Rue20 Español/Madrid
Abdelhamid Beyuki*
Las elecciones andaluzas del próximo día 17 de mayo tienen una importancia mucho mayor de lo que aparentan, porque no solo deciden quién gobernará Andalucía, sino que también funcionan como una especie de termómetro político para toda España.
Andalucía es la comunidad autónoma más poblada del España, y durante décadas fue el gran bastión histórico del PSOE, por lo que cada cambio político esta comunidad tiene un enorme impacto simbólico y estratégico. Desde 2018, con la llegada del PP al gobierno andaluz, se produjo un cambio de ciclo que muchos interpretaron como el inicio de una nueva etapa política en España. Por eso, estas elecciones vuelven a mirarse desde Madrid, desde los mercados, desde los medios y también desde Europa, porque el resultado puede consolidar dos modelos muy distintos de derecha, una derecha moderada, institucional y centrada representada por Juanma Moreno del PP, o una derecha más condicionada por el discurso identitario y duro de Vox.
En este contexto, la cuestión de la inmigración se ha convertido en uno de los temas más sensibles, especialmente para quienes viven en Andalucía siendo inmigrantes o hijos de inmigrantes. Sin embargo, conviene analizar el asunto con serenidad, sin alarmismos y también sin ingenuidad. Andalucía no es una comunidad cualquiera en materia migratoria, gran parte de su economía depende directamente de la mano de obra extranjera. Sectores esenciales como la agricultura, la hostelería, la construcción o los cuidados no podrían sostenerse igual sin miles de trabajadores inmigrantes. Esto hace que, más allá del discurso político, exista una realidad económica muy difícil de ignorar incluso para los partidos más conservadores. El propio presidente de la comunidad Andaluza Juanma Moreno ha defendido públicamente en varias ocasiones la importancia de la inmigración regular para el campo andaluz y ha mantenido durante su gobierno un perfil mucho más pragmático y moderado que otros dirigentes del PP en España.
Precisamente ahí está una de las claves más importantes de estas elecciones. Si el PP consigue mayoría absoluta, el mensaje político que saldría de Andalucía sería muy claro, se puede gobernar desde el centro-derecha sin depender de Vox, y sin radicalizar el discurso. Sería una victoria no solo electoral, sino también ideológica para el modelo moderado que representa Moreno. En cambio, si el PP necesitara el apoyo de Vox para gobernar, aunque fuera solo mediante acuerdos parlamentarios, el escenario cambiaría porque Vox intentaría influir en las prioridades políticas y especialmente en el debate sobre inmigración, identidad nacional y ayudas sociales.
Vox lleva tiempo defendiendo propuestas como la “prioridad nacional” en el acceso a determinadas ayudas y servicios públicos, además de medidas muy duras contra la inmigración irregular. Su discurso conecta con sectores sociales preocupados por la inseguridad, la precariedad económica o el deterioro de algunos servicios públicos, pero muchas de las medidas que plantea tienen enormes problemas legales y constitucionales. Aquí es importante distinguir entre el impacto político del discurso y la capacidad real de aplicar determinadas políticas.
Las comunidades autónomas no tienen competencias sobre fronteras, permisos de residencia, expulsiones o política migratoria general. Todo eso depende del Estado y además está condicionado por la legislación europea y por tratados internacionales. Andalucía no puede decidir quién entra o sale de España ni puede modificar unilateralmente derechos básicos reconocidos constitucionalmente.
Por eso, muchas propuestas de Vox relacionadas con expulsiones masivas o exclusiones generales de ayudas sociales difícilmente podrían aplicarse tal y como aparecen en sus discursos políticos. Cualquier intento de discriminar de manera sistemática a personas extranjeras en servicios esenciales chocaría con principios constitucionales de igualdad y acabaría probablemente recurrido ante los tribunales. Incluso aunque Vox tuviera influencia parlamentaria, su margen real sería mucho más limitado de lo que a veces transmite el debate político o mediático.
Eso no significa que su influencia fuera irrelevante. Aunque no pudiera transformar legalmente el sistema migratorio, sí podría influir en el tono político, en la agenda pública y en determinadas decisiones simbólicas o administrativas. Podría presionar para endurecer ciertos controles, reducir subvenciones a asociaciones de integración de inmigrantes, aumentar el énfasis en seguridad o introducir un discurso más duro sobre identidad nacional. Es decir, la influencia de Vox sería probablemente más cultural y política que jurídica. Y precisamente por eso estas elecciones generan tanto interés, porque lo que está en juego no es solo un gobierno autonómico, sino el modelo de convivencia y el tono político que puede extenderse al resto del país.
Aun así, hay motivos para pensar que Andalucía seguirá siendo relativamente moderada. La sociedad andaluza históricamente ha sido más pragmática y menos dada a la confrontación ideológica extrema que otros territorios. Juanma Moreno ha construido toda su imagen política precisamente sobre esa idea de estabilidad, gestión tranquila y distancia respecto a los discursos más agresivos. Parte de su éxito ha consistido en atraer votantes de centro e incluso antiguos votantes socialistas cansados de la polarización. Por eso una mayoría absoluta del PP sería interpretada por muchos analistas como un freno indirecto a la expansión de Vox, porque permitiría al PP gobernar sin asumir grandes cesiones ideológicas y reforzaría una línea liberal-conservadora mucho más moderada.
Para los inmigrantes asentados en Andalucía, especialmente quienes trabajan, pagan impuestos y forman parte normal de la vida económica y social andaluza, ese escenario probablemente significaría continuidad y estabilidad más que ruptura. El debate político sobre inmigración seguirá existiendo porque es un tema presente en toda Europa, pero la realidad económica, constitucional y social española pone límites muy claros a cualquier intento de aplicar políticas extremas desde una comunidad autónoma.
En el definitiva, lo que se decide en Andalucía no es solo quién gobierna, sino qué tipo de derecha tendrá más fuerza en España en los próximos años, una derecha centrada y pragmática o una derecha más condicionada por el discurso identitario y la presión de Vox.

*Experto en las relaciones hispano-marroquíes
