La noche que apagó el sueño marroquí

 

Rue20 Español/Rabat

La racha de 34 partidos invicto se desvaneció en el Gillette Stadium, donde Marruecos firmó su actuación más pobre del torneo y dijo adiós al sueño mundialista.

- Anuncio -

Llegaban los Leones del Atlas con una aureola de invencibilidad que pocos equipos en la historia del fútbol han logrado forjar. 34 partidos sin conocer la derrota. Veintiséis victorias, ocho empates, dos títulos africanos y una Copa Árabe en el bolsillo. Pero el fútbol, ese deporte que tantas veces ha abrazado a Marruecos como a un hijo pródigo, les recordó anoche en Boston que las rachas están hechas para romperse. Y se rompió con la frialdad de un 2-0 que, en el papel, ni siquiera refleja la verdadera dimensión de la superioridad francesa.

Porque los datos, ese espejo implacable de la realidad, no mienten. Francia disparó 21 veces, ocho de ellas entre los tres palos. Marruecos, apenas cinco remates, y solo uno a portería. El gol esperado (xG) de los galos alcanzó los 3.10, mientras el de Marruecos se quedó en un testimonial 0.13. Para que el lector comprenda la magnitud de la diferencia: en todo el encuentro, los Leones del Atlas tocaron el balón solo tres veces dentro del área francesa; Francia, por el contrario, irrumpió 26 veces en el área marroquí.

El seleccionador nacional, Mohamed Ouahbi, había advertido antes del partido: «No vamos a escuchar a quienes nos dicen: ‘Lo que han hecho hasta ahora es fantástico’. Francia es favorita, pero vamos a hacer todo lo posible para ganar» .

Y en ese empeño, los Leones salieron a morder. Pero el mordisco fue tibio. La posesión, ese espejismo que a veces confunde al aficionado, fue casi equilibrada (50,8% para Marruecos, 49,2% para Francia). Sin embargo, fue una posesión estéril, un dominio sin profundidad, un tocar y tocar lejos de la jaula defendida por Maignan. 378 pases completados por Francia, 372 por Marruecos. Cifras calcadas. Pero los franceses acumularon 175 pases en el último tercio del campo; los marroquíes, solo 109 . Ahí reside la diferencia entre el dominio y la amenaza.

La primera parte, eso sí, dejó un destello de esperanza que el cronómetro convirtió en agonía. Yassine Bounou, el arquero que se ha ganado el cariño de toda una nación, detuvo un penalti a Kylian Mbappé en el minuto 28. Con esa parada, el guardameta de 35 años igualó el récord de penaltis detenidos en una misma Copa del Mundo desde 1966. Ocho intervenciones totales del meta marroquí retrasaron lo inevitable.

- Anuncio -

Pero en el segundo acto, el muro cayó. Primero, Mbappé al 60′; después, Dembélé al 66′. Dos golpes en seis minutos que desnudaron las carencias de una defensa que hasta entonces había sido un bastión. Achraf Hakimi, el talentoso lateral del PSG, estuvo por debajo de su nivel, perdiendo balones en zonas comprometidas y siendo el responsable directo de la acción que derivó en el penalti. El joven Ayyoub Bouaddi, con apenas 18 años, sintió el peso de la eliminatoria.

Lo más doloroso para el aficionado marroquí no fue la derrota. Fue la sensación de que los Leones no fueron ellos mismos. Desapareció la valentía ofensiva que había caracterizado al equipo en el debut ante Brasil, donde Ismaël Saibari adelantó a Marruecos y el conjunto generó una presión constante sobre la defensa carioca. Ante Francia, en cambio, Brahim Díaz, Hakimi, Bilal El Khannouss y Azzedine Ounahi no tuvieron la influencia habitual. El equipo que había corrido más a alta velocidad de todo el torneo, según los datos de Opta, se movió sin la chispa que lo había distinguido.

El superordenador de Opta, que antes del partido otorgaba a Francia un 62,2% de probabilidades de ganar en tiempo reglamentario frente al 15,7% de Marruecos, acertó de pleno. Pero las estadísticas no cuentan toda la historia. Cuentan que Marruecos ha ganado cuatro partidos de eliminatoria mundialista en sus dos últimas participaciones, tantos como el resto de selecciones africanas juntas en toda la historia. Cuentan que este equipo ha devuelto la dignidad al fútbol africano.

«El único premio verdadero es ganar el Mundial» , había dicho Ouahbi en la previa. Y aunque el premio mayor se escapó, los Leones del Atlas han tejido un legado que trasciende el marcador. 34 partidos invicto no es una anécdota; es la prueba de que Marruecos se ha instalado en la élite del fútbol mundial. La eliminación en cuartos de final, ante una Francia que probablemente dispute la final, no borra el camino recorrido.

El fútbol, como la vida, es cíclico. Esta generación ha demostrado que el sueño no era un espejismo. Y en el próximo ciclo, cuando los Leones vuelvan a rugir, lo harán con la certeza de que en Boston, pese a la derrota, no perdieron su grandeza. Solo la aplazaron.

Mira nuestro otro contenido

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Anuncio

VIDEOS

Entradas populares

CONTINÚA LEYENDO