Rue20 Español/Rabat
Con motivo del Día Meteorológico Mundial, celebrado el 23 de marzo, Marruecos ha reforzado significativamente su dispositivo nacional de observación atmosférica, en un contexto marcado por la creciente frecuencia de episodios climáticos extremos y la necesidad de mejorar la anticipación y gestión de riesgos.
La Dirección General de Meteorología ha destacado la expansión y modernización de su infraestructura técnica, basada en una red cada vez más densa de estaciones automáticas, radares, sistemas de detección y herramientas satelitales que cubren la totalidad del territorio nacional. Este dispositivo permite optimizar la vigilancia en tiempo real, así como el análisis y la explotación de datos meteorológicos.
Actualmente, la red nacional se apoya en 433 estaciones automáticas de observación de superficie, distribuidas en 44 centros regionales. A ello se suman ocho radares meteorológicos, cinco estaciones de radiosondeo, ocho sistemas de detección de rayos y seis radares de vigilancia marítima, diseñados para mejorar la precisión de las previsiones y fortalecer la capacidad de emisión de alertas tempranas.
Este fortalecimiento responde a un contexto climático caracterizado por la multiplicación de fenómenos extremos, como lluvias intensas, vientos fuertes, olas de calor y una mayor irregularidad en las precipitaciones. En este sentido, el objetivo principal es anticipar con mayor eficacia los eventos susceptibles de impactar a la población, las infraestructuras y las actividades económicas.
El sistema meteorológico marroquí se apoya igualmente en satélites meteorológicos de tercera generación, que permiten una observación casi continua de la atmósfera sobre África y Europa.
Estas tecnologías contribuyen a una detección más temprana de fenómenos peligrosos y refuerzan, en particular, los servicios de navegación aérea, gracias a la modernización progresiva de los sistemas de observación en los aeropuertos del país.
En paralelo, el dispositivo se sustenta en una infraestructura digital modernizada, organizada en torno a un centro de datos que cumple con estándares internacionales de seguridad, disponibilidad y fiabilidad.
El procesamiento de la información se apoya en capacidades de cálculo avanzadas, destinadas a acelerar el tratamiento de las observaciones y a mejorar la precisión de los modelos de previsión.
Además, las autoridades trabajan en la estructuración de una red climatológica nacional que integre tanto a instituciones públicas como a actores privados, con el objetivo de generar datos continuos y útiles para sectores clave como la gestión del agua, la agricultura, el transporte, la protección civil y la planificación territorial.
Más allá de la dimensión técnica, esta evolución refleja una orientación estratégica orientada a adaptar las políticas públicas a los efectos del cambio climático, reforzando al mismo tiempo la toma de decisiones en ámbitos considerados prioritarios para el desarrollo y la resiliencia del país.
