Crisis diplomática: Marruecos, el vecino imprescindible de España

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Escrito por: Mohamed Charbi

Para nadie es un secreto que las relaciones bilaterales entre Marruecos y España vienen atravesando momentos difíciles desde hace mucho tiempo.

Ese vaivén en las relaciones se debe a varios conflictos que se repiten cada dos por tres, como por ejemplo, el conflicto sobre el Sáhara marroquí, la inmigración, el acuerdo pesquero, etc.

Estos asuntos siempre obstaculizan e impiden el desarrollo continuo de las relaciones hispano-marroquíes, en fin, son una piedra en el zapato de Marruecos-España.

Sin embargo, conscientes de las malas consecuencias que podría tener la ruptura en las relaciones entre ambos países, se hacía la vista gorda para no llegar a una crisis diplomática que dañaría a todos.

Un buen ejemplo de ello es el incidente de Perejil que tuvo lugar en el verano de 2002, y que estuvo a punto de hacer estallar una guerra sin precedentes entre Marruecos y España.

hoy en día, el conflicto hispano-marroquí sale a la palestra de nuevo. Y los motivos son de siempre, el Sáhara y la inmigración.

Pero para entender muy bien lo que pasó es imperativo remontarse a dos fechas muy claves que se consideran la manzana de la discordia: el 10 de diciembre de 2020 y el 17 de abril de 2021.

El 10 de diciembre de 2020 es la fecha que representa la histórica victoria diplomática de Marruecos, ya que se coincidió con la decisión del expresidente estadounidense, Donald Trump, de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y la apertura de un consulado en la ciudad de El Aaiún.

Mientras que el 17 de abril de 2021 encarna el intento de España de demostrar su descontento y enfado por la decisión antes mencionada, cuando acogió, secretamente y con un pasaporte falso, a Ibrahim Ghali, líder del Frente Polisario, en un hospital en la ciudad española de Logroño para ser tratado por la Covid-19.

La vecina del norte de Marruecos, España, no aguantó nunca jamás la decisión estadounidense.

Por lo tanto, a partir de aquel entonces, Madrid empezó a buscar y utilizar todos los medios posibles con el fin de convertir esa derrota diplomática en una victoria. Pero es una tarea imposible, es como pedir peras al olmo.

tras haberse enterado de la noticia de la hospitalización de Ghali en territorio español, Marruecos no tardó en cantarle las cuarenta a España mediante declaraciones oficiales más claras que el agua.

En dichas declaraciones, Rabat dejó muy claro lo que quiere precisamente de España; en cambio, esta última no pudo aclarar explícitamente a dónde quiere llegar.

Marruecos quiere que Madrid ponga los puntos sobre las íes y que diga las cosas claras. Marruecos quiere saber, hoy más que nunca, qué camino va a elegir España: o bien el camino que conduce a nosotros ( Marruecos) o bien el camino que conduce a nuestros enemigos.

No obstante, España todavía no ha tomado ninguna decisión al respecto. Es verdad que se encuentra en una situación muy complicada, contra las cuerdas, pero no tiene más remedio que decidirse cuanto antes porque a veces en la tardanza está el peligro.

Desde el estallido de la crisis diplomática, España anda como pollo sin cabeza, sin rumbo, y no sabe a qué atenerse. Ahora, está llamando a todas las puertas para encontrar una salida urgente a la crisis.

Últimamente, ha recurrido al Parlamento Europeo para presionar más a Marruecos, pero todo en vano hasta el momento.

En vez de europeizar la crisis diplomática, es mejor que España vuelva a revisar sus decisiones, repetir los cálculos y corregir lo que hay que corregir.

Aunque el Parlamento Europeo tome cartas en el asunto, nada cambiará. Esta crisis requiere un diálogo abierto, claro y directo entre Marruecos y España sin las intervenciones negativas de nadie.

Dialogando cara a cara se soluciona el problema. Es la herramienta más eficaz y útil para superar crisis, malentendidos, conflictos,…

En pocas palabras, España nunca jamás puede prescindir de Marruecos por más que intente demostrar lo contrario.

Prueba de ello son las pérdidas registradas hasta ahora en todos los niveles debido a la leve ruptura actual en las relaciones entre los dos países.

Las pérdidas van en aumento con el pasar del tiempo mientras dure la crisis. Marruecos va a perder también con esta crisis diplomática, pero no tanto en comparación con España.

No es justo ni lógico dejar que esta crisis destruya, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo que se viene construyendo durante varias décadas a nivel económico, industrial, cultural,…

Las crisis no suelen desembocar en beneficio de nadie, de ellas nadie sale triunfador.

De ahí, hay que buscar una solución rápida y adecuada a este problema diplomático y mirar hacia delante, hacia el futuro. Al fin y al cabo, son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan.

Tanto el pueblo marroquí como el español esperan y desean que las aguas vuelvan a su cauce lo más pronto posible.

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