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El Abbas Tahri Joutey Hassani
La piedra también guarda memoria. En la inmensidad del Sáhara marroquí, la provincia de Es-Semara se ha consolidado como uno de los grandes santuarios arqueológicos del Reino, un inmenso museo al aire libre donde grabados y pinturas rupestres narran una historia que comenzó hace miles de años y que todavía sigue revelando sus secretos.
La región, situada en el corazón del Sáhara, conserva un patrimonio excepcional formado por grabados rupestres, pinturas murales, herramientas prehistóricas y monumentos funerarios que testimonian la presencia humana desde tiempos remotos.
Los especialistas consideran a Es-Semara uno de los principales focos de arte rupestre de Marruecos y una referencia indispensable para comprender la evolución de las antiguas civilizaciones del norte de África.
La cuenca de Saguia El Hamra concentra una extraordinaria riqueza arqueológica con yacimientos que abarcan desde el Paleolítico inferior hasta el Neolítico. Estos vestigios permiten reconstruir la transformación de las sociedades prehistóricas, sus modos de vida, sus creencias y la relación que mantenían con un entorno que, a lo largo de milenios, fue cambiando junto a ellas.
Algunas de las representaciones conservadas fueron realizadas entre ocho mil y cuatro mil años antes de nuestra era. Escenas de caza, actividades pastorales, figuras geométricas y símbolos asociados a antiguas creencias conforman un valioso legado que constituye una de las primeras formas de expresión artística y de transmisión de la memoria colectiva.
La provincia alberga más de 175 yacimientos de grabados rupestres y otros 25 con pinturas, un patrimonio que refleja la transición de las comunidades cazadoras hacia sociedades nómadas y ganaderas. Para los expertos, estas obras representan auténticos archivos históricos capaces de aportar información sobre la organización social, las técnicas empleadas y las características antropológicas de las poblaciones que habitaron la región.
Consciente del valor de este legado, las autoridades han puesto en marcha programas de conservación y protección. Veintidós yacimientos con grabados y pinturas, junto al monumento histórico Dar Haouza, figuran ya en la lista del patrimonio nacional. Además, se han elaborado expedientes para incorporar nuevos emplazamientos y se han creado cuatro conservaciones arqueológicas destinadas a garantizar la preservación de estos testimonios del pasado.
El propio monumento de Dar Haouza ha sido objeto de trabajos de restauración y rehabilitación, dentro de una estrategia más amplia que busca salvaguardar una riqueza patrimonial que, según los investigadores, apenas ha comenzado a ser explorada. Amplias zonas de Es-Semara permanecen todavía pendientes de estudios más profundos, lo que alimenta las expectativas de futuros descubrimientos.
Más allá de su valor científico, este patrimonio constituye un elemento esencial de la identidad cultural del Sáhara marroquí y un factor de dinamización turística y cultural para toda la región de Laâyoune-Sakia El Hamra. Cada roca grabada, cada pintura y cada vestigio prehistórico actúan como un puente entre pasado y presente, reivindicando el papel histórico desempeñado por el Sáhara en el desarrollo de las civilizaciones norteafricanas.
En Es-Semara, la historia no descansa en vitrinas. Permanece grabada sobre la piedra, expuesta bajo el cielo abierto del desierto, como un relato milenario que continúa esperando ser descifrado.
