Rue20 Español/Rabat
Marruecos ha consolidado en los últimos años un ambicioso programa de fortalecimiento militar que lo posiciona como el segundo mayor importador de armas en África, con el doble objetivo de proteger su aspiración como centro logístico clave entre África y Europa y reforzar la defensa de su territorio en un entorno geopolítico complejo.
Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), el gasto militar marroquí alcanzó los 6.300 millones de dólares en 2025, un 6,6% más que el año anterior y equivalente al 3,5% de su PIB. Este incremento refleja una estrategia sostenida de adquisición de sistemas avanzados, especialmente en defensa aérea y capacidades de precisión.
Este equipo forma parte de una arquitectura de defensa aérea multicapa que incluye los sistemas chinos FD-2000B y Sky Dragon 50. A ello se suman misiles Harpoon Block II franceses y material estadounidense como cazas F-16, helicópteros de ataque AH-64 Apache y lanzadores HIMARS.
En una carta dirigida este mes a las Fuerzas Armadas Reales (FAR) con motivo de su 70 aniversario, el Rey Mohamed VI calificó el desarrollo de las capacidades defensivas como “una gran prioridad” y uno de los pilares de la modernización del país.
El analista Rachid El Houdaigui, del Policy Center for the New South, explica que este programa responde a una “adaptación progresiva” a las nuevas realidades geoeconómicas y geopolíticas de Marruecos.
“La ambición de convertirse en un hub estratégico que conecta África, Europa y el resto del mundo exige mayores medidas de seguridad para proteger las infraestructuras de conectividad logística, energética y digital”, señala el experto.
En el ámbito geopolítico, la estrategia combina dos dimensiones: la defensa tradicional del territorio mediante disuasión y la contención de amenazas asimétricas, como el terrorismo. El objetivo no es aumentar el tamaño de las fuerzas armadas, sino mejorar su eficacia operativa, capacidad de reacción y credibilidad estratégica.
Respecto al Sáhara marroquí y las tensiones con Argelia, El Houdaigui destaca que las adquisiciones responden a una lógica gradual. Algunos sistemas permiten vigilar la zona colchón que representa alrededor del 20% del Sáhara en la frontera con Argelia y Mauritania, facilitando operaciones de disuasión sin presencia terrestre permanente y sin violar el alto el fuego. Otros componentes estarían orientados a un eventual escenario de alta intensidad, permitiendo tácticas de saturación y neutralización de sistemas antiaéreos rusos como los S-400 y S-300 para garantizar superioridad aérea.
Marruecos prioriza una “defensa del territorio” basada en sistemas defensivos que protejan el espacio aéreo, las fuerzas armadas y las infraestructuras estratégicas, elevando considerablemente el costo de cualquier acción hostil. Se trata, según el analista, de una “disuasión defensiva” que busca mantener la estabilidad regional sin proyectar poder más allá de sus fronteras.
Esta modernización se orienta hacia una lógica de “denegación de acceso”, apoyada en defensa aérea multicapa, fuego de precisión a distancia y mayor dominación de la inteligencia.
El experto descarta que Rabat busque una carrera armamentista o rivalizar con países de la OTAN. Al contrario, subraya los vínculos históricos de Marruecos con la Alianza Atlántica a través de los mecanismos OTAN+1 y OTAN+7. Una mayor estabilidad regional, añade, beneficiaría especialmente la integración económica entre Marruecos y España, y más ampliamente con Europa.
