiental.

 

Foto de María A. Trujillo

 

El autor en sus siguientes relatos de viaje, nos acerca también al prototipo o modelo de ciudad islámica que es “La Medina”, un ejemplo de civilización urbana que se ha conservado intacto frente a la ciudad europea de corte geométrico. José Carlos García Fajardo, como todo etnógrafo que se precie, recoge el convivir diario de la ciudad musulmana, escenas que conllevan toda la magia de Marruecos y sus inconfundibles plazuelas que surcan las medinas, siempre escondidas del sol y del calor , y siempre en busca de sombra y  de surtidores de agua, sin cuyo sonido musical es casi imposible entender el urbanismo hispano-musulmán o mejor dicho, el urbanismo medinal, sonido que le fue donado a Granada y que el genio constructor de Youssef Al-Nassar habría de eternizar en la escalera del agua del Generalife y en el patio de los leones de la Alhambra. Estas plazuelas nacen o se hacen a sí mismas, por la confluencia de varias callejuelas, ejemplo del Barrio Karawiyin o Barrio andalusí de La Medina de Fez, lugares mágicos que son retratados con la precisión de un Titus Burckhadt, gran islamólogo suizo y autor del clásico Fez, ciudad del islam. 

 

Foto de María A. Trujillo

 

La antigua ciudad de Fez, de visita obligada para todos los que viajan a Marruecos, es la capital cultural y espiritual del Magreb, ciudad única, resiliente y sin igual, que ha conservado en las callejuelas de su antigua medina el espíritu de una civilización completa en la que la espiritualidad, ciencia, arte y urbanismo forman un todo armonioso y adaptado a las necesidades más reales del ser humano.

 

 

El autor vigués José Carlos García Fajardo, es en efecto un enamorado de la civilización musulmana tanto desde el punto de vista artístico, histórico como desde el filosófico y místico, habiendo dedicado gran parte de su libro a acercarse a una sociedad tan hermana y cercana como la sociedad marroquí tal como lo expresó anteriormente Azorín en su paisaje de España visto por los españoles: “Se escucha a lo lejos la melodía de un canto popular. ¿África? ¿España? El porvenir de Europa está en África; los más próximos hermanos de los españoles están pasando el Estrecho, aquende el Atlas”.

 

José Carlos Fajardo por sus repetidos viajes a Marruecos y su profundo conocimiento de la cultura sufí  era la persona idónea más indicada posible para escribir sobre el país vecino resaltando la fraternidad hispano- marroquí, persiguiendo plantear puntos de vista en torno a los temas que interesan a los lectores de las dos orillas y limar las diferencias, ahondando más en los asuntos que nos unen y dejando de lado las crisis cíclicas que ahuyentan cualquier intento de acercamiento y hermanamiento. 

 

 

Mustafa Nasser Akalay es Director de Esmab. UPF Fez.

 

Fotos de María Antonia Trujillo fotógrafa urbana

 

Vidéo de Sonia Vieira

 

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