Las relaciones entre Marruecos y España post crisis y la necesidad de renovar la doctrina

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RUE20 ESPAÑOL / RABAT

Mohamed Nouri

La pereza camina tan lentamente que la pobreza acaba alcanzándola.

B. Franklin

Parece que nosotros los marroquíes que amamos a España, mientras las relaciones entre nuestros países sigan rigiéndose por una doctrina desueta y recelosa, estaremos condenados a parecer a aquél que describió el poeta sudanés Idris Yamma en uno de sus exquisitos poemas:

Mi suerte es como una harina que encima de espinas sembraron

Y a descalzos en un día ventoso, ¡recogedla! clamaron

No cabe duda de que el último episodio de crisis que vive Marruecos con dos países de la Unión Europea (España en particular) encuentra su explicación en el cambio geopolítico resultante de una sucesión de iniciativas y novedades que tuvieron lugar en Marruecos, entre ellos:

-La política de los grandes puertos mediterráneos.

Su vuelta exitosa y natural a la Unión Africana.

-Su penetración económica en un buen número de países africanos.

-La demarcación de sus fronteras marítimas.

-Los importantes recursos del monte Tropic.

-El cierre de los pasos fronterizos de Melilla y Ceuta.

El reconocimiento de EE.UU de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

Por tanto, la crisis actual con el vecino del Norte nos indicaque el miedo de lo desconocido es más fuerte que el impulso, que tratar las variables de hoy y más adelante con las constantes del pasado es un ejercicio obsoleto, y que elsistema de explotación no es capaz de tratar los nuevos datos. En definitiva, que ya es tiempo de adoptar una nueva perspectiva capaz de renovar los intereses y adaptarlos a los cambios geopolíticos y geoestratégicos en la zona.

Y “la felicidad se encuentra a veces en lo desconocido”, decía Victor Hugo.

Como interesados por los asuntos hispano-marroquíes, sabemos que la posición de España a nivel político, militar y ‘de la sociedad’ de cara a Marruecos (el Sáhara entre estos asuntos) se reparte entre cuatro visiones:

-La primera se nutre de los testamentos de Isabel la católica que estima que la persecución de los moros’ allende los mares y su hostigamiento es lo que garantizaría la seguridad de España. Tal visión fue retomada por Antonio Cánovas del Castillo el presidente del Partido Conservador y del gobierno español entre 1895 y 1897. Uno de los discípulos de esta escuela es el ex presidente Aznar.

-La segunda considera que el proyecto de autonomía ampliada propuesto por Marruecos es un buen estimulante para su democratización y el refuerzo de las relaciones siempre que se mantenga la relación de fuerzas a favor de España y que el vecino del Sur renuncie a sus reivindicaciones en Ceuta y Melilla. Los orígenes de esta visión remontan a Ángel Ganivet, autor del Idearium español y una de las cabezas visibles de la generación del 98 que estuvo detrás de la revitalización de las raíces culturales de España después de la pérdida de sus últimas colonias. Entre las personalidades españolas que defienden esa tesis encontramos a José Luis Margallo, ministro de AAEE del gobierno de Rajoy, que insistió en sus últimas salidas mediáticas en la necesidad de repensar la postura de España sobre el Sáhara estimando que, como decía Keynes, hay que cambiar de opinión cuando las circunstancias cambian.

-La tercera no ve problema ninguno en reconocer que elSáhara es marroquí pero aparcando el asunto de Ceuta y Melilla hasta que maduren las condiciones y que este asunto formara parte de un ‘dealque incluiría la vuelta de Gibraltar a la corona española. Entre los que defienden esta tesis se encuentran Moratinos y Zapatero que reiteró la semana pasada su apoyo a tal visión. Esta visión es compartida también por un buen número de militares. Para todos ellos, un vecino fuerte y vinculado a Europa es algo positivo para España.

-Y una cuarta que cree en la autodeterminación y utiliza los tres registros para propugnar dicha opción o sea la lógica del Estado profundo (los servicios de inteligencia), la lógica normativa (diplomacia y economía) y la lógica de las ONG’sque nos recuerda a veces el trabajo subrepticio de los misioneros. Es útil recordar que la ONU que barajaba también la opción de referéndum dejó de plantearlo desde el año 2003 al darse cuenta de que era misión imposible.

Dicho esto, la oscilación de las relaciones hispano-marroquíes entre marea alta y baja, barahúnda y quietud, encuentra su explicación en razones de política interna motivada por la querella entre estas cuatro visiones a las que se suman razones externas ligadas a los intereses de las grandes potencias en Marruecos que ven con recelo cómo España se ha convertido en tan poco tiempo en el socio económico primero de este país.

Esta nueva situación es el corolario del cambio que tuvo lugar en la doctrina (o eslogan) de España de cara a Marruecos que pasó de ‘interesarse por su estabilidad política pero no por su desarrollo económicoa una nueva que se sustenta en la creación de un ‘colchón de intereses económicos’ con el vecino del Sur.

Se trata de una evolución significativa que permitió crear un clima de confianza mutua que alentó las empresas españolas a invertir en Marruecos, algo que se contabiliza a favor de los gobernantes de los dos países y que habría que reforzar y desarrollar conforme a los nuevos retos.

Para ello, haría falta pasar a una tercera velocidad que requiere primero abandonar el espíritu que yace detrás de esa frase esquizofrénica que pretende poder nadar y guardar la ropa seca. España debe entender que el Sáhara, sencilla y severamente, es un asunto de vida o muerte para Marruecos.

Trabajar en esta dirección desde la UE, el marco que rige hoy las relaciones entre ambos países, permitiría a España aliviarlas presiones ligadas a su especificidad interna.

No cabe ninguna duda en que el Estado español tiene todo el derecho de defender sus intereses con Argelia pero sin dañar sus provechos con Marruecos. No le hace falta ninguna emprender unas vías que empañan su imagen y ponen en entredicho la credibilidad de su sistema judicial y la separación de poderes. Tales procedimientos suponen además una llamada al ofuscado a recoger el guante y devolver el golpe. Los que conocemos los entresijos del tema del Sáhara sabemos que es una caja de pandora abierta a todas las sorpresas.

Si el objetivo es aportar una solución a las generaciones que nacieron en los campamentos y allí crecieron sin rumbo ni horizonte nos estamos desviando y mucho del camino. Por razones históricas, nuestros amigos españoles están llamados a ser parte de la solución en vez de seguir siendo parte del problema.

La verdadera patria es el tiempo que limita nuestra existencia y no la tierra que es eterna, y la acción política a veces es como el bisturí del cirujano, no debe dejar tiempo a la incertidumbre” dijo F. Mitterand.

No quisiera que el amor profesado hacia España que quedó patente en las manifestaciones de júbilo tras la victoria de España en el mundial de fútbol de 2010 se convirtiera en frustración y odio. Tampoco quisiera que la imagen que tienen los españoles de los marroquíes volviera a la época de la inquisición ni a los estereotipos relacionados con los soldados rifeños que Franco (o el hadj Abdeslam como les hizo creer) embaucó en una guerra ideológica y fratricida privando las tierras del Rif y Yebala de sus bravos hombres.

Para ello, y después de la vuelta insoslayable a la serenidad, hace falta emprender acciones susceptibles de asentar nuevas relaciones entre los dos vecinos, entre ellas:

-Dar un paso adelante en el asunto del Sáhara conforme a la nueva configuración geopolítica y conjugando los intereses de ambos países con los de los saharauis que adolecen en los campamentos.

-Reforzar su presencia lingüística que vemos menguar día tras otro a pesar de que Marruecos alberga el mayor número de los institutos Cervantes en el mundo.

-Edificar junto con Marruecos una verdadera plataforma mediática que participe en cambiar los prejuicios y poner en relieve lo que nos une cultural y económicamente.

-Reevaluar seriamente el papel de los titulados marroquíes de las universidades españolas conforme al papel de España y la magnitud de su inversión en Marruecos.

En cuanto al tema de Ceuta y Melilla, estimo que cualquier reivindicación territorial, indistintamente de su grado de legitimidad, debe fundamentarse en el beneficio de las dos partes del conflicto de los recursos que ofrece el territorio,asegurar el desarrollo humano, reconocer la dimensión geográfica y los derechos culturales también. Las fronteras existen en las mentes y las de Ceuta y Melilla, bien que ofrecieron miles de puestos de trabajo temporal a marroquíes durante décadas, desmantelaron su tejido industrial y supusieron una llamada de sirena a decenas de miles de personas de distintas zonas del país a que se instalaran en las ciudades colindantes para dedicarse al contrabando.

Luego hay otro dato que susurro en los oídos de nuestros amigos españoles así como de paisanos míos: habláis de pobreza como razón que empuja a un gran número de personas a desear salir del país. Sí, pero ¿acaso no estamos ante la paradoja del huevo y la gallina? Dicho con otra expresión: ¿qué habría pasado si Marruecos invirtiera en desarrollo esos miles de millones de euros dedicados desde hace medio siglo a los gastos militares en el Sáhara? ¿Qué habría ocurrido si el contrabando vía Ceuta y Melilla no demoliera la economía marroquí y condenara a miles de industrias al cierre y la despedida de sus trabajadoras y trabajadores?

Y por último, ¿De qué fronteras hablamos en un mundo globalizado donde éstas se derrumben ante la presión insoportable de las nuevas estructuras económicas de la globalización sobre el Estado-Nación en su acepción tradicional basado en las fronteras?

Empecé este artículo con una citación que dice que ‘la pereza camina tal lentamente que la pobreza acaba alcanzándola’. Quizás sea esta la mejor imagen que describe lo que ocurrió últimamente en Ceuta así que hay que andar con sumo cuidado e inteligencia ya que España es la caja de resonancia de Marruecos y viceversa.

La tontería viene de la pereza” dijo Jacques Brel.

Para remediarlo, la UE debe salir de la situación de pereza articular a nivel de su política exterior con Marruecos y proceder por distinción no por aproximación en los temas del Sáhara y de Ceuta y Melilla.

En vez de atizar el fuego, debe ex-ante intermediar, calmar los ánimos, y sobre todo, darse cuenta que sólo la creación de un espacio de interdependencia y complementariedad económicas en las zonas limítrofes de estas últimas podría aportar una solución a este conflicto. Sólo así se podrá percibir esas fronteras desde la visión de los geógrafos y no la de los expertos en derecho internacional y hacer que caigan de per se.

En cuanto al conflicto del Sáhara, debe entender que en el proyecto de autonomía ampliada y en la cooperación con Estados Unidos para hacer de esta zona una verdadera plataforma económica residen las soluciones para los problemas de trabajo (incluso para los españoles), emigración y seguridad.

Seguir ad vitam aeternam “descansando de no hacer nada”, como dijo Cocteau, significa más desestabilización, menos seguridad y prosperidad; en definitiva, ofrecer la zona en bandeja de plata al caos y al peligro djihadista que haemprendido su viaje hacia el Norte y va ganando terreno cada día más. No hace falta recordar los vínculos del Frente Polisario con movimientos terroristas africanos y de Oriente Medio.

Y todo aquel que no anticipa, trabaja y renueva termina por ser visitado por la ignorancia y la miseria tarde o temprano.

Para terminar, creo que no importa si estemos de acuerdo o no con los argumentos que alegó España para justificar la entrada de Ghali o los que Marruecos presentó para explicar lo que ocurrió en Ceuta. Lo que importa de verdad es saber a fortiori que el error conlleva al error y nuestro papel como intelectuales es encontrar la verdad en medio del error.

“No corregirse después de un error es el verdadero error”, dijo Confucius, y no hay nada que igual la inteligencia humana como su testarudez y crueldad.

Esperemos que prevalezca la inteligencia.

*Presidente de la asociación Alcántara España-Marruecos

Investigador del Instituto de la Paz y Conflictos. Universidad de Granada

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