Rue20 Español/Rabat
El calor aplastante de Texas no fue rival para la sangre fría de los Leones del Atlas. Mientras el NRG Stadium vibraba con más de 68.000 almas —muchas de ellas vestidas de verde y rojo—, Marruecos escribió este sábado una página dorada en su historia futbolística.
La victoria por 3-0 sobre Canadá, coanfitrión del certamen, no solo significó el boleto a cuartos de final del Mundial 2026; fue también una demostración de madurez, de jerarquía continental y de que la semifinal de Qatar 2022 no fue un destello aislado, sino el inicio de una era.
El encuentro arrancó con tensión. Los canadienses, comandados por el estratega estadounidense Jesse Marsch, salieron con la presión de quienes nunca antes habían pisado una instancia de eliminación directa en un Mundial.
Marsch había advertido días atrás que preparar el duelo ante los marroquíes era «como una pesadilla». La advertencia se hizo realidad en el césped. A los 10 minutos, el portero Yassine Bounou —nacido, curiosamente, en Montreal— ya había salvado a los suyos con una estirada providencial ante Tani Oluwaseyi.
La primera mitad dejó más forcejeo que fútbol. El árbitro inglés Michael Oliver repartió tarjetas amarillas como quien intenta apagar un incendio: cinco en total antes del descanso, incluidas las de Achraf Hakimi y Richie Laryea tras un altercado que encendió los ánimos. Pero el verdadero golpe para el banquillo marroquí llegó a los 21 minutos, cuando Ismael Saibari —flamante fichaje del Bayern Múnich y artillero con tres tantos en el torneo— tuvo que abandonar el campo por lesión. Su reemplazante, Soufiane Rahimi, no sabía aún que sería protagonista de la noche.
La segunda parte fue un recital de precisión. A los 50 minutos, Azzedine Ounahi recibió un balón filtrado tras una jugada colectiva y, con la calma de quien controla el tiempo, perforó la red para el 1-0.
El mediocampista del Girona no se conformó: a los 82′, en una contra letal, selló su doblete con un remate imparable que sentenció la suerte canadiense.
Cuando el árbitro añadió ocho minutos de tiempo extra, muchos pensaron que el asunto estaba zanjado; sin embargo, en el minuto 98, Brahim Díaz asistió a Rahimi para que el revulsivo anotara el 3-0 definitivo y cerrara una faena perfecta.
Más allá del resultado, la noche dejó una constelación de cifras que ilustran el dominio marroquí. Los Leones del Atlas se convirtieron en la primera selección africana en marcar tres goles en un partido de eliminación directa en la historia de los Mundiales. Con cuatro triunfos en octavos de final, Marruecos iguala ya el total acumulado por el resto del continente en esa misma ronda: Camerún, Senegal, Ghana y Egipto suman uno cada uno. Además, la Confederación Africana superó en esta edición la barrera de los 50 tantos, alcanzando 51 goles, lo que la convierte en la segunda confederación —tras la UEFA— en lograr esa cifra en una misma cita planetaria.
La puntería de los hombres de Mohamed Ouahbi fue quirúrgica: convirtieron el 60 % de sus disparos al arco (tres goles en cinco remates), el mejor porcentaje de efectividad para una selección en fase de eliminación directa desde 1966.
Los registros individuales también brillaron. Achraf Hakimi, el capitán y alma de esta generación, sumó su decimocuarto partido mundialista y sigue ampliando su récord como el futbolista africano con más presencias en la historia del torneo.
A su lado, Azzedine Ounahi alcanzó las 12 apariciones, mientras que Brahim Díaz se consolidó como el máximo asistente africano en la historia de los Mundiales con cuatro pases de gol.
En defensa, Noussair Mazraoui completó una actuación monumental: ganó 11 duelos y realizó 10 despejes, convirtiéndose en el segundo marroquí —después de Noureddine Naybet en 1998— en alcanzar esas cifras en un mismo partido de Copa del Mundo. Y Soufiane Rahimi, siempre desde el banquillo, ya suma tres participaciones de gol en cinco encuentros (dos tantos y una asistencia), una cifra sin precedentes para un futbolista africano que nunca ha sido titular en la competición.
La fiesta en las gradas no tuvo fin. Los aficionados marroquíes, que llenaron sectores enteros del estadio, corearon hasta el cierre con la certeza de que su equipo ya no es una revelación, sino una potencia. El próximo jueves 9 de julio, en el Gillette Stadium de Boston, los Leones del Atlas buscarán una nueva proeza ante el ganador del duelo entre Francia y Paraguay.
Entre el humo de los fuegos artificiales del 4 de julio estadounidense y el rugido de los Leones, Houston se convirtió este sábado en la capital provisional del fútbol marroquí. Y si las estadísticas no mienten, el cuento de hadas apenas comienza.
