En busca de la reconciliación: Rabat y Madrid siguen alejados

Los senderos de España y Marruecos se bifurcan por el momento. Tampoco hay buenas señales de cara al futuro

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Rue20 Español/ Mohammadia

 

Toufiq Slimani

 

Tras más de ocho meses de crisis diplomática hispano-marroquí, desatada por el Gobierno español tras la entrada clandestina y bajo identidad falsa, del presunto líder del Polisario, Brahim Gali, a España, todo sigue igual.

 

El problema del Sáhara sigue marcando la diferencia. España se enroca en su postura del siglo pasado. Marruecos pide al Gobierno español seguir la nueva dinámica regional e internacional para solucionar este problema que ha durado más de cuatro décadas.

 

España está buscando las maneras y las opciones posibles para conseguir una pronta reconciliación con Marruecos. Los mensajes positivos del rey y el presidente del Gobierno español últimamente hacia Rabat, son buenos, pero, insuficientes.

 

España baraja todas las opciones posibles, pero Marruecos no imagina una salida que no esté basada en una postura española atrevida y clara acerca del conflicto del Sáhara.

​La decisión americana de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara el 10 de diciembre de 2020, forma parte de esta dinámica. España no tiene más remedio que seguir esta nueva dinámica. Alemania es un ejemplo a seguir para España.

​Los dos países están obligados a convertir la crisis actual en oportunidades y expectativas.

 

​Las relaciones bilaterales han mejorado mucho en la década saliente, sobre todo entre 2012-2018. Fue una década de calma, de tranquilidad, de colaboración y de entendimiento. En 2012, España se convirtió en el primer socio comercial de Marruecos, arrebatando el liderazgo a Francia, gran socio y amigo de Rabat. Esa década se culminó con la presencia de casi 20000  pymes españolas en  Marruecos.

 

​En las dos últimas décadas, los dos países han conseguido salvaguardar las relaciones económicas, comerciales, empresariales, sociales y de seguridad, de los efectos de las tensiones políticas y diplomáticas.

 

​Pero la estrecha cooperación económica y de seguridad no se reflejó en lo político y diplomático. Por eso, ha llegado el momento de poner los elementos ayudantes y positivos al sirvió del factor político.

 

​Debemos encauzar la estrecha cooperación en la pesca, la agricultura, el turismo, la Administración, la Justicia, en   la luchar contra el terrorismo, el narcotráfico, las mafias y la inmigración, a consolidar una vecindad estratégica, armónica y duradera.

 

​Lo que está pasando desde el verano de 2018, en general, y desde el 10 de diciembre de 2020, en particular, nos trae a memoria otras dos etapas: la primera entre 2001-2003, cuando los dos países estaban al borde de la guerra por la ocupación militar española de la isla de Perejil; y la segunda entre 2009 y 2011, con el incidente de la agresión de la policía española a jóvenes marroquíes en la frontera de Ceuta y la congelación de la prolongación de acuerdo de pesca entre Rabat y Bruselas.

 

Los senderos de España y Marruecos se bifurcan por el momento. Tampoco hay buenas señales de cara al futuro.

 

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