Marruecos y España: ¿Arreglará el rey lo que el presidente ha estropeado?

Es muy probable que en los próximos días el rey Felipe VI intervenga para desempeñar un papel fundamental en el restablecimiento de las relaciones entre ambos países.

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Rue20 Español/Madrid

 

Abdelhamid Beyuki

 

Muchos medios de comunicación españoles están difundiendo noticias sobre la continuación de la crisis diplomática entre Marruecos y España, y sobre la escalada marroquí, hablando incluso de una guerra fría librada por Marruecos contra España.

 

Algunos analistas y politólogos españoles se sorprenden ante el hecho de que los mensajes reales enviados entre los monarcas con ocasiones de fiestas nacionales de los dos países no surtieron efecto, a diferencia de lo que solía ocurrir antes.

 

Algunos de ellos consideran, además, los mensajes reales marroquíes, – por ejemplo, el último mensaje de felicitación por la Fiesta Nacional de España que el Rey de Marruecos dirigió al Rey Felipe VI -, como una maniobra con la que Marruecos quiere quitarse la imagen de «testarudo» y «agresor» ante los aliados y socios de España en la Unión Europea en particular.

 

El primer mensaje lo dirigió el Rey de Marruecos a su homólogo español en su discurso con motivo de la Fiesta de la Revolución del Rey y el Pueblo, pronunciado el 21 de agosto del año pasado 2021, y la respuesta del Presidente del Gobierno español no tardó, interactuando positivamente con las expresiones reales que invitan al restablecimiento y desarrollo de las relaciones entre ambos países, mientras que el monarca español permaneció en silencio, y algunos indicaron que el silencio real español fue adrede y orquestado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

 

Luego los intentos del Ministro de Asuntos Exteriores español (José Manuel Albares) para restaurar los canales de comunicación y organizar la agenda de visitas siguieron chocando con «la pasividad» marroquí, y continuó la ausencia de la embajadora marroquí en Madrid que se prolonga desde su llamada a Rabat para consultas durante la llamada «crisis de Ghali».

 

En cambio, las relaciones marroquí-alemanas volvieron rápidamente a la normalidad justo después de que el nuevo Gobierno alemán expresó una comprensión más suave de la posición marroquí, por lo que la embajadora marroquí en Berlín reanudó sus funciones.

 

¿Por qué hay esta diferencia en el curso de las relaciones hispano-marroquíes en comparación con las relaciones germano-marroquíes? ¿Y cuál es el secreto de eso?

 

En efecto, Marruecos sigue insistiendo en la necesidad de que España cambie su posición respecto a la cuestión del Sáhara marroquí, y eso es lo que Marruecos pide a Alemania y a todos los países de la Unión Europea, pero no obliga a Alemania a reconocer inmediatamente la marroquinidad del Sáhara, y se limitó a expresar la comprensión de Alemania hacia las demandas marroquíes y su apoyo a la propuesta de autonomía. 

 

A mi juicio, Marruecos no esperaba de España más de eso. Es decir, un cambio paulatino de posiciones a medida que se desarrollen las relaciones, así como dejar de defender y promocionar la posición separatista en foros internacionales.

 

El Gobierno español tiene varios desafíos ligados a su formación de coalición con un socio de extrema izquierda que apoya al Polisario y que comparte con la extrema derecha la misma hostilidad hacia Marruecos.

 

Pero este hecho no es el único que haga imposible el retorno de las relaciones entre ambos países a la normalidad después de que el rey Mohammed VI expresara explícitamente la disposición de Marruecos a reanudarlas. 

 

Los conocedores de los profundos de las tradiciones reales de los dos países saben que el mensaje del Rey de Marruecos requería una respuesta del Rey de España en primer lugar, y que Marruecos, desde el reinado del difunto rey Hassan II, viene insistiendo en las relaciones entre ambas familias reales y las separa de la relación entre los dos Estados, y que la comunicación entre los dos reyes juega un papel muy importante para suavizar los obstáculos y resolver las crisis bilaterales, conservando su papel como jefes de Estado.

 

Los reyes no pierden su estatus aunque abdiquen del trono, cosa que no ocurre con los presidentes de las repúblicas. 

 

La Casa Real marroquí estaba esperando una respuesta del rey Felipe VI, no del jefe del Gobierno, siguiendo las tradiciones en los dos reinos.

 

El rey español lo sabe muy bien, y lo sabe también el presidente del Gobierno español, pero este último prefirió jugar «la carta de rivalidad» con el monarca marroquí, y no recurrió al rey, a diferencia de lo que hicieron Felipe González, Aznar y Rajoy, que sí acudieron al rey Juan Carlos para mediar con el Rey Hassan II con el fin de resolver muchas crisis, entre las que mencionamos la crisis de los acuerdos de pesca, inmigración, entre otros.

 

En mi opinión, la acumulación de todas estas causas llevó al aumento de la tensión y tal vez a la escalada, abortando la oportunidad brindada por el mensaje del Rey Mohammed VI para restablecer las relaciones entre los dos países.

 

 Los últimos mensajes del rey español llegan como respuesta tardía a los mensajes marroquíes, a los que el rey Mohamed VI respondió felicitando al monarca español por su quincuagésimo cuarto cumpleaños y subrayando -o más bien recordando- las fraternales y sólidas relaciones entre las dos familias reales. 

 

Los cercanos al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, lo califican a este último de «testarudo» y que tiene una confianza excesiva en sí mismo, pero quienes conocen los secretos de las antiguas tradiciones reales en Marruecos y de la diplomacia marroquí, confirman en más de una ocasión que chocará contra su pared, y el Estado marroquí sabe que la responsabilidad directa de la crisis y de la acogida (secreta) del líder del Polisario, Brahim Ghali, recae sobre Pedro Sánchez, y no sobre su ministra de Asuntos Exteriores destituida (Arancha González Laya), tal como lo confirmó el nuevo jefe de la diplomacia española cuando afirmó hace unos días en la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento español que el presidente del Gobierno es quien determina la política exterior española en sus más precisos detalles.

 

La testarudez del presidente del Gobierno español es como jugar con fuego y acercarse a las líneas de choque, lo que hace que se convierta, como presidente del Gobierno, en un obstáculo para la vuelta a la normalidad de las relaciones hispano-marroquíes, como sucedió con el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, tras la crisis de Perejil.

 

El presidente del Gobierno español volvió ayer, 1 de febrero, durante su visita al pabellón de España en la Exposición Internacional de Abu Dabi, a hacer un llamamiento a Marruecos para que retome y desarrolle las relaciones entre ambos países, ante el continuo silencio marroquí que sólo se rompería a través de mensajes de cordialidad entre los dos reyes.

 

El Gobierno español debe saber hoy más que nunca que las relaciones hispano-marroquíes se han caracterizado, históricamente, por la complejidad y el rigor, y que la opción de la presión y el regateo no servirán para nada ante una diplomacia de larga data que no se obedece necesariamente a los modelos de otros países de nuestro entorno, y que el Palacio Real de Marruecos determina sus detalles, y que el canal de comunicación y solución de problemas entre los dos países pasa por la comunicación de los dos reyes.

 

Cualquiera que sea la importancia de los papeles que están en manos de España para presionar a Marruecos, los papeles de presión de Marruecos son muy vitales y fuertes y que afectan a los intereses de España y de la Unión Europea, que no oculta su preocupación por la continuación de la crisis entre Marruecos y España.

 

Es muy probable que en los próximos días el rey Felipe VI intervenga para desempeñar un papel fundamental en el restablecimiento de las relaciones entre ambos países, según fuentes cercanas al Palacio de la Moncloa, además de la mediación de algunos líderes históricos del Partido Socialista, que disfrutan de la confianza del Palacio Real de Marruecos.

 

Beyuki es experto en las relaciones hispano-marroquíes y ex presidente de ATIME (Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España).

 

Traducción: Mohamed Charbi

 

 

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