Marrakech tras dos años de pandemia

"Ni el paso de los años ni la aciaga pandemia han conseguido amainar el ímpetu de la antigua ciudad imperial a las puertas del desierto".

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Rue20 Español/ Marrakech 

 

En un artículo titulado «Lo último que se cuece en Marrakech: diseño y artesanía en la ciudad de la eterna bohemia», escrito por Marta González-Hontoria y publicado el 21 de abril de 2022, el periódico español El Mundo describió con muchos detalles la Ciudad Roja de Marruecos, Marrakech. 

 

«Tras dos años muy duros de pandemia, la Ciudad Roja nos recuerda a golpe de moda, diseño y artesanía porque es una de las ciudades más sugerentes del mundo», dice El Mundo.

 

Para el diario español, «ni el paso de los años ni la aciaga pandemia han conseguido amainar el ímpetu de la antigua ciudad imperial a las puertas del desierto. Resisten los aguadores y encantadores de serpientes de la plaza Yamaa el Fna, el laberinto polvoriento de la medina, y la asombrosa geometría de azulejos, artesonados, yeserías y estucos de sus deslumbrantes riads».

 

«La ruta por el Marrakech cool arranca en Gueliz, corazón moderno de la ciudad y terreno fértil para los amantes de las compras y el diseño». 

 

«La primera parada está clara: Moro, un nuevo y ya imprescindible concept store donde la tecnología y el diseño industrial se funden con la artesanía ancestral de Marruecos», describe.

 

Es la aventura del diseñador de interiores Mohcyn Bousfiha y su socio Mouad Mohsine, ingeniero y empresario de Casablanca. 

 

El Mundo explica que «justo antes de la pandemia, compraron un hotel ‘totalmente kitsch y medio en ruinas’ y crearon este singular espacio. Concebido como un riad moderno de techos altísimos, venden vestidos, cerámicas, cremas y piezas de fibra de vidrio escogidas o creadas por el propio Bousfiha. Sigue siendo una parada innegociable de la primera, segunda o décima visita a la ciudad y sigue siendo imposible no envidiar un poco a Yves Saint Laurent, que se instaló en su extraordinario vergel de palmeras, bambúes y cactus gigantes. De paso, lo salvó de la ruina en los años 80 del siglo pasado».

 

Sobre La Mamounia dice: «Realmente, cualquier excusa es buena para conocer La Mamounia, uno de los mejores hoteles del mundo y un lugar donde el lujo tiene mucho que ver con la artesanía y la atemporalidad, pero también con las expectativas».

 

«La Mamounia es otro nivel, pero encaja en el magnético puzle de Marrakech con tanta naturalidad como los puestos de su zoco a los que, por cierto, hay que dedicar el tiempo (y los dirhams) que haga falta», agrega. 

 

«Y así, casi sin darnos cuenta estamos en el Museo de las Confluencias, el antiguo palacio del pachá Thami El Glaoui, con sus maravillosas fuentes y típico zellige. En su interior, Bacha Coffee es la meca del connoisseur del café, con más de 200 opciones cien por cien arábica. Es para sentirse intimidado, pero con dos o tres preguntas, el camarero sabe exactamente lo que uno quiere», prosigue.

 

Hablando de las alfombras típicas de Marruecos, el periódico español subraya: «no podemos abandonar el shopping sin hablar de las alfombras marroquíes, de moda en medio mundo. Puede pasar por delante del riad Laârouss y no imaginar jamás lo que esconde detrás de esa gran puerta de madera. Se trata del showroom Soufiane Zarib, donde los hermanos Zarib, tercera generación de artesanos venden sus diseños. Los cientos de alfombras, si bien todas únicas, son casi lo de menos. Son los espacios, la decoración, la azotea. Ay la azotea. Otra vez el cielo de Marrakech».

 

En el mismo artículo menciona también la puerta de Bab El Ksour, la boutique de El Fenn, el riad de Vanessa Branson, «donde Europa y África se dan la mano», la mezquita Koutoubia, las montañas del Atlas, etc. 

 

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