Rue20 Español/Rabat
La ausencia del Polisario en la reunión ministerial entre Corea del Sur y los países africanos celebrada en Seúl ha vuelto a poner de manifiesto la evolución que experimenta el tratamiento internacional de la cuestión del Sáhara marroquí, en un contexto marcado por la creciente prioridad otorgada a la cooperación económica, el desarrollo sostenible y la estabilidad regional.
El encuentro, organizado bajo el lema “Asociación para respuestas conjuntas a los desafíos globales”, reunió a representantes de 50 países africanos de los 54 invitados, además de varias instituciones continentales de referencia, entre ellas la Unión Africana, el Banco Africano de Desarrollo, la Zona de Libre Comercio Continental Africana y los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Las autoridades surcoreanas enmarcaron la reunión en sus esfuerzos por fortalecer la cooperación política y económica con África en un escenario internacional cada vez más condicionado por los desafíos relacionados con las cadenas de suministro, la transición energética, la seguridad alimentaria y el crecimiento sostenible.
En este contexto, la no participación del Polisario fue interpretada como una muestra de la tendencia creciente de numerosos socios internacionales a limitar la representación en los foros multilaterales a los Estados soberanos reconocidos por las Naciones Unidas, una orientación que coincide con el marco impulsado por la ONU para abordar el diferendo regional sobre el Sáhara.
La decisión se produce en un momento en que diversos países africanos y actores internacionales muestran una inclinación cada vez mayor hacia enfoques centrados en soluciones políticas realistas y aplicables; priorizando la estabilidad, la integración económica y la cooperación regional frente a planteamientos marcados por consideraciones ideológicas heredadas de etapas anteriores.
La evolución de estas dinámicas refleja también la transformación de las prioridades internacionales en relación con África. Los grandes desafíos vinculados a la digitalización, las infraestructuras, la transición energética y la seguridad alimentaria han impulsado la búsqueda de asociaciones basadas en resultados concretos, capacidad de ejecución y garantías de estabilidad política y jurídica.
En este nuevo escenario, los proyectos de desarrollo y conectividad adquieren un peso creciente en la definición de las relaciones internacionales, mientras que las entidades sin reconocimiento soberano encuentran mayores dificultades para integrarse en plataformas concebidas para promover la cooperación económica y la coordinación entre Estados.
La configuración del foro de Seúl ilustra igualmente una tendencia cada vez más visible en varios espacios multilaterales: la voluntad de reducir la politización de los encuentros internacionales para concentrar los esfuerzos en objetivos vinculados al crecimiento económico, la inversión y el desarrollo sostenible.
Paralelamente, Marruecos ha reforzado su posicionamiento como un actor clave en la articulación de iniciativas destinadas a conectar África con los mercados internacionales, apoyándose en proyectos estratégicos de infraestructura y cooperación regional que buscan consolidar nuevos corredores económicos y logísticos en el continente.
La exclusión del Polisario del foro surcoreano-africano se suma así a una serie de señales que apuntan hacia una creciente consolidación de enfoques fundamentados en el respeto a los marcos de las Naciones Unidas, el realismo político y la promoción de soluciones consideradas viables para favorecer la estabilidad y el desarrollo en la región.
