Altamirano: Ceuta y Melilla vuelven la cara a Marruecos como solución económica a su pobreza

Los gobiernos de España no quieren Ceuta y Melilla. Nunca la quisieron más allá de la paranoia imperialista o el esperpento del “si devuelvo Ceuta y Melilla a Marruecos, después pedirán Córdoba”

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Rue20 Español/ Málaga

 

Pedro I. Altamirano

 

De pequeño vivía en una casa con ventanas al puerto de Málaga, aquel puerto que era un verdadero bullir de comercio de personas y mercancías. Líneas marítimas regulares con Melilla, Tánger, Marsella, Génova… unos tiempos en los que los malagueños vivían de la industria, del comercio, y no del inestable turismo. Una Málaga que siempre miraba a la cercana orilla africana con simpatía y hermandad.

 

Melilla por entonces era pueblo de la provincia de Málaga, con la misma matricula de los coches, ese nostálgico MA, y con el mismo código telefónico 952 que aún se comparte. Todo lo que era melillense, era malagueño y viceversa. Ceuta, del mismo modo, era pueblo de la provincia de Cádiz. Ambas territorio andaluz, o andalusí. Esto hay que tenerlo muy en cuenta, no es baladí. El sentimiento Melillense y Ceutí siempre fue y es andaluz, pero del mismo modo con el sentimiento de hermandad con el vecino Marruecos. Es natural, muchos siglos de historia y cultura en común.

 

Llegó la “transición democrática” y había que debilitar el poder andaluz, que novedad, Andalucía siempre pagando los platos rotos por los gobiernos de España, y en el reparto territorial algunos partidos de cuyo nombre no quiero acordarme, decidieron de espaldas a la historia y al pueblo andaluz, quitarnos a Ceuta y Melilla para convertirlas en dos “ciudades autónomas” para desgracia de Ceutíes y Melillenses.

 

Desde aquella trágica decisión, las dos provincias autónomas comenzaron a recorrer el camino a la decadencia económica, social e insignificancia política. Así décadas tras décadas, fueron apagándose como una vela a la que no le llega el mínimo oxígeno para seguir encendida.

 

Ninguna inversión industrial potente que generara puestos de trabajo estables y dignos, ni apuesta por el que fue puerto de referencia en el estrecho, ni en ningún sector estratégico para dotar autonomía económica a Ceuta y Melilla. Nada, fueron dejadas de la mano del destino y de la imaginación de Melillenses y Ceutíes.

 

No es extraño entonces, que tanto una como la otra, volvieran la cara a Marruecos como solución económica a su pobreza. El comercio a través de las fronteras que tantas veces nos han ofrecido por las televisiones españolas, siempre para lo peor y con toda la mala fe. Lo que no explica nunca, rara vez, es la cantidad de personas que viven gracias al comercio transfronterizo a ambas partes de la valla de la vergüenza.

 

Los gobiernos de España no quieren Ceuta y Melilla. Nunca la quisieron más allá de la paranoia imperialista o el esperpento del “si devuelvo Ceuta y Melilla a Marruecos, después pedirán Córdoba”, pero eso sí, a los ciudadanos y a su futuro que se busquen la vida como puedas. Esto me recuerda a esas frases tan machistas de “mía o de nadie” germen de la violencia de género más indecente.

 

“Da capo” o lo que es lo mismo, vuelvo al inicio de esta reflexión. Soy malagueño, andaluz, y me duele como mío todo lo que pasa en Ceuta y Melilla. Las quiero, y quiero lo mejor para ellas. Sólo busco lo mejor, y esto pasa por buscar soluciones realistas y de futuro para todos. Para mí, lo reconozco, ambas son andaluzas, como también pienso que lo es el Gran Magreb desde Tánger a las orillas del Níger, pero eso es solo un sueño cultural de un soñador empedernido nada político, sin acritud alguna.

 

Me duele verlas abandonadas y maltratadas, no por Marruecos no, sino “voto a Dios” (soneto con estrambote) que me espanta decir que abandonadas por los gobiernos de España, recordando el “muerta antes que de otro”. Lo peor, por el camino que lleva, lo está logrando. Ceuta y Melilla al borde del caos, sin futuro, y empobrecidas, pero eso sí, tal como decía Mariano Rajoy “Los españoles son muy españoles, y mucho españoles”, o lo que es lo mismo, Ceuta y Melilla son muy pobres, pero “muy españolas y mucho españolas”.

 

No creo que haya personas en este planeta que quiera más a ambas ciudades que el que les escribe. Por ello, repito, quiero lo mejor para ambas, cueste lo que cueste. Si España no quiere, o solo las usa como moneda de cambio, debería tener un acto de dignidad y dejarlas partir para su felicidad, del igual modo que vemos partir a nuestros hijos e hijas buscando su felicidad y prosperidad con quién ellos decidan de forma libre, o bien, poner de inmediato, todo el presupuesto económico necesario para su desarrollo económico y social, cosa que dudo mucho que tenga el menor interés en ello.

 

La otra opción es dejar el pasado atrás y devolver ambas ciudades al Reino de Marruecos (otro día desarrollaré la tesis del porqué uso la palabra devolución y no cesión), pero eso, en estos momentos supondría un verdadero trauma colectivo para una sociedad que no está preparado aun para ello.

 

Como soy hombre que me distingo por decir siempre lo que pienso, voy a tirarme al temido barro de las proposiciones que nunca gustan a nadie, pero que al final no se trata de gustar a unos pocos o muchos, sino que sea una alternativa realista, pensando siempre en el bien colectivo. Hablo de la solución de la cosoberanía hispano-marroquí de peñones y ciudades, por un periodo inicial de 50 años. Se trata de dejar atrás absurdos enfrentamientos y ponernos a buscar una solución real que beneficie a todos por igual.

 

Crear dos espacios compartidos de libre comercio, en base a una verdadera zona franca en el eje Mediterráneo-Atlántico, de la que se puedan beneficiar tanto España y Marruecos. Que sirva para crear empleos estables y de calidad a ambas orillas del estrecho, y sea la línea comercial Europa-África. Una zona franca bilateral que sirva para dejar atrás desencuentros y potenciar el encuentro, en un mundo post Covid, cada vez más global y competitivo. Una oportunidad que no debemos dejar pasar. Trabajar para el futuro y que dentro de 50 años, sean los implicados quienes vuelvan de decidir tras analizar los resultados obtenidos.

 

En cuanto a los peñones, es bastante más fácil y lógico. Compartamos este espacio natural tan importante para todos, y cuidémoslo juntos, ya que beneficia a todos por igual.

 

Politólogo español

 

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