Rue20 Español/San Salvador
Sara Kassir*
Entre América Central y Marruecos existe una historia que no data de ayer, una historia con perspectivas de evolución bien promisorias que, hace decadas atras, no mostraban un futuro tan prometedor como el que la diplomacia marroquí fue construyendo con sabiduría y mucha perspicacia, en base a una visión estratégica enfocada en la diversificación de los aliados tanto económicos como políticos del Reino de Marruecos. Ahondemos en ciertos detalles históricos útiles para entender la situación presente de las relaciones bilaterales con América Central, además del futuro de una alianza estratégicamente prometedora para ambas partes.
Los apuntes históricos revelan que las relaciones entre Marruecos y América Central surgieron a mediados del siglo XX (mientras que las relaciones de Marruecos con América latina y el Caribe se remontan al siglo XIX), época en la cual el Reino Jerifiano se estaba alistando para despojarse de los restos del protectorado, brillando con la victoriosa y gloriosa independencia, hazaña que pudo lograr con sobrado mérito.
Es justo la brillante independencia del Reino de Marruecos en 1956 que allanó el camino, marcando una encrucijada diplomática decisiva, basada en la apertura del Reino hacia nuevos Estados y países remotos, optando por una clara redefinición de alianzas y ampliación de socios a nivel del sistema diplomático global.
Ahora bien, la ampliación de las alianzas del Reino a nivel internacional no era algo arbitrario, el objetivo principal de Rabat era consolidar su soberanía y establecer relaciones con el mayor número posible de Estados, tanto en el mundo árabe como en África, Europa y América Latina.
En este contexto, América Central no constituía realmente una prioridad inmediata, formaba, más bien, parte de este esfuerzo más amplio de inserción internacional.
En contraparte, la mayoría de los países centroamericanos ya habían elegido entablar una política exterior basada en el acercamiento con América del Norte (Estado Unidos sobre todo) y ciertos países europeos, dejándose influenciar por los aspectos relativos a la cercanía geográfica y lingüística-cultural. Lo cual demuestra que el abrirse al mundo árabe y a la parte norteafricana no era en aquel entonces una prioridad ni una necesidad estratégica para Centroamérica.
No obstante, ambas partes del mundo (Marruecos en África del Norte y la región centroamericana) decidieron acercarse gradualmente, abriendo, cada una de su parte, sus canales de comunicación y recurriendo al reconocimiento diplomático.
En el inicio, el papel de las representaciones diplomáticas no concurrentes (no residentes ante un país acreditado X) era crucial en el fomento de esta aproximación diplomática, dado que a través de las citadas embajadas se pudo concretar un abanico de iniciativas diplomáticas, asimismo se lograron formalizar varias visitas bilaterales, cuyo fin era promover las relaciones entre el Reino de Marruecos y los países centroamericanos.
Estas relaciones bilaterales emergentes, por así decirlo, no se desarrollaron de forma intensa, sobre todo en pleno contexto de Guerra Fría (las décadas 1960 y 1970), pero tampoco se interrumpieron. Con otras palabras, Marruecos buscaba posicionarse como un actor estratégico y estable a nivel mundial, mientras que los países centroamericanos atravesaban dinámicas políticas internas complejas, lo que dejaba poco margen para una proyección exterior basada en la diversificación.
Durante las décadas de 1980 y 1990, algunos países de América Central, en el contexto de la Guerra Fría y de afinidades con movimientos de liberación, reconocieron oficialmente a la RASD (como fue el caso de El Salvador en 1989, en plena guerra civil; Guatemala en 1980; Nicaragua en 1980, bajo el mando del gobierno sandinista; Costa Rica en 1980; Honduras en 1989 y Panamá en 1978).
Vale la pena destacar a ese respecto que varios países de la región como El Salvador, Panamá, Costa Rica, Guatemala y Honduras retiraron posteriormente su reconocimiento a la autodenominada “rasd”, manifestando claramente su apoyo a la integridad territorial del Reino de Marruecos y a su causa justa.
A raíz de todo lo citado y a inicios del siglo XXI, los vínculos uniendo entre Marruecos y América Central comenzaron a tener un carácter más estable y estructurado.
En este sentido cabe indicar, como botón de muestra, que las dos regiones optaron por unas políticas exteriores abiertas, enfocadas en el impulso de la cooperación (Cooperación Sur-Sur) y el interés mutuo de emprender nuevas alianzas con el fin de reavivar las relaciones diplomáticas bilaterales y fortalecer sus vínculos.
*Analista de Medios y Traductora marroquí residente en El Salvador.
