Altamirano: el alto precio de la defensa de DDHH

Necesitamos un cambio de sociedad, donde los que persiguen el respeto hacia los derechos humanos no se vean atacados por los enemigos de la verdad.

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Rue20 Español/Málaga

 

Acabo de sufrir un nuevo ataque, uno más, por parte de aquellos que odian la verdad, y por tanto la justicia y la paz. No es la primera vez, ni será la última. Ya me crucificaron cuando aterricé por la República de Crimea para ayudar a la pacificación y el reconocimiento internacional de una decisión tomada, de forma democrática y soberana por el pueblo de Crimea. Mientras algunas organizaciones internacionales reconocían mi labor, los mercenarios de mentiras interesadas disfrazados de informadores, hacían sangre con la labor que habíamos realizado.

 

Nunca se hicieron eco del apoyo a las tribus indígenas americanas, ni a las minorías africanas, o de la defensa del medio ambiente, la igualdad de género o el desarrollo de los derechos humanos y democráticos de las personas. De esa labor nunca se hacen eco, solo de aquello que perjudican a quienes les pagan.

 

Pero volverían los ataques de los enemigos de la verdad, y de qué modo. Justo con el Reino de Marruecos, país al que siempre consideré mi segunda patria. Dicen que la ignorancia es muy atrevida. Tan atrevida, que hace que estos mercenarios de las mentiras se tiren a la piscina sin mirar si hay agua o no, pero es que, en realidad, les da igual, se tiran, sin más. Solo les importa hacer el mayor daño posible a cuantos más inocentes mejor.

 

Esa ignorancia de la que nace este nuevo, vil, cruel e inhumano ataque que acabo de sufrir por desparrama letras sobre mi relación con el Reino de Marruecos, de forma especial con la justa causa de la reunificación nacional con sus provincias del sur. Estos desconocen que mi relación con Marruecos no es nueva, ya con apenas 18 o 19 años, allá por los finales de la década de los 70 ya visitaba, conocía y me implicaba en la sociedad marroquí, con mis luces y mis sombras, como es lógico después de más de cuatro décadas de relaciones continuas entre hermanos míos que lo son.

 

Las tribus indígenas autóctonas de las provincias del sur tienen todo mi apoyo y solidaridad, sobre todo en su lucha por la reunificación familiar y contra la inhumana violencia de la banda armada del Frente Polisario, liderada por el violador de menores y presunto genocida Brahim Ghali. Apoyo que nunca, les faltó ni les faltará ya que considero de justicia que se reconozca su más que auto declarada marroquinidad, afirmada y reafirmada a través no de años, ni de décadas, sino de siglos.

 

Por ello, cuando veo en cierto diario español de tirada nacional que según un imaginario informe del Centro Nacional de Inteligencia español CNI que el que les escribe “colabora con los servicios de inteligencia marroquíes hace años, movido por interés económico y afán de notoriedad” se me abren las carnes en canal. Creo que este “periodista” primero no es consciente, o sí, no lo sé, que o bien está siendo utilizado por aquellos que apoyan a la banda armada del Polisario, o no es de hacer bien su trabajo profundizando en aquello que dice. Porque en lo que afirma hay delitos graves, y falta de responsabilidad institucional. Primero porque si colaborara con un servicio extranjero estaría traicionando la seguridad de mi país, lo que supone un grave delito, pero lo peor, es que aquellos que, de forma “supuesta” lo saben y no lo ponen en conocimiento de la justicia cometen otro grave delito.

 

Pues no. Este periódico, digámoslo ya El País, y estos periodistas un tal J. Bautista y O. López-Fonseca se han tirado a una piscina donde no hay agua, y claro el golpe ha sido duro y lo que queda. Se han equivocado ustedes de objetivo. Yo colaboro sí, y admiro mucho al Consejo Superior de Derechos Humanos de Marruecos que me tienen a su entera disposición. Sí intento colaborar con distintas administraciones regionales y locales a nivel de intercambio cultural. Parece que olvidan que soy andaluz, y que fomentamos la cultura andalusí que compartimos. Que he sido amenazado de muerte por la banda armada, solo tiene que buscar la denuncia en la Audiencia Nacional, del mismo modo podría haber preguntado a nuestra compañera de lucha por los Derechos Humanos, atacada sin piedad por miembros de la banda.

 

¿Tienen ustedes las desvergüenza de afirmar que trabajamos para Marruecos en el caso Ghali? Se equivocan otra vez desde la base. Para luchar contra la banda armada del Polisario no hace falta que me lo ordene nadie, ni que colabore con ningún servicio, me basto yo solo, con las amenazas de estos terroristas y con la desvergüenza que entraron en España para que, con mi dinero, el de mis hijos, mi familia y de todos los españoles, curaran a un violador y presunto genocida como es Ghali. No se confundan más ustedes, no recibo ordenes de nadie, solo de mi consciencia, siempre en defensa de los derechos humanos, de la buena vecindad y entendimiento entre Marruecos y España.

 

No sé qué pensarán cuando se enteren que estoy intentando ayudar a los más necesitados en Burkina Fasso, no sé qué se inventarán pero espero cualquier barbaridad. Cuando me vean por allí luchando para que los niños/as del país puedan tener acceso a la educación y la sanidad, serán capaces de inventar que trabajo para el servicio de inteligencia marciano, o del planeta X5JDT.

 

No van a poder ustedes acabar conmigo, ni con los que me rodean, estamos hechos de una pasta tan especial, que no logran ni imaginar, la dureza y la determinación de la que emana. La misma pasta de la que están hechos todos aquellos que han sido encerrados en cárceles, asesinados o injuriados por su defensa de los Derechos Humanos, y la ayuda a los demás, en base a la verdad, justicia y la paz.

 

 

 

 

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