Marruecos conserva una marca inédita en el fútbol árabe mundialista

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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La gesta de 1986 y 2022 sigue en solitario para los Leones del Atlas, pese al histórico pase de Egipto a dieciseisavos.

La estadística, fría e implacable como el marcador de un partido, sigue sonriendo a Marruecos. Este viernes, la selección de Egipto empató 1-1 ante Irán en el Grupo G del Mundial 2026, sellando su pase a los dieciseisavos de final como segunda de grupo. Pero el techo al que aspiraron los faraones —el liderato de su grupo— se quedó a medio camino, como un penalti fallado. Bélgica goleó 5-1 a Nueva Zelanda y se llevó la primera plaza.

Así, sin aspavientos, los Leones del Atlas conservan un privilegio que ningún otro combinado árabe ha podido arrebatarles: ser el único equipo de la región que ha terminado como líder de su grupo en una Copa del Mundo. No una, sino dos veces: en México 1986 y en Qatar 2022.

Lo curioso del asunto es que Marruecos, en esta edición de 2026, ni siquiera necesitó ser primero para seguir siendo el único. El equipo dirigido por Mohamed Ouahbi cerró la fase de grupos como segundo del Grupo C, por detrás de Brasil. Empate ante la pentacampeona (1-1), victoria ante Escocia (1-0) y triunfo ante Haití (4-2). Siete puntos, misma cosecha que los brasileños, pero peor diferencia de goles. Suficiente, eso sí, para estar entre los 32 mejores del mundo.

Mientras, Egipto llegó a la última jornada con opciones de asaltar el liderato del Grupo G. Un gol tempranero de Mahmoud Saber encendió la ilusión, pero Irán empató antes del cuarto de hora. Los faraones acumularon cinco puntos, los mismos que Bélgica, pero los Diablos Rojos se impusieron por la diferencia de goles.

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No es un título oficial, no otorga trofeos ni medallas. Pero en el imaginario del fútbol árabe, ser el primero y el único tiene un peso que trasciende las estadísticas. Argelia, Túnez, Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait… Ninguno ha logrado lo que Marruecos hizo en 1986 y repitió en 2022: terminar la primera fase en lo más alto de su grupo.

Egipto, el gigante africano que suma tres Copas África y ha disputado cuatro mundiales (contando este), rozó el hito pero se quedó en la orilla. Su empate ante Irán y la goleada belga a Nueva Zelanda dejaron a los faraones con la miel en los labios. Ahora se medirán a Australia en dieciseisavos, una eliminatoria de alto voltaje.

Marruecos, por su parte, espera rival en Monterrey. Llega como segundo, sí, pero con la tranquilidad de quien sabe que, en este Mundial, ya ha escrito una página que nadie más puede firmar. Por ahora, el club de los líderes árabes sigue teniendo un único socio: él mismo.

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