Opinión. Marruecos y España. una vecindad complicada

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RUE20 ESPAÑOL / RABAT

Abdelhamid Beyuki

Desde la independencia de Marruecos en 1956, las relaciones entre España y Marruecos se rigen por una dualidad cooperación/tensión.

No obstante, tanto la geografía como la vecindad requieren la implantación de modelos cooperativos. Marruecos es considerado un aliado estratégico para España y la Unión Europea en varios sectores como la seguridad, la inmigración y la lucha contra el terrorismo.

Estas relaciones se vieron reforzadas por la intensificación de la cooperación económica en las últimas décadas convirtiendo a Marruecos en el primer socio comercial de España.

Sin embargo, también existen momentos de tensión que caracterizaron estas relaciones durante siglos y que aún no han disipado y han originado múltiples enfrentamientos y escaramuzas, tal como ocurrió en 2002 con la crisis del islote Perejil (Laila).

Entre los momentos de tensión está la ocupación de España a un grupo de enclaves marroquíes, y su posicionamiento respecto a la cuestión del Sahara marroquí que, desde la extrema derecha pasando por los conservadores, hasta la extrema izquierda pasando por el Partido Socialista Español, conoce un apoyo unánime a la secesión.

La vecindad entre Marruecos y España es regida por una relación en la que se entrecruzan la historia y la complicada lucha por un más decisivo papel regional, unos intereses entrelazados, algunos de los cuales son estratégicos y vitales para la seguridad y la estabilidad de ambos países.

Llegados a este punto cabría preguntarnos: ¿por qué estalló la actual crisis entre Marruecos y España? y ¿cuáles son sus verdaderas causas?
Lo que España aún no ha entendido (o no quiere entender), es que muchos cambios se han producido en la región a lo largo de las últimas décadas, el más importante de los cuales es el fuerte regreso de Marruecos al continente africano, su desempeño de unos papeles primordiales y exitosos en focos de conflicto y tensión en la región, el enorme desarrollo que Marruecos ha conocido en las dos últimas décadas a nivel de infraestructura, su apertura a múltiples y variadas relaciones de socios, y el rápido desarrollo de las relaciones estadounidense-marroquíes en el sector comercial y militar, debido al papel de Marruecos como un aliado estratégico en la región, que culminaron con el reconocimiento de EEUU a la soberanía marroquí sobre el Sahara.

Todos estos factores contribuyeron a que Marruecos se convirtiera en un actor importante en la región. Por ello, la necesidad de Marruecos a un replanteamiento en sus relaciones con los socios se ve cada vez más necesaria, especialmente con el vecino español y la Unión Europea, por su participación activa y efectiva como un aliado estratégico en el sector de la seguridad, la inmigración y la lucha contra el terrorismo.

España tenía que percatarse de que había comenzado una nueva etapa de relaciones con Marruecos, y que ya no es posible seleccionar los elementos de cooperación y colaboración entre los dos países.

A los socios de Marruecos también deben elegir entre una plena cooperación que incluía todos los expedientes, incluido el expediente del Sahara como parte de la seguridad nacional marroquí.

Estos nuevos factores no fueron descartados ante un gran número de voces de mucho peso en España de derecha y de izquierda moderada, incluso voces en los centros de toma de decisiones económicas.

Algunas de estas voces pidieron al gobierno de Pedro Sánchez que replanteara su relación con Rabat acorde a estos eventos, y en particular restablecer su posición clásica sobre la cuestión del Sahara.

Esto ya lo había expresado el exministro de Asuntos Exteriores (José Manuel Margallo) del gobierno derechista de Rajoy, que consideraba que el letargo de España en la actualización de sus relaciones con Marruecos a la luz de estos desarrollos perjudicara los intereses estratégicos de España con Marruecos, y esto va a tener repercusiones en cuanto a los intereses de España en el continente africano.

En el mismo orden de cosas, el titular de Exteriores marroquí, Naser Burita, subraya en una clara y breve declaración: «España debe entender que el Marruecos de hoy ya no es el Marruecos de ayer».

Por su parte, la inmigración sigue siendo uno de los temas más sensibles que rigen la relación de Marruecos con España y la Unión Europea.
Esta última no puede prescindir de la cooperación con Rabat respecto a este delicado y espinoso expediente, ya que entre las repercusiones de esta crisis está lo que hemos visto con el paso de miles de inmigrantes a la ciudad de Ceuta.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos había declarado explícitamente que Marruecos ya no acepta el papel de gendarme de Europa, y que la cooperación en este expediente debe alcanzar el nivel de la colaboración, y que la cooperación incluye todos los expedientes, incluido el expediente del Sahara.

Esta declaración coincidió con el desarrollo de la cooperación Estados Unidos-Marruecos que culminó con el reconocimiento del Sahara marroquí, un reconocimiento que inquietó sobremanera a la Unión Europea, particularmente a España, y también a Argelia que no ocultó su preocupación por el desarrollo de la cooperación entre Estados Unidos y Marruecos y el creciente papel de Marruecos en la región.

Todos estos factores contribuyeron, por su parte, a un acercamiento argelino-español que agudizó aún más la crisis entre España y Marruecos, concretamente cuando el vecino norte había recibido al líder del Polisario para ser atendido en uno de sus hospitales, y según mi opinión, España fue víctima de su desprecio de las capacidades del vecino sur, de su lectura errónea de los cambios que conoce la región y también de hacer caso omiso a los reiterados mensajes de Marruecos para actualizar su política exterior acorde a los intereses comunes.

Estimo que la tensión durará un poco por motivos relacionados con la situación política interna de España, y que esta crisis va a tener consecuencias en la estabilidad del gobierno de coalición de Pedro Sánchez, y no descarto una reorganización del gobierno que incluyera la cartera del Ministerio de Asuntos Exteriores y la sustitución de la actual ministra que ha mostrado un gran fallo en la gestión del expediente de estas relaciones, y de otros expedientes que fueron objeto de duras críticas incluso por parte de destacados dirigentes del Partido Socialista que lidera el actual gobierno español.

Traducción de nuestro colaborador Ismail el Khouaja.

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